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viernes, 17 de diciembre de 2010

Sentidos

Inauguro con este post la etiqueta de “prácticas” y quiero hacerlo con una que, para mí, ejemplifica como pocas la verdadera esencia tanto de la dominación, en sí, como del sometimiento. Se trata, ni más ni menos, que de la privación sensorial.

Por supuesto, cada cual tiene su propia filosofía sobre el bdsm y, desde luego, no deja de haber quien prefiere centrar toda su atención en aquellos estímulos, podríamos decir, más directos y sentir en sus propias carnes, o hacer sentir a otros, un efecto más notable e inmediato escogido de entre una gran variedad de opciones.

Como en todo, el hecho de inclinar la balanza de las preferencias hacia un lado u otro, vendrá determinado por la personalidad y las inquietudes de cada individuo en particular y no es esa la cuestión que pretendo abordar aquí. Lo que quiero explicar es… ¿por qué me atrae tanto experimentar con la anulación de los sentidos?

Casi todos hemos oído alguna vez aquello de que cuando nos vemos privados de cualquiera de las herramientas de que disponemos para percibir y calibrar nuestro entorno, las demás se agudizan y potencian en un intento de compensar el desequilibrio que se genera. Teniendo esto en cuenta, resulta más que evidente todo el partido que se puede sacar de esta circunstancia en relación a los fines de los que aquí se trata.


El simple hecho de inmovilizar a una persona; si bien no supone la anulación de ningún sentido; ya conlleva una cierta limitación a nivel sensorial ya que nuestra capacidad táctil se concentra de forma bastante acusada en el rostro, las manos y los pies. Cuando restringimos el uso de las extremidades, lo que estamos haciendo (además de impedir el movimiento) es delimitar la información a la que, a través del tacto, es posible acceder. El simple roce de una tela que se deslice; por poner un ejemplo; sobre la zona abdominal ya se vería notablemente amplificado en esas circunstancias. A esto habría que añadir la sensación de impotencia que induce la ausencia de control sobre la actividad que se desarrolla o, lo que es lo mismo, el abandono al que se somete la/el sumisa/o para con su dueño/a.


Pero sigamos. Más de un 90% de la información que recibe a nuestro cerebro nos llega a través de la vista. Cuando esta queda temporalmente anulada; sobre todo si se produce en un lugar que no nos es familiar; nuestra indefensión puede llegar a alcanzar tintes casi dramáticos. Por lo tanto, durante una sesión, la desconexión visual de la parte sumisa ofrece un juego increíble. Tal vez ese sea el motivo de que, esta práctica en particular, esté tan extendida y se suela recurrir a ella con frecuencia en las relaciones de pareja de tono más convencional.

Después estaría la privación auditiva que es posible obtener de formas muy variadas. Todos hemos experimentado hasta que punto resulta sencillo aislarse de los sonidos externos cuando escuchamos música o un programa de radio a través de unos auriculares. Solo hay que aplicar el mismo principio al ámbito bdsm y; mediante, por ejemplo, un pequeño reproductor MP3; someter a nuestra/o sumisa/o a una nuevo estado de desorientación e incertidumbre.


Otra de las formas de limitación física (a la que, reconozco; me gusta recurrir con frecuencia) es el empleo de mordazas y bocados que imposibiliten la capacidad de hablar.  Sobre estos artículos en particular espero poder extenderme más en mi próximo post, pero, por ahora, diré que constituyen unas herramientas muy útiles aunque, mediante ellas, no se consiga generar ninguna privación sensorial en el sentido estricto de la frase. Alguien, en algún momento, definió al ser humano como un “animal social” y el uso de la palabra es, precisamente, uno de los rasgos más característicos de todos cuantos conforman nuestra sociedad. Al someter a un sujeto a cualquier tipo de incomunicación se desconecta esa capacidad social y, ese efecto de degradación, puede ser usado de muy diversas formas y con una asombrosa variedad de fines.  De cómo se puedan desarrollar estos dependerá de los gustos y ventajas que espere obtener cada cual.

Ni que decir tiene que todas estas situaciones que os he estado describiendo; así como aquellas otras que puedan haberse quedado en el tintero; pueden combinarse entre sí del modo que resulte más interesante o conveniente en función del momento y la persona con la que se estén compartiendo. Además, no suponen ningún obstáculo para la aplicación de cualquier otro tipo de actividad D/s que quiera desarrollarse. Más bien al contrario, servirán a modo de amplificador de las mismas, un modo de redescubrirlas desde otra perspectiva y un elemento más en la sugestión de la/el sumisa/o muy a tener en cuenta. Solo pondría una excepción


Existe una forma más de privación, en este caso muy extrema, que yo reuyo y no recomiendo a nadie. Sé que cuenta con un importante número de adeptos,  pero eso no supone una excusa para obviar su, más que notable, peligrosidad. Me estoy refiriendo a los simulacros de asfixia. No me cabe la menor duda de que los amantes de este tipo de prácticas no buscas causar ningún daño a nadie ni acusárselo a sí mismos, aunque dudo que se pueda negar la relativa facilidad de que a cualquiera se le vaya la mano en este tipo de cuestiones (ahí han quedado los casos del talentoso vocalista de INXS Michael Hutchence o del veterano actor David Carradine) Para aquellos que, de todas formas,  tengan en mente probarlo algún día, no puedo evitar darles un consejo: “no apartar jamás la vista de los ojos de la persona a la que se le está impidiendo la respiración y acordar, de antemano, que un simple parpadeo ponga fin a la escena” (no olvidemos que, en esas circunstancias, sin aire, no es posible vocalizar).

Bueno. No quiero daros más la chapa. Ahora os toca a vosotr@s.

Un comentario. Porfi, porfi.

1 comentario:

  1. Buenos dias...en el momento en que escribiste este post no estaba entre tus seguidoras, pero ahora, que me deleito del resto de palabras que desconocía de ti...no puedo dejar de comentar....aunque quizas ya sea tarde....

    Me ha gustado como defines el hecho de la limitación sensorial...y la verdad...ahora entiendo muchas cosas...jeje

    Un abrazo

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