Embajadas.

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Felices fiestas



Que todos tengáis unas Navidades de ensueño, que se cumplan vuestros deseos y llevéis a buen término vuestros propósitos para el nuevo año que, en breve, va a comenzar.

FELICES FIESTAS.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Sentidos

Inauguro con este post la etiqueta de “prácticas” y quiero hacerlo con una que, para mí, ejemplifica como pocas la verdadera esencia tanto de la dominación, en sí, como del sometimiento. Se trata, ni más ni menos, que de la privación sensorial.

Por supuesto, cada cual tiene su propia filosofía sobre el bdsm y, desde luego, no deja de haber quien prefiere centrar toda su atención en aquellos estímulos, podríamos decir, más directos y sentir en sus propias carnes, o hacer sentir a otros, un efecto más notable e inmediato escogido de entre una gran variedad de opciones.

Como en todo, el hecho de inclinar la balanza de las preferencias hacia un lado u otro, vendrá determinado por la personalidad y las inquietudes de cada individuo en particular y no es esa la cuestión que pretendo abordar aquí. Lo que quiero explicar es… ¿por qué me atrae tanto experimentar con la anulación de los sentidos?

Casi todos hemos oído alguna vez aquello de que cuando nos vemos privados de cualquiera de las herramientas de que disponemos para percibir y calibrar nuestro entorno, las demás se agudizan y potencian en un intento de compensar el desequilibrio que se genera. Teniendo esto en cuenta, resulta más que evidente todo el partido que se puede sacar de esta circunstancia en relación a los fines de los que aquí se trata.


El simple hecho de inmovilizar a una persona; si bien no supone la anulación de ningún sentido; ya conlleva una cierta limitación a nivel sensorial ya que nuestra capacidad táctil se concentra de forma bastante acusada en el rostro, las manos y los pies. Cuando restringimos el uso de las extremidades, lo que estamos haciendo (además de impedir el movimiento) es delimitar la información a la que, a través del tacto, es posible acceder. El simple roce de una tela que se deslice; por poner un ejemplo; sobre la zona abdominal ya se vería notablemente amplificado en esas circunstancias. A esto habría que añadir la sensación de impotencia que induce la ausencia de control sobre la actividad que se desarrolla o, lo que es lo mismo, el abandono al que se somete la/el sumisa/o para con su dueño/a.


Pero sigamos. Más de un 90% de la información que recibe a nuestro cerebro nos llega a través de la vista. Cuando esta queda temporalmente anulada; sobre todo si se produce en un lugar que no nos es familiar; nuestra indefensión puede llegar a alcanzar tintes casi dramáticos. Por lo tanto, durante una sesión, la desconexión visual de la parte sumisa ofrece un juego increíble. Tal vez ese sea el motivo de que, esta práctica en particular, esté tan extendida y se suela recurrir a ella con frecuencia en las relaciones de pareja de tono más convencional.

Después estaría la privación auditiva que es posible obtener de formas muy variadas. Todos hemos experimentado hasta que punto resulta sencillo aislarse de los sonidos externos cuando escuchamos música o un programa de radio a través de unos auriculares. Solo hay que aplicar el mismo principio al ámbito bdsm y; mediante, por ejemplo, un pequeño reproductor MP3; someter a nuestra/o sumisa/o a una nuevo estado de desorientación e incertidumbre.


Otra de las formas de limitación física (a la que, reconozco; me gusta recurrir con frecuencia) es el empleo de mordazas y bocados que imposibiliten la capacidad de hablar.  Sobre estos artículos en particular espero poder extenderme más en mi próximo post, pero, por ahora, diré que constituyen unas herramientas muy útiles aunque, mediante ellas, no se consiga generar ninguna privación sensorial en el sentido estricto de la frase. Alguien, en algún momento, definió al ser humano como un “animal social” y el uso de la palabra es, precisamente, uno de los rasgos más característicos de todos cuantos conforman nuestra sociedad. Al someter a un sujeto a cualquier tipo de incomunicación se desconecta esa capacidad social y, ese efecto de degradación, puede ser usado de muy diversas formas y con una asombrosa variedad de fines.  De cómo se puedan desarrollar estos dependerá de los gustos y ventajas que espere obtener cada cual.

Ni que decir tiene que todas estas situaciones que os he estado describiendo; así como aquellas otras que puedan haberse quedado en el tintero; pueden combinarse entre sí del modo que resulte más interesante o conveniente en función del momento y la persona con la que se estén compartiendo. Además, no suponen ningún obstáculo para la aplicación de cualquier otro tipo de actividad D/s que quiera desarrollarse. Más bien al contrario, servirán a modo de amplificador de las mismas, un modo de redescubrirlas desde otra perspectiva y un elemento más en la sugestión de la/el sumisa/o muy a tener en cuenta. Solo pondría una excepción


Existe una forma más de privación, en este caso muy extrema, que yo reuyo y no recomiendo a nadie. Sé que cuenta con un importante número de adeptos,  pero eso no supone una excusa para obviar su, más que notable, peligrosidad. Me estoy refiriendo a los simulacros de asfixia. No me cabe la menor duda de que los amantes de este tipo de prácticas no buscas causar ningún daño a nadie ni acusárselo a sí mismos, aunque dudo que se pueda negar la relativa facilidad de que a cualquiera se le vaya la mano en este tipo de cuestiones (ahí han quedado los casos del talentoso vocalista de INXS Michael Hutchence o del veterano actor David Carradine) Para aquellos que, de todas formas,  tengan en mente probarlo algún día, no puedo evitar darles un consejo: “no apartar jamás la vista de los ojos de la persona a la que se le está impidiendo la respiración y acordar, de antemano, que un simple parpadeo ponga fin a la escena” (no olvidemos que, en esas circunstancias, sin aire, no es posible vocalizar).

Bueno. No quiero daros más la chapa. Ahora os toca a vosotr@s.

Un comentario. Porfi, porfi.

viernes, 10 de diciembre de 2010

savoir faire


Como ya he comentado en algún otro post, no es mi intención sentar ninguna doctrina ni alzarme sobre los demás como si fuera poseedor de una razón única y excluyente. Mi visión personal sobre la dominación será idéntica, en muchos aspectos, a la de todos vosotros, pero en otros, en cambio, será completamente diferente. Dicho esto, quisiera dejar constancia aquí de cual es mi forma de entender una parte concreta del amplio expectro de posibilidades que puede cubrir una relación D/s. Parto de la base de que mis gustos e inquietudes condicionan; como no podría ser de otro modo; mi forma de entender también todas las cuestiones enmarcadas dentro de un ámbito puramente bdsm y, siendo como soy un enamorado de la historia, verme influido por ciertos valores y comportamientos que, para nada, podrían calificarse de novedosos, no debe sorprender a nadie.

Entiendo que pueda haber muchas personas a las que, lo que os voy a decir, les parecerá un tanto “chorras” pero, ¿qué le voy a hacer? Soy así de “rarito”.

Siempre que me preguntan qué cualidades debe tener para mí una sumisa la primera virtud que enumero siempre es la sinceridad y la segunda la inteligencia. De aquello relacionado con el hecho de mostrarse honesto con los demás ya he hablado en otro sitio, pero, sobre el siguiente tema, todavía no me había pronunciado.

Quiero aclarar que, cuando me refiero a inteligencia, no estoy haciendo hincapié en una superlativa acumulación de conocimientos académicos si no, más bien, a esa cualidad del ser humano de conservar la curiosidad y el interés por ampliar los horizontes del conocimiento.

Siempre cabe la posibilidad de que surjan conflictos entre dos o más individuos pero, cuando las partes enfrentadas pueden presumir de contar con una mente abierta siempre se podrá llegar a un entendimiento. Cuando, en cambio, se da la circunstancia de toparse con alguien engreído y arrogante todo se tuerce, y es que no hay peor persona que un ignorante que se vanaglorie de serlo. Con gente así, es imposible llegar a acuerdos que vayan más allá de sus propios intereses puntuales ya que, constantemente abrigarán la sospecha de que se les está tratando de engañar o haciendo de menos y, su propia inseguridad, no hará otra cosa que incrementar su recelo.

¿Por qué digo esto y…, a qué ha venido mi anterior referencia a hechos de épocas pasadas? Sirvan dos ejemplos.


En la Francia de entre los siglos XV y XVIII se dio la circunstancia de que varias mujeres pasaron a la historia por sus estrechas y voluptuosas relaciones con algunos de los más destacados monarcas galos. Tales fueron los casos de Agnes Sorel con Carlos VII,  Louise de la Vallière con Luís XIV o Jeanne Antoinette Poisson, más conocida como la Marquesa de Pompadour (sobre estas líneas) con Luís XV. Todas ellas fueron las amantes de estos reyes pero, no hay que equivocarse, no se trataba de unas cortesanas al uso. Todas ellas  contaban con el estatus de amante titular (maîtresse en titre) y se trataba de un cargo oficial que incluía una importante renta y un papel muy destacado en la corte. Pero la belleza, siendo importante, no era el único requerimiento que se les hacía a estas damas. También se les exigía un cierto savoir faire. Casi todas fueron mujeres muy cultas, grandes mecenas de las artes y muy unidas a la élite intelectual de su tiempo. Madame du Barry, por solo citar a una de ellas, se carteaba frecuentemente con Voltaire. ¿Se trataba de unas jóvenes inmorales, ambiciosas, y sedientas de poder? o, en cambio ¿eran un producto de la época que, aprovechando su ascenso en el escalafón social (fortuito o no), lejos endiosarse, buscaron un modo de compartir con otros las ventajas que les otorgaba su providencial destino? Además. Entonces, como ahora, no escaseaban las muchachas con una cara bonita y un cuerpo apetecible. ¿Por qué se buscaban esas otras cualidades añadidas si tan solo se trataba de satisfacer el deseo carnal? ¿O es qué no se trataba solo de eso? Lo dejo ahí. Ahora quiero remontarme un poco más atrás en el tiempo.

A la Atenas democrática surgida tras las guerras médicas llegó, allá por el 450 a.C. procedente de Mileto, una muchacha llamada Aspasia. El destino que esperaba a la mayoría de las mujeres en la más poderosa polis del momento era el de casarse vivir y prácticamente recluidas en el gineceo de la casa de sus maridos. Aspasia no había elegido ese camino. Si su recuerdo ha llegado a nuestros días ha sido porque se convirtió en una hetaira (que podrían definirse como las precursoras de las cortesanas más modernas) y acabó unida al insigne Pericles. Pero no es este el hecho que quiero subrayar de su historia.  Las hetairas como ella, contaban con una libertad de acción y pensamiento que difícilmente se podrían imaginar el resto de las mujeres. Vivian en pie de igualdad con los hombres e, incluso, algunos de los más grandes pensadores de la era clásica buscaban su compañía, no ya por la belleza de sus cuerpos, si no por la brillantez de sus mentes. También fueron atacadas y menospreciadas por un buen numero de celosos adversarios que veían en ellas una amenaza y en eso, por desgracia, no parece que hayamos avanzado mucho. Pese todo, Aspasia llego a contar con un gran reconocimiento con respecto a sus cualidades como maestra retórica y autores como Platón, Plutarco o Cicerón ensalzaron su talento.


Bueno, y todo esto ¿a cuento de qué?, os preguntareis. Pues muy sencillo. Para mí, una sumisa ha de ser atenta, complaciente y servicial (hasta aquí todos de acuerdo), pero también necesito que despierte mi interés en un plano distinto al meramente sexual. No busco una hoja en blanco sobre la que pueda dejar, únicamente, la impronta de mis deseos si no que, además, busco conocer a fondo el criterio y los pensamientos de esa otra parte sin la que sería imposible establecer un vínculo.

Eso me lleva a plantear otra cuestión. Para consolidar el lazo que se establece entre Amo y sumisa (o entre Ama y sumiso, lo mismo da), se me antoja necesaria una evolución paralela de ambos donde el componente dominante se ha de esforzar, no solo en instruir y aportar nuevos conocimientos, si no, al mismo tiempo, descubrir y potenciar las capacidades sumisas del otro. Cuando esto sucede, ambos se enriquecen a la vez y la relación se vuelve más plena y profunda. De cómo se desarrolle todo esto dependerá de cada persona y, por ese motivo, no creo en fórmulas mágicas que se puedan aplicar alegremente a todo el mundo.

Seguro que todos aquellos que, en algún momento, hayan podido alcanzar ese grado de comunión al que me estoy refiriendo comprenderán perfectamente a lo que estoy tratando de aludir con lo de “savoir faire”.

Un saludo a todos.

martes, 7 de diciembre de 2010

Nicole


Entre el tempestuoso ánimo del insondable gentío,
a través de la crestas que coronan el abismo,
¿a qué has venido a este puerto?
¿por qué este abrigo y no otro?
No hay faro alguno en el cabo
y oscuras se muestran las aguas.

Ya se oyen los rompientes sin llevar a divisarlos.
Sientes la espuma blanca con su rugir lacerante,
y con cada nuevo estruendo, entre batida y reflujo,
te salpica insistente, enrojeciendo tus carnes.

Y tú, entre tanto ¿qué haces?
No huyes, no esquivas, no temes.
Con la mirada perdida, clavada en la negra distancia,
mantienes la vista fija en el sombrío horizonte.

¿A qué se debe ese empeño que te hace mostrar tan resuelta?
¿Qué irrefrenable impulso te arrastra a recalar a tan agrestes e inhóspitas costas?
Dime, pues, ¿de qué color es la llama que te absorbe y te reclama?
No hay respuesta a mi pregunta, solo viento, sombra y agua.

Sin olvido ni nostalgias.
Sin futuro, sin pasado.
Pero recuerda una cosa cuando gobiernes tu nave:
en lo peor de la inclemencia, evita la costa a sotavento.

Va por tí, Nicole.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Busco…, ¿Amo?


En muchos sitios de Internet se ha debatido largo y tendido sobre el tema de l@s fals@s sumis@s. Sobre esta cuestión he conocido multitud de opiniones y, personalmente, suelo ser bastante cauto a la hora de emitir juicios ya que no soy muy dado a establecer un criterio único o emitir opiniones generalistas sobre el modo en que han de entenderse las relaciones D/s. Será la simbiosis Am@- sumis@ particular de cada cual la que determine el modo en que se han de desarrollar los diferentes vínculos (independientemente de reglamentaciones externas más o menos extendidas o aceptadas).

Ahora bien. Existen casos donde no hay ninguna duda sobre la naturaleza fraudulenta del supuesto anhelo de sumisión y quisiera compartir con todos vosotros una pequeña muestra de esto que os acabo de decir.

A veces, cuando se abre el correo electrónico, uno se encuentra con sorpresas de lo más curiosas. Esto es, ni más ni menos, lo que me ha sucedido a mí hace unos instantes y, a continuación, voy a reproducirlo por el impagable valor que tiene como ejemplo de según que tipo de planteamientos. La verdad, es como si me lo hubieran puesto a huevo para abrir un nuevo hilo y, desde luego, no voy a desaprovechar la oportunidad. Ahí va:

Busco AMO adinerado, firmo contrato de sumision, 24/7, a cambio debera obligarme a hacerme cirujias esteticas de todo el cuerpo, vestrir como el quiera, proveerme de bienes, propiedades , joyas, viajes, cuenta bancaria, cambio total de imagen a su gusto, todo debe constar en contrato ante notario, sere tu sumisa, esclava total, criada, novia, hija, etc, relacion formal , y casamiento si deseas, llevare tatuajes , joyas que tu desees, me debe proveer, de ropa , lenceria, zapatos, etc.escribir urgente concreto ya.

Como veis, habla por sí mismo.

Por supuesto he omitido los datos personales por aquello de la confidencialidad, pero puedo aseguraros que esta curiosa propuesta de contacto es totalmente real.

¿Con qué calificativo creéis que habría que definir a la autora de tan significativa oferta?

Algo si deja claro: no se la puede tachar de falta de sinceridad.

Un saludo a todo el mundo.
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