Embajadas

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Felices fiestas



Que todos tengáis unas Navidades de ensueño, que se cumplan vuestros deseos y llevéis a buen término vuestros propósitos para el nuevo año que, en breve, va a comenzar.

FELICES FIESTAS.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Sentidos

Inauguro con este post la etiqueta de “prácticas” y quiero hacerlo con una que, para mí, ejemplifica como pocas la verdadera esencia tanto de la dominación, en sí, como del sometimiento. Se trata, ni más ni menos, que de la privación sensorial.

Por supuesto, cada cual tiene su propia filosofía sobre el bdsm y, desde luego, no deja de haber quien prefiere centrar toda su atención en aquellos estímulos, podríamos decir, más directos y sentir en sus propias carnes, o hacer sentir a otros, un efecto más notable e inmediato escogido de entre una gran variedad de opciones.

Como en todo, el hecho de inclinar la balanza de las preferencias hacia un lado u otro, vendrá determinado por la personalidad y las inquietudes de cada individuo en particular y no es esa la cuestión que pretendo abordar aquí. Lo que quiero explicar es… ¿por qué me atrae tanto experimentar con la anulación de los sentidos?

Casi todos hemos oído alguna vez aquello de que cuando nos vemos privados de cualquiera de las herramientas de que disponemos para percibir y calibrar nuestro entorno, las demás se agudizan y potencian en un intento de compensar el desequilibrio que se genera. Teniendo esto en cuenta, resulta más que evidente todo el partido que se puede sacar de esta circunstancia en relación a los fines de los que aquí se trata.


El simple hecho de inmovilizar a una persona; si bien no supone la anulación de ningún sentido; ya conlleva una cierta limitación a nivel sensorial ya que nuestra capacidad táctil se concentra de forma bastante acusada en el rostro, las manos y los pies. Cuando restringimos el uso de las extremidades, lo que estamos haciendo (además de impedir el movimiento) es delimitar la información a la que, a través del tacto, es posible acceder. El simple roce de una tela que se deslice; por poner un ejemplo; sobre la zona abdominal ya se vería notablemente amplificado en esas circunstancias. A esto habría que añadir la sensación de impotencia que induce la ausencia de control sobre la actividad que se desarrolla o, lo que es lo mismo, el abandono al que se somete la/el sumisa/o para con su dueño/a.


Pero sigamos. Más de un 90% de la información que recibe a nuestro cerebro nos llega a través de la vista. Cuando esta queda temporalmente anulada; sobre todo si se produce en un lugar que no nos es familiar; nuestra indefensión puede llegar a alcanzar tintes casi dramáticos. Por lo tanto, durante una sesión, la desconexión visual de la parte sumisa ofrece un juego increíble. Tal vez ese sea el motivo de que, esta práctica en particular, esté tan extendida y se suela recurrir a ella con frecuencia en las relaciones de pareja de tono más convencional.

Después estaría la privación auditiva que es posible obtener de formas muy variadas. Todos hemos experimentado hasta que punto resulta sencillo aislarse de los sonidos externos cuando escuchamos música o un programa de radio a través de unos auriculares. Solo hay que aplicar el mismo principio al ámbito bdsm y; mediante, por ejemplo, un pequeño reproductor MP3; someter a nuestra/o sumisa/o a una nuevo estado de desorientación e incertidumbre.


Otra de las formas de limitación física (a la que, reconozco; me gusta recurrir con frecuencia) es el empleo de mordazas y bocados que imposibiliten la capacidad de hablar.  Sobre estos artículos en particular espero poder extenderme más en mi próximo post, pero, por ahora, diré que constituyen unas herramientas muy útiles aunque, mediante ellas, no se consiga generar ninguna privación sensorial en el sentido estricto de la frase. Alguien, en algún momento, definió al ser humano como un “animal social” y el uso de la palabra es, precisamente, uno de los rasgos más característicos de todos cuantos conforman nuestra sociedad. Al someter a un sujeto a cualquier tipo de incomunicación se desconecta esa capacidad social y, ese efecto de degradación, puede ser usado de muy diversas formas y con una asombrosa variedad de fines.  De cómo se puedan desarrollar estos dependerá de los gustos y ventajas que espere obtener cada cual.

Ni que decir tiene que todas estas situaciones que os he estado describiendo; así como aquellas otras que puedan haberse quedado en el tintero; pueden combinarse entre sí del modo que resulte más interesante o conveniente en función del momento y la persona con la que se estén compartiendo. Además, no suponen ningún obstáculo para la aplicación de cualquier otro tipo de actividad D/s que quiera desarrollarse. Más bien al contrario, servirán a modo de amplificador de las mismas, un modo de redescubrirlas desde otra perspectiva y un elemento más en la sugestión de la/el sumisa/o muy a tener en cuenta. Solo pondría una excepción


Existe una forma más de privación, en este caso muy extrema, que yo reuyo y no recomiendo a nadie. Sé que cuenta con un importante número de adeptos,  pero eso no supone una excusa para obviar su, más que notable, peligrosidad. Me estoy refiriendo a los simulacros de asfixia. No me cabe la menor duda de que los amantes de este tipo de prácticas no buscas causar ningún daño a nadie ni acusárselo a sí mismos, aunque dudo que se pueda negar la relativa facilidad de que a cualquiera se le vaya la mano en este tipo de cuestiones (ahí han quedado los casos del talentoso vocalista de INXS Michael Hutchence o del veterano actor David Carradine) Para aquellos que, de todas formas,  tengan en mente probarlo algún día, no puedo evitar darles un consejo: “no apartar jamás la vista de los ojos de la persona a la que se le está impidiendo la respiración y acordar, de antemano, que un simple parpadeo ponga fin a la escena” (no olvidemos que, en esas circunstancias, sin aire, no es posible vocalizar).

Bueno. No quiero daros más la chapa. Ahora os toca a vosotr@s.

Un comentario. Porfi, porfi.

viernes, 10 de diciembre de 2010

savoir faire


Como ya he comentado en algún otro post, no es mi intención sentar ninguna doctrina ni alzarme sobre los demás como si fuera poseedor de una razón única y excluyente. Mi visión personal sobre la dominación será idéntica, en muchos aspectos, a la de todos vosotros, pero en otros, en cambio, será completamente diferente. Dicho esto, quisiera dejar constancia aquí de cual es mi forma de entender una parte concreta del amplio expectro de posibilidades que puede cubrir una relación D/s. Parto de la base de que mis gustos e inquietudes condicionan; como no podría ser de otro modo; mi forma de entender también todas las cuestiones enmarcadas dentro de un ámbito puramente bdsm y, siendo como soy un enamorado de la historia, verme influido por ciertos valores y comportamientos que, para nada, podrían calificarse de novedosos, no debe sorprender a nadie.

Entiendo que pueda haber muchas personas a las que, lo que os voy a decir, les parecerá un tanto “chorras” pero, ¿qué le voy a hacer? Soy así de “rarito”.

Siempre que me preguntan qué cualidades debe tener para mí una sumisa la primera virtud que enumero siempre es la sinceridad y la segunda la inteligencia. De aquello relacionado con el hecho de mostrarse honesto con los demás ya he hablado en otro sitio, pero, sobre el siguiente tema, todavía no me había pronunciado.

Quiero aclarar que, cuando me refiero a inteligencia, no estoy haciendo hincapié en una superlativa acumulación de conocimientos académicos si no, más bien, a esa cualidad del ser humano de conservar la curiosidad y el interés por ampliar los horizontes del conocimiento.

Siempre cabe la posibilidad de que surjan conflictos entre dos o más individuos pero, cuando las partes enfrentadas pueden presumir de contar con una mente abierta siempre se podrá llegar a un entendimiento. Cuando, en cambio, se da la circunstancia de toparse con alguien engreído y arrogante todo se tuerce, y es que no hay peor persona que un ignorante que se vanaglorie de serlo. Con gente así, es imposible llegar a acuerdos que vayan más allá de sus propios intereses puntuales ya que, constantemente abrigarán la sospecha de que se les está tratando de engañar o haciendo de menos y, su propia inseguridad, no hará otra cosa que incrementar su recelo.

¿Por qué digo esto y…, a qué ha venido mi anterior referencia a hechos de épocas pasadas? Sirvan dos ejemplos.


En la Francia de entre los siglos XV y XVIII se dio la circunstancia de que varias mujeres pasaron a la historia por sus estrechas y voluptuosas relaciones con algunos de los más destacados monarcas galos. Tales fueron los casos de Agnes Sorel con Carlos VII,  Louise de la Vallière con Luís XIV o Jeanne Antoinette Poisson, más conocida como la Marquesa de Pompadour (sobre estas líneas) con Luís XV. Todas ellas fueron las amantes de estos reyes pero, no hay que equivocarse, no se trataba de unas cortesanas al uso. Todas ellas  contaban con el estatus de amante titular (maîtresse en titre) y se trataba de un cargo oficial que incluía una importante renta y un papel muy destacado en la corte. Pero la belleza, siendo importante, no era el único requerimiento que se les hacía a estas damas. También se les exigía un cierto savoir faire. Casi todas fueron mujeres muy cultas, grandes mecenas de las artes y muy unidas a la élite intelectual de su tiempo. Madame du Barry, por solo citar a una de ellas, se carteaba frecuentemente con Voltaire. ¿Se trataba de unas jóvenes inmorales, ambiciosas, y sedientas de poder? o, en cambio ¿eran un producto de la época que, aprovechando su ascenso en el escalafón social (fortuito o no), lejos endiosarse, buscaron un modo de compartir con otros las ventajas que les otorgaba su providencial destino? Además. Entonces, como ahora, no escaseaban las muchachas con una cara bonita y un cuerpo apetecible. ¿Por qué se buscaban esas otras cualidades añadidas si tan solo se trataba de satisfacer el deseo carnal? ¿O es qué no se trataba solo de eso? Lo dejo ahí. Ahora quiero remontarme un poco más atrás en el tiempo.

A la Atenas democrática surgida tras las guerras médicas llegó, allá por el 450 a.C. procedente de Mileto, una muchacha llamada Aspasia. El destino que esperaba a la mayoría de las mujeres en la más poderosa polis del momento era el de casarse vivir y prácticamente recluidas en el gineceo de la casa de sus maridos. Aspasia no había elegido ese camino. Si su recuerdo ha llegado a nuestros días ha sido porque se convirtió en una hetaira (que podrían definirse como las precursoras de las cortesanas más modernas) y acabó unida al insigne Pericles. Pero no es este el hecho que quiero subrayar de su historia.  Las hetairas como ella, contaban con una libertad de acción y pensamiento que difícilmente se podrían imaginar el resto de las mujeres. Vivian en pie de igualdad con los hombres e, incluso, algunos de los más grandes pensadores de la era clásica buscaban su compañía, no ya por la belleza de sus cuerpos, si no por la brillantez de sus mentes. También fueron atacadas y menospreciadas por un buen numero de celosos adversarios que veían en ellas una amenaza y en eso, por desgracia, no parece que hayamos avanzado mucho. Pese todo, Aspasia llego a contar con un gran reconocimiento con respecto a sus cualidades como maestra retórica y autores como Platón, Plutarco o Cicerón ensalzaron su talento.


Bueno, y todo esto ¿a cuento de qué?, os preguntareis. Pues muy sencillo. Para mí, una sumisa ha de ser atenta, complaciente y servicial (hasta aquí todos de acuerdo), pero también necesito que despierte mi interés en un plano distinto al meramente sexual. No busco una hoja en blanco sobre la que pueda dejar, únicamente, la impronta de mis deseos si no que, además, busco conocer a fondo el criterio y los pensamientos de esa otra parte sin la que sería imposible establecer un vínculo.

Eso me lleva a plantear otra cuestión. Para consolidar el lazo que se establece entre Amo y sumisa (o entre Ama y sumiso, lo mismo da), se me antoja necesaria una evolución paralela de ambos donde el componente dominante se ha de esforzar, no solo en instruir y aportar nuevos conocimientos, si no, al mismo tiempo, descubrir y potenciar las capacidades sumisas del otro. Cuando esto sucede, ambos se enriquecen a la vez y la relación se vuelve más plena y profunda. De cómo se desarrolle todo esto dependerá de cada persona y, por ese motivo, no creo en fórmulas mágicas que se puedan aplicar alegremente a todo el mundo.

Seguro que todos aquellos que, en algún momento, hayan podido alcanzar ese grado de comunión al que me estoy refiriendo comprenderán perfectamente a lo que estoy tratando de aludir con lo de “savoir faire”.

Un saludo a todos.

martes, 7 de diciembre de 2010

Nicole


Entre el tempestuoso ánimo del insondable gentío,
a través de la crestas que coronan el abismo,
¿a qué has venido a este puerto?
¿por qué este abrigo y no otro?
No hay faro alguno en el cabo
y oscuras se muestran las aguas.

Ya se oyen los rompientes sin llevar a divisarlos.
Sientes la espuma blanca con su rugir lacerante,
y con cada nuevo estruendo, entre batida y reflujo,
te salpica insistente, enrojeciendo tus carnes.

Y tú, entre tanto ¿qué haces?
No huyes, no esquivas, no temes.
Con la mirada perdida, clavada en la negra distancia,
mantienes la vista fija en el sombrío horizonte.

¿A qué se debe ese empeño que te hace mostrar tan resuelta?
¿Qué irrefrenable impulso te arrastra a recalar a tan agrestes e inhóspitas costas?
Dime, pues, ¿de qué color es la llama que te absorbe y te reclama?
No hay respuesta a mi pregunta, solo viento, sombra y agua.

Sin olvido ni nostalgias.
Sin futuro, sin pasado.
Pero recuerda una cosa cuando gobiernes tu nave:
en lo peor de la inclemencia, evita la costa a sotavento.

Va por tí, Nicole.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Busco…, ¿Amo?


En muchos sitios de Internet se ha debatido largo y tendido sobre el tema de l@s fals@s sumis@s. Sobre esta cuestión he conocido multitud de opiniones y, personalmente, suelo ser bastante cauto a la hora de emitir juicios ya que no soy muy dado a establecer un criterio único o emitir opiniones generalistas sobre el modo en que han de entenderse las relaciones D/s. Será la simbiosis Am@- sumis@ particular de cada cual la que determine el modo en que se han de desarrollar los diferentes vínculos (independientemente de reglamentaciones externas más o menos extendidas o aceptadas).

Ahora bien. Existen casos donde no hay ninguna duda sobre la naturaleza fraudulenta del supuesto anhelo de sumisión y quisiera compartir con todos vosotros una pequeña muestra de esto que os acabo de decir.

A veces, cuando se abre el correo electrónico, uno se encuentra con sorpresas de lo más curiosas. Esto es, ni más ni menos, lo que me ha sucedido a mí hace unos instantes y, a continuación, voy a reproducirlo por el impagable valor que tiene como ejemplo de según que tipo de planteamientos. La verdad, es como si me lo hubieran puesto a huevo para abrir un nuevo hilo y, desde luego, no voy a desaprovechar la oportunidad. Ahí va:

Busco AMO adinerado, firmo contrato de sumision, 24/7, a cambio debera obligarme a hacerme cirujias esteticas de todo el cuerpo, vestrir como el quiera, proveerme de bienes, propiedades , joyas, viajes, cuenta bancaria, cambio total de imagen a su gusto, todo debe constar en contrato ante notario, sere tu sumisa, esclava total, criada, novia, hija, etc, relacion formal , y casamiento si deseas, llevare tatuajes , joyas que tu desees, me debe proveer, de ropa , lenceria, zapatos, etc.escribir urgente concreto ya.

Como veis, habla por sí mismo.

Por supuesto he omitido los datos personales por aquello de la confidencialidad, pero puedo aseguraros que esta curiosa propuesta de contacto es totalmente real.

¿Con qué calificativo creéis que habría que definir a la autora de tan significativa oferta?

Algo si deja claro: no se la puede tachar de falta de sinceridad.

Un saludo a todo el mundo.

martes, 30 de noviembre de 2010

Valèrie


Como habréis podido comprobar, entre los enlaces a páginas web que figuran en este blog aparece el del sitio oficial de Valèrie Tasso. Aunque a primera vista pueda parecer que, su presencia aquí no tenga mucho que ver con la temática que os vengo exponiendo, en realidad, sí que tiene una importante razón de ser el hecho que os recomiende encarecidamente que sigáis su trayectoria, tanto personal como profesional.

Desde que tengo uso de razón, siempre he pensado que no se puede juzgar a las personas o sus obras si no se las conoce, aunque solo sea un poquito. Por desgracia, he de reconocer que, como humano imperfecto que soy, hay ocasiones en las que no me aplico a mí mismo dicha máxima pero, cuando esto sucede, hay que ser lo suficientemente consciente para reconocer el error y entonar un “mea culpa”. Esto es, precisamente, lo que a mí me sucedió  con Valèrie.


Lo primero que supe de ella fue que era la autora del archiconocido “Diario de una ninfómana” (que después derivó en adaptación cinematográfica) y, sin molestarme lo más mínimo en aproximarme a su obra, la consideré (ingenuo de mí) un miembro más de ese grupo de autores que buscan el éxito rápido a través del morbo y la provocación. Por lo tanto, no llegué a albergar ningún interés por leer su libro o emplear un par de horas en ver la película que había surgido tras su triunfo editorial. Yo solito, había llegado a la errónea conclusión de que se trataba de uno de esos conjuntos de productos prefabricados, y en ocasiones un tanto sórdidos, a los que nos tiene acostumbrados la sociedad de consumo.

Todo cambió cuando, el 29 de junio de 2009, estuvo presente en un curso sobre sexología y educación que la Universidad de Oviedo impartía en Avilés y, la verdad, sus opiniones no me dejaron indiferente. He de confesar de que no tuve el gusto de estar presente en la serie de conferencias que ofreció (una de las más insufribles desgracias a las que tengo que enfrentarme con frecuencia reside en el hecho de conocer siempre a posteriori todos los sucesos relevantes que acontecen a mi alrededor). Esto no supuso un obstáculo para que pudiera hacerme eco, “a grosso modo”,  de los derroteros por los que habían discurrido sus intervenciones.

En una de las entrevistas que se le hicieron con motivo de su visita a Asturias expresó sus puntos de vista sobre la sexualidad y, debido a los mismos, he de retirar el calificativo de “morbosa”, que tan injustamente le había aplicado, y sustituirlo por el de "valiente". Valentía por contar su realidad, por arriesgarse a que su best seller -"supusiera una muerte social"- como ella misma reconoce, por saber mostrarse políticamente incorrecta al decir -"Estoy harta de que se hable de violencia de género, porque en esta sociedad patriarcal hay muchos hombres maltratados, y los que lo reconocen no suelen ser tomados en serio"-, por dar un toque de atención a ciertas pseudo feministas que despotrican contra las hombres reclamado libertad para luego tratar de negársela a sus otras compañeras de sexo, por su sinceridad, por saber matizar sus respuestas, por ser plenamente consciente de que no todo es blanco ó negro, etc.…


 
Pero de todas sus frases, la que más me ha impactado es en la que dice: -"Yo nunca he hecho proselitismo de la prostitución. Aclaro esto porque de mí se han dicho auténticas barbaridades. Ejercí la prostitución de modo libre"-. La rotundidad de tal afirmación, para mí, resulta encomiable. A mí, me sirve para hacerme una idea de la entereza de su carácter y de su lucha contra la doble moral (algo que, al igual que ella, yo detesto profundamente). Pero no se queda ahí y tiene el buen juicio de recomendar prudencia a todas aquellas que pretendan seguir sus pasos basándose en su experiencia, pues lo que a ella le sirvió, posiblemente, no vaya a dar el mismo resultado en otras.

Desde aquel día me convertí en un fiel seguidor de su obra y, desde aquí, os recomiendo la lectura, no solo del mencionado “Diario de una ninfómana”, si no, también, de “El otro lado del sexo” y “Antimanual de sexo”. En estos dos últimos se abordan, con desenvoltura y un estilo muy ameno, cuestiones de naturaleza muy diversa y que no os voy  a desvelar para no estropearos la sorpresa.

Mucho más reciente resulta su primera incursión en la novela propiamente dicha. Publicada en España el pasado mes de septiembre, en “Sabré cada uno de tus secretos” realiza una curiosa propuesta basada en una trama donde se mezclan el sexo y las relaciones profesionales en el seno de una empresa. No puedo contaros mucho más al respecto porque todavía no la he leído pero, aunque haya sido un chico malo durante este año, tengo la esperanza que los Reyes Magos se porten bien conmigo y me lo regalen en estas fiestas que se aproximan.

Nada más. Espero haberos intrigado lo suficiente como para que queráis conocer más cosas acerca de esta dama de ideas claras y mente abierta.

À bientôt Valèrie.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Poses



El componente estético del bdsm es, sin duda, el aspecto que más ha trascendido fuera de los círculos donde se desarrollan de forma activa las prácticas D/s.

Tal es la relevancia que ha llegado a adquirir que, el fenómeno fetish por si mismo, ya cuenta, a día de hoy, con una identidad propia que le permite evolucionar de forma paralela, sin necesidad de tener que estar circunscrito dentro de ningún tipo de actividad o práctica netamente sado. Tal vez, por ese motivo, ha conseguido ir introduciéndose en multitud de manifestaciones artísticas a pesar (o gracias, según como se mire) a su marcado componente sexual.

Como suele suceder con todas las cosas, cuenta con voces que lo defiende como una forma de creación tan válida como cualquier otra y, también, con toda una legión de detractores que lo critican por ser otra insulsa y vacía muestra de provocación sin más o por tratarse de un modo de prestar una atención excesiva (por llamativa y, a priori, impactante) a la que constituye, únicamente,  la muestra más superficial de todo cuanto aporta la filosofía bdsm.

Yo pienso que puede haber lugar para todo y.., dependiendo de las personas, el momento y las circunstancias, es una opción más dentro del amplio abanico de posibilidades con las que contamos para plasmar la particular visión que cada cual tenga sobre lo que a de ser una relación D/s.

Aquí, voy a dejaros algunos ejemplos de esto que os he comentado por si, la cuestión os ha despertado la curiosidad.

En primer lugar, algunos libros:

Tanto Fetish como SEX, vive tu lado salvaje, (publicados en España por la Editorial LIBSA) son una compilación realizada e introducida por Tony Mitchell donde aparece la visión de diversos artistas fotográficos de estilos muy dispares.



En cambio VENOM (NORMA Editorial), del camaleónico Hajime Sorayama, es una muestra ilustrada del universo onírico de este artista nipón donde quedan plasmadas toda una serie de fantasías de muy diversa índole.

Después, os quiero ofrecer una muestra más gráfica e inmediata de la estética que nos ocupa a través de esta presentación de la que, por desgracia, desconozco la autoría. El tema de Joan Jett escogido como banda sonora no tiene desperdicio.

video

Por último, un ejemplo de cómo el ideario fetish ha alcanzado, e influido, incluso en facetas artísticas mucho más comerciales y, por lo tanto, de mayor alcance y distribución. Se habla mucho últimamente de la pose que suele adoptar Lady Gaga en sus videos, pero yo he escogido este otro de Cristina Aguilera por ser mucho más explicito en algunas de sus escenas.

video

Espero vuestros comentarios ya que, el tema da para mucho.

Un saludo a tod@s.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Quid pro quo



“Quid pro quo…, Clarice”.

Seguro que a más de uno, eso es lo que le habrá venido a la mente al leer el título de este post (y supongo que la foto que escogido para ilustrarlo también ha ayudado un poco). De hecho, no ha sido el azar el culpable de que me vaya a apoyar en esta analogía para divagar un poco sobre mis propias inquietudes.

Las conversaciones mantenidas por el Doctor Aníbal Lecter y la prometedora, aunque interina y todavía inexperta, inspectora Clarice Starling en los sótanos del Hospital de Baltimore son ya todo un icono del cine. Pero, de esas escenas, puede extraerse más de una lectura.

La frase en sí: “Quid pro quo” (que vendría a significar: “Algo a cambio de algo”) tiene un enorme simbolismo dentro de cualquier ámbito de tipo personal y, bajo mi punto de vista, si nos ceñimos a las relaciones D/s, todavía más.

En más de una ocasión, me he topado con personas (tanto de un rol como del otro) que dicen tener muy claro lo que quieren pero, o no quieren expresarlo a las claras o, sencillamente, no saben como hacerlo. A mí me resulta muy difícil llegar a comprender como se espera crear un lazo sólido entre dominante y sometido cuando una o ambas partes se empeñan en esconder sus cartas. Mal se empieza cuando de inicio se busca dar una imagen o impresión distinta a la real. Otra cosa es cuando esto mismo sucede de forma…, digamos…, accidental, ya sea por una comprensible timidez inicial o cualquier otra causa con un origen razonable.

No obstante, desde un primer momento se tiene que cumplir la máxima que encabeza esta entrada. Se puede ser dominante o sumiso, pero nunca pasivo (en el sentido más amplio de la palabra). Ambas partes están, creo yo, obligadas a aportar su propia esencia, su modo de ver, entender y sentir para que se pueda establecer una confianza sobre la que pueda sustentarse todo lo demás. Cuando esto no se produce: apaga y vámonos. Eso de que: “el que calla otorga”  tiende a resultar bastante relativo. Lo que es seguro es que el que lo hace “calla” y, por lo tanto, “oculta”.

Esto que parece tan lógico, tan evidente, tiende a no ser tenido en cuenta con demasiada frecuencia y, las consecuencias…, bueno, seguro que no hace falta que las exponga aquí.

Volviendo a los diálogos de nuestra estimada heroína y su malvado contrapunto, hay otro aspecto de la actitud que ambos destilan cada vez que se encuentran que no deja de tener ciertas connotaciones que no deben ser pasadas por alto.

Al margen del los términos un tanto bruscos y malsonantes que, en ocasiones, emplea el Doctor, entre él y Clarice se establece una especie de relación “maestro-aprendiz”  en la que uno aporta sus oscuros y velados conocimientos y la otra los recibe y emplea en función a su utilidad más inmediata. Pero este intercambio de ideas (que al final parece que trascienden a un plano superior) no se realiza de un modo convencional ni gratuito. El Doctor Lecter se muestra decidido a cobrar el peaje por traspasar los límites de lo normalmente establecido y es ahí donde la agente Starling tiene que despojarse de la, hasta ese momento, impenetrable coraza con la que protegía su intimidad. Se ve obligada a desnudarse (en sentido figurado, claro está) ante su Némesis, sabiendo que, el hacerlo, no solo implica una concesión si no, también, un riesgo.

No parece que, en principio, este hecho tenga por qué ir aparejado a ninguna conducta sumisa, pero sí que implica una renuncia que se traduce en un cierto grado de confianza. Sin él no sería posible prescindir de la seguridad que todos necesitamos a la hora de tomar nuestras propias decisiones.

Esa es, precisamente, la óptica desde la que yo contemplo el sometimiento. Existen infinidad de formas para llegar a él (tantas como personas), pero es en ese hecho donde, para mí, reside la verdadera esencia de la sumisión. Luego, cada cual, puede ir añadiendo o descartando las prácticas, elementos o situaciones que estime más acordes a sus propósitos, pero, “siempre”, teniendo en cuenta que hay que estar dispuesto a ofrecer algo a cambio.

Quid pro quo…

martes, 23 de noviembre de 2010

HYBRIS




Realmente..., ¿el poder corrompe?

Sin duda, esta es una de las cuestiones que más se ha debatido a lo largo de la historia. De ningún modo pretendo considerarme lo suficientemente ilustrado (pobre de mí) como para lanzar desde este humilde foro una sentencia definitiva que ponga punto y final a las eternas discusiones que sobre este tema puedan darse. Yo diría que, más bien al contrario, lo que pretendo desde aquí es abrir un nuevo frente a la hora de abordar tan espinoso asunto.

Para empezar, quiero exponer (bajo mi punto de vista, claro está) que cualquier persona que, por una u otra razón, se vea catapultada a ostentar una posición de mando, a de contar con una serie de cualidades si no quiere verse arrastrada por la tentadora embriaguez que suele ir ligada a todos aquellos que detentan el, no siempre fácil, ejercicio del poder.

En primer lugar, decir que a de tratarse de una persona tremendamente equilibrada tanto a nivel psicológico como intelectual; aunque, esto último, no tiene porqué traducirse necesariamente en una desbordante preparación académica. Existen diversos grados y esferas de poder, por lo que todo dependerá de qué nivel de autoridad se esté ocupando ó pretenda alcanzarse.

Por otro lado, aunque pueda parecer una contradicción, es muy necesario aplicar enormes dosis de humildad cuando lo que se procura es dirigir adecuadamente a los demás. Una excesiva arrogancia pude dar al traste con una acertada decisión. (Ya en la antigua Grecia tenían un término para de definir este hecho: hybris, que venia a significar la exultación por el triunfo y el excesivo orgullo por ser poderoso ó haber conseguido algo. Dicho de otra forma: podría entenderse como el endiosamiento y la soberbia sobrevenidos tras un ascenso en el nivel de control sobre un determinado círculo de influencia). Esto no quiere decir que haya que mantener una actitud de condescendencia hacia los subordinados, aunque he de reconocer que; a lo largo de mi vida; he conocido a muchas personas que saben moverse como pez en el agua dentro de ese tipo de coyuntura. No todo el mundo podría salir bien parado de una situación así. Lo más acertado a de ser, necesariamente, mostrar una gran firmeza desde el primer momento, pero sin llegar al extremo de querer implantar una tiranía ó, dicho de un modo más coloquial: “no dejar que se le suban a uno a la chepa”.

Otro de los aspectos a tener en cuenta a de ser la ejemplaridad. Difícilmente se puede pretender instaurar un orden cuando aquellos que han de velar por el cumplimiento de las normas son los primeros en saltárselas. De ser así, toda legitimidad desaparece y de nada servirá recurrir a la típica coletilla de: “haz lo que digo y no lo que hago”, puesto que tan solo serán cuestión de tiempo que la apatía y el desorden hagan acto de presencia.

Un rasgo muy importante a tener en cuenta (yo diría casi que  primordial) a de ser la seguridad en uno mismo. Muchas veces es el miedo el sentimiento que nos impulsa a imponernos a los demás. Miedo a la soledad, al rechazo, al abandono, al ¿qué dirán? La lista sería interminable. Pero, pensémoslo fríamente. Siempre que se trata de utilizar una posición de poder como instrumento mediante el cual servirse para erradicar así nuestras propias inseguridades, lo que se suele conseguir, a la larga, es precisamente, lo contrario. Difícilmente podrán ostentar el liderazgo con las debidas garantías, aquellas personas que tengan que enfrentarse a barreras de este tipo en su relación con los demás y, antes de plantearse siquiera la opción de prevalecer sobre el resto, sería más aconsejable que trataran de disipar sus dudas por otros medios pues, de lo contrario, solo conseguirían aislarse y convertirse en esclavos de sus propias aprensiones.

A todos nos a pasado alguna vez (en cualquier ámbito, ya sea en el familiar, el profesional, deportivo, etc…) que, personas carentes de las necesarias dotes de mando, han tratado de justificar sus propios errores culpabilizado a otros que poco ó nada tenían que ver con el problema que hubiera podido surgir. Y esto me lleva a reflexionar sobre la cualidad más importante de la que ha de hacer gala cualquiera que deseé sobresalir sin discusión mediante el desempeño de la autoridad. “RESPONSABILIDAD”. Esta es, para mí, la más irrenunciable de las prerrogativas que han de exigírsele a un líder. Y sí, no tengo el más mínimo reparo a la hora de emplear esa palabra: “exigir”. Resultan evidentes todas las ventajas implícitas cuando de lo que se trata es de aplicar nuestro dominio sobre nuestros semejantes, pero no debemos de olvidar que, este hecho, lleva aparejados toda una serie de deberes que no deben ser ignorados. Por desgracia esto es, precisamente, lo que suele ocurrir con mayor frecuencia y se tiende a pensar que, cuando se alcanzan ciertas cotas de poder, es como si le otorgaran a uno carta blanca para hacer lo que le venga en gana, pero sin tener que afrontar las consecuencias que se deriven de esos actos.

Pues bien. Sí que se pueden tomar decisiones impopulares o polémicas, ya que la autoridad coartada deja de ser autoridad, pero hay que contar con la suficiente entereza para dar la cara y reconocer las equivocaciones cuando, a raíz de un mandato desafortunado, se presenten consecuencias indeseadas. Pero, desde ya, quiero dejar claro que ha de ser “a raíz de ese mandato en sí mismo”  y no como resultado de haberlo puesto en ejecución de una forma negligente ó malintencionada. En tal caso, la responsabilidad tendría que recaer sobre aquel, ó aquellos, que no hubieran dado el debido cumplimiento a las instrucciones recibidas.

De cualquier modo, como ya se ha visto, el desempeño de un cargo donde sean necesarias grandes dosis de autoridad, no es tarea fácil y, este hecho, debería tenerse muy presente en el momento de aceptar (ó perseguir) un cargo de “responsabilidad”.


Sin duda podría extenderme mucho más, pero creo que ya va siendo hora de responder a la pregunta con la que están encabezadas estas líneas. ¿Puede llegar a corromper al poder?  Mi opinión es que, indudablemente, SI. Todos los que lo ostenten, y carezcan de las virtudes que he ido enumerando más arriba, tienen todas las papeletas para que así sea y, por lo tanto, solo aquellas personas que sepan dirigirse a sí mismas con honestidad serán capaces de hacerlo con los demás sin sucumbir a la tentación de aprovechar su posición de preponderancia, “solo”, en su propio beneficio.

- Sí, muy bien. Te ha quedado muy bonito. – estaréis pensando muchos de vosotros. – Pero ¿qué tiene que ver todo lo que has estado diciendo hasta ahora con el ejercicio de la dominación en el ámbito D/s? – Bueno, creo que todos estaréis de acuerdo conmigo en que ninguna persona podría ser considerada como dominante si no hiciera gala de un ostensible poderío a la hora de someter la voluntad de l@s sumis@s (conforme sea su deseo) que pudiera tener a su servicio. ¿Por qué habría de pensar que, en ese caso en concreto, las normas básicas sobre el uso del poder tendrían que ser distintas? No veo razón alguna para hacerlo ó… ¿acaso todas aquellos que decidimos adoptar el rol de dominante perdemos nuestra condición humana y pasamos a convertirnos en marcianos ó algo por el estilo? Si así fuera, tendría que callarme, pero mucho me temo que, ese, no es el caso. Entonces… ¿por qué habrían de regirse por unos condicionamientos distintos a los que se aplicarían, por ejemplo, a la hora de dirigir adecuadamente una empresa?

Luego estaría el tema de cuál de los dos sexos está mejor capacitado para ejercer la dominación. Bajo mi punto de vista esta discusión tan debatida, y nunca cerrada, no conduce a ningún sitio. Lo que quiero decir es que una mujer puede superar a un hombre lo mismo que un hombre puede superar a una mujer. Por lo tanto, entrar en discusiones sobre si uno u otro sexo es superior me parece completamente estéril y solo conduce a entrar en una suerte de juego donde el enfrentamiento es más artificial que real pero, cuyas consecuencias, al final, pagamos todos. Además como ya he dicho en otro sitio, en una sociedad como la actual (me refiero a la que se da en los países más industrializados), donde el nivel de especialización es tan sumamente abrumador… ¿cómo puede alguien pretender superar a los demás en todo y siempre, en cualquier aspecto e independientemente del momento y las circunstancias? Realmente, y perdonadme la expresión, me parece una gilipollez. Lo relevante no es el género, la religión, la raza ó la orientación sexual. Lo importante son las personas y como se relacionan con los miembros de su entorno (no hagáis un chiste fácil). Esa ha de ser, y de hecho “es” por mucho que nos empeñemos en negarlo, la única forma válida con la que contamos para discernir si alguien es bueno ó malo, superior ó inferior, conveniente ó inconveniente.

Cuando yo, de forma accidental y totalmente inesperada, entre en contacto con el mundo bdsm, lo hice como sumiso y no como Amo. Por esa razón creo poder hablar sobre esto con cierto conocimiento de causa. En lo que a dominación femenina se refiere, en ocasiones me asustaban los requerimientos que, de entrada, me hacían algunas Amas como condición imprescindible para entrar a su servicio. No me refiero aquí a la lógica prudencia que se suele mostrar a fin de excluir a los simples curiosos ó a esos “sumisos” que creen que el sometimiento se limita a sesiones esporádicas de sexo, más ó menos, extremo. Lo que verdaderamente me inquietaba es la exigencia a la “total” renuncia de límites, la negación a hacer uso de una clave de seguridad, el rechazo inamovible a cualquier tipo de negociación previa. No voy a negar que no existe una sumisión mayor y más incondicional, pero… ¿resulta segura? En los tiempos que corren… ¿se puede llegar a confiar así en alguien de buenas a primeras? Yo no lo haría puesto que, de mostrar una actitud de ese tipo, lo primero que pensaba es que, esas dóminas en cuestión, mostraba un ramalazo despótico inasumible por mi parte y; teniendo en cuenta las virtudes que ha de mostrar cualquier líder, como he apuntado antes; quedaban excluidas de inmediato como candidatas a la hora de gobernar mi destino. Dominio significa firmeza, tenacidad, aplomo, e incluso, cuando la situación lo requiere, dureza, pero nunca acritud ó ensañamiento. Eso tendría otro nombre pero, para mí, el bdsm significa otras cosas.

De aquella época derivan mis convicciones actuales y, ya que entonces no estaba dispuesto a plegarme a según que modos, no voy ahora a ir por ahí defendiéndolos ni demandándolos.

No quiero extenderme más. Como de costumbre, me he ido liando y no sé si la idea que quería exponer ha quedado lo suficientemente definida.

Decidme pues cuál es vuestra opinión.

Saludos, a tod@s.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Parole




Palabras.

Palabras que nos llegan, palabras que descubren.

Palabras que se callan, palabras que se pierden.

Palabras que se escupen, palabras que mueren.

Palabras.

Eso es lo que vengo a ofrecer. Palabras. “Mis” palabras.

Mediante ellas me desnudaré ante vosotros y os daré a conocer “mi verdad”, que no es, ni espera ser, La Verdad.

Digo esto por que aquí vais a ver que mis opiniones sobre el ámbito D/s son bastante heterogéneas y, en ocasiones, podría decirse que hasta incluso un poco difusas. Lo cierto es que no establezco demasiadas diferencias entre el modo de comportarse dentro de la esfera bdsm y el modelo social políticamente correcto. Por ese motivo, huyo bastante del empeño que tienen algunas personas de crear una especie de élite que dicte las normas por las que se deben conducir los individuos que, como yo, tenemos y sentimos ciertas inquietudes particulares.

En un tiempo en el que no parece importar demasiado saber realmente de qué se está hablando y, en cambio, lo que parece primar es el comentario ocurrente (venga a cuento o no), la frase ingeniosa que arranque un aplauso o el improperio más soez y contundente que se nos venga a la cabeza, pues, la verdad, muchas veces llego a sentirme bastante asqueado.

Las relaciones humanas siempre se han basado en la comunicación orientada a alcanzar un entendimiento. Pones la tele, escuchas la radio y, muchas veces (cada vez con más frecuencia), solo le llegan a uno los sordos ecos de los gritos. No hay mensaje, todo se reduce al volumen.

Con las páginas y foros ligados al sado, viene a pasar un poco lo mismo y, también en esos casos, parece que se esté asistiendo a una batalla abierta entre grupos enfrentados que por todos los medios tratan de imponer sus tesis al contrario. Cuando ya resulta difícil poner de acuerdo a dos personas, mucho más habrá de serlo conseguir un entendimiento sin fisuras entre todo un colectivo.

Tampoco me gusta demasiado el empleo de la amplia terminología que parece ir ligada al conocimiento sobre esta materia. Por supuesto, existen muchas expresiones derivadas de otras lenguas (inglés sobre todo) que ayudan a abreviar y concentrar un poquito el amplio elenco de prácticas disponibles dependiendo de los gustos e intereses de cada cual. Pero, igual de cierto es que, muchas veces, se da el caso de que su uso parece ir más ligado a la exclusión que a la aceptación. Para un grupo que no hace más que reclamar respeto y comprensión hacia su personal punto de vista sobre la sexualidad, no deja de ser toda una contracción.

Bueno. Ya he descubierto la primera carta de mi mazo y no es otra que la del tono que voy a imprimir a mis comentarios. Ahora ya podéis ir haciéndoos una idea de por donde van a ir los tiros, ya que, si hay algo que no pretendo, es dar una falsa imagen de mí mismo.

Equivocadas o no, aquí encontrareis mis palabras.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Día uno.


Se inicia aquí la andadura de una urbe indefinida, carente de ubicación tanto en el tiempo como en el espacio y a la que, poco a poco (esa es mi esperanza), irán llegando pobladores que la dotarán de vida, aliento y color. Quiero aprovechar este primer post para saludar a todos los que os hayáis acercado a este sitio y animaros a ponerme verde cada vez que os sintáis ofendidos o contrariados.

En relación a esto; desde un principio, y para que nadie se lleve a engaños; me gustaría hacer una pequeña declaración de intenciones respecto al uso que tengo pensado darle a este blog.

Siguiendo la propia naturaleza de este tipo páginas, lo que aquí vais a ver son mis propias reflexiones y pensamientos. No es mi intención ir imponiendo normas ni tampoco orientar a nadie. Cada uno tiene sus propias convicciones y no voy a ser yo quien intente cambiarlas. No voy a sentar ninguna cátedra y descubrir las américas a estas alturas. Pero, por esa misma razón, que nadie pretenda imponerme su punto de vista. El objeto de las entradas que, de forma paulatina se irán sucediendo, es compartir el mío pero sin querer elevarlo a la categoría de único, absoluto y verdadero. En la vida todo tiende a ser relativo así que, cada cual, debe sacar sus propias conclusiones en función a sus experiencias. Ahora bien. Rectificar es de sabios y seguro que, en más de una ocasión, yo mismo habré de hacerlo para vergüenza de mi amor propio.

Bueno ya me iréis conociendo mejor según se vaya engrosando el archivo municipal de esta ciudad que espero tengáis a bien visitar con frecuencia.

Bienvenidos a la Ciudad tras el Sol.
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