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sábado, 30 de abril de 2011

Orgullo



Como muchos de vosotros ya sabréis, recientemente he tomado a mi cargo una novicia a la que adiestrar como sumisa. Todos cuantos conocierais con anterioridad a la antigua dánae estaréis al corriente de su inexperiencia y; para nada; le va a resultar fácil adaptarse a su nueva situación.

Esta nueva andadura que hemos iniciado juntos, este paso del dicho al hecho que apenas ha comenzado, me hace tener muy presente una cuestión con un peso enorme en el estreno de cualquier relación D/s. Se trata del orgullo.

Como se expone en la introducción de cierto clásico del cine de ciencia-ficción: “Un principio es siempre un tiempo muy delicado”, y en el caso que nos ocupa todavía más. Son muchas las cosas a tener en cuenta, muchos los retos que se presentan e innumerables los sentimientos a descubrir.

Con esto que voy a decir no quiero sentar ningún tipo de cátedra ni establecer un parámetro de obligado cumplimiento. Es, ni más ni menos, una opinión personal emitida desde mi propio punto de vista e inspirada por los acontecimientos recientes que he vivido que, por añadidura, han desempolvado antiguas sensaciones y reflexiones pasadas, sacándolas de nuevo a la luz.

Soy de la opinión de que todas aquellas personas con un deseo sincero de abrazar la sumisión se ven obligadas a hacer frente a sus propios demonios, a vencer la resistencia innata de todo ser humano a ser dirigido, a tragarse ese orgullo personal para así poder alcanzar a comprender lo que supone realmente la entrega.

Resulta duro y muy difícil mantener el tipo ante esta coyuntura; sobre todo cuando la excitación y el deseo meramente carnal se desvanecen; pero estoy convencido de que esa es la piedra de toque sobre la que los dominantes debemos trabajar con más ahínco.

Es completamente normal que nuestros sometidos sientan esa suerte de rebelión del subconsciente; ahí está, precisamente, el merito de la doma; y donde se demuestra a las claras el nivel de implicación a la hora de someterse pues es, el hecho de lograr salir victoriosos de esa lucha interna, lo que determina realmente la capacidad de sumisión.

Bien es cierto que esa resistencia interna nunca llega a desaparecer del todo pero, también ahí, se define el grado de implicación de aquell@s que buscan subordinarse a los designios de un/una dominante.

Por supuesto, como en todo, no existen fórmulas mágicas ni recetas secretas. No todas las personas habrán de ser conducidas del mismo modo y a unas les costará más trabajo que a otras adaptarse a las nuevas circunstancias pero, de lo que no me cabe ninguna duda, es que, cuando al fin lo consiguen, descubren, entre otras cosas, que su orgullo no desaparece si no que, en realidad, se trasforma para convertirse en esa grata sensación que nos embarga a todos cuando somos conscientes de nuestra propia superación y (creo que nadie me lo negará) ese sentimiento será mayor cuanto más difícil haya sido el hazaña.

Sin duda podría extenderme mucho más, pero mi intención aquí es abrir una puerta por la que podáis entrar a dar vuestra opinión sobre este asunto y ofrecer vuestro punto de vista sobre esta cuestión tan apasionante y, a la vez, tan compleja.

Un saludo a todos.




miércoles, 27 de abril de 2011

Vuelta al trabajo


Como seguramente más de uno habrá observado, llevaba tiempo sin ocuparme de mi ciudad del modo en que se merece.

Pequeños problemas técnicos me han mantenido alejados de vosotros pero, no os preocupéis, no he desaprovechado el tiempo.

Toca ahora ponerse al día y, entre las tareas pendientes, hay un pequeño encargo de parte de DonJuncal que iba un poco en relación con la celebración del día del libro.

Se trata de mencionar el párrafo que aparece en la quinta línea de la página 89 del libro que cada cual está leyendo en este momento.

En mi caso se trata de "Guerra y Paz" de Tolstói.

La frase en cuestión es la siguiente:

" - ¿No es demasiado pronto? Dicen que es perjudicial para la voz educarla a tan temprana edad."




Se supone que ahora tendría que hacer extensible este reto a otras tres personas pero, dada mi tardanza en hacerme eco de él, y en vista de que casi todos los que soléis visitar esta urbe ya lo habéis llevado a término, prefiero obviar esa cuestión por esta vez (Ruego que me disculpes esta pequeña licencia DonJuncal).

De todas formas, si alguien tiene a bien hacerse con el testigo..., sobra decir que no habría el menor inconveniente.

Un saludo a todos y no os olvidéis de leer.

El viaje



Desde confines opuestos,
por entre sendas trilladas,
arribando a la ribera,
entre sarmientos y parras.

Tú desde mar antiguo,
yo desde verde patria,
hasta la orilla de un río
que une montes y llanas.

Muchas vías confluyeron
desde cielo, tierra y agua
para llevar a esa otra
donde obtuviste tu marca.

Entre gentes que lo ensalzan,
fue Dionisos tu garante
y él te puso en mis manos
con el fin de solazarme.

Tomé de ti cuanto quise,
y te hice simple parte.
Uno más entre mis bienes,
reduje a eso tu carne.

Mas esto es solo principio
que el tiempo cobra peaje
y habrán de pasar más días
para aumentar tu bagaje.

Como viajera viniste,
como viajera marchaste,
mas bien distinto es el sino
de uno y otro equipaje.

Llegaste con un sentido,
te fuiste con nuevo alma
tras descubrir otro mundo
expuesta sobre mi cama.

Y así como ciertas aves,
que parten para volver,
no habrá de faltarte otero
al que poderte acoger.




jueves, 14 de abril de 2011

Emocionado


Un premio más con el que engrosar la ya, a mi juicio, extensa lista de reconocimientos que ha recibido este blog a pesar de su escasa andadura (la verdad es que empiezo a sentirme un tanto abrumado).

Este, además, tiene una especial significación para mí por venir de quien viene y no puedo más que reconocer mi gratitud.

Muchísimas gracias dánae, por todo.

Llega ahora el momento de compartir y, en esta ocasión (intentando como siempre no repetir ningún nombre), quiero tener presentes a quienes menciono a continuación:

minerva

Amoysumisa

shurime

Sweet

haydée

Juliette

sialbeya

llum {S.SMTT}

También quiero aprovechar esta entrada para agradecer vuestra presencia a todos cuantos tenéis a bien visitar este sitio, colaborar en él y, poco a poco, ir haciendo esta ciudad un poquito más grande y, a un mismo tiempo, bastante más plural.

Gracias a todos.

miércoles, 13 de abril de 2011

Confianza



Un poco al hilo de lo que exponía al final de mi entrada “Bdsm e internet”, para que una relación D/s pueda desarrollarse de forma satisfactoria, una de las cuestiones más importantes (si no la que más) es la de la confianza. No olvidemos que, en lo referente a este tipo de vivencias, una de las partes se pone por completo en manos de la otra, por lo que es normal que haya ocasiones en las que se genere cierta inquietud y, también, no pocas interrogantes.

Creo que la inmensa mayoría estaremos de acuerdo en que el modo de enfrentarse a esta cuestión pasa, innegablemente, por establecer una sólida y estrecha confianza entre dominantes y sometidos. Ahora bien. En lo que tal vez no exista tanta consonancia sea en la forma de conseguirlo.

Para empezar, me gustaría decir que, como en todo, no hay un modelo único sobre el cual poder basarse ni, tampoco, formulas mágicas a las que recurrir para despejar esas dudas que, sin duda, aparecerán en algún momento. Como ya he dicho en otras ocasiones, cada persona es un mundo en sí misma y, por lo tanto, en función a cada individuo, será necesario prestar más atención a unos aspectos o a otros.


Es precisamente por eso que, a la hora de ir asentando ese incipiente vínculo que habrá de consolidarse con el tiempo, se debe procurar huir de conductas distantes y rigideces innecesarias. Siempre he pensado que la dominación no tiene por qué estar exenta de cordialidad. Como suele decirse: “lo cortés no quita lo valiente” y, yo, procuro guiarme por esa máxima extraída del saber popular. He de reconocer, no obstante, que han sido muchas las ocasiones en las que me he topado con personas que tienden a cuestionar este hecho y que interpretan la cordialidad en el trato como un signo de debilidad (aunque, en mi caso, suelan cambiar de opinión cuando, finalmente, consiguen sacarme de mis casillas).

Con todo esto quiero decir que, en lo que a mi se refiere, siempre he buscado establecer un trato cercano con aquellas que se han prestado a ser mis sumisas. Me gusta conocer sus inquietudes, sus anhelos, sus miedos y, para ello, necesito que se expresen libremente, sin excesivos formalismos. Soy de la opinión de que estar escuchando a todas horas un continuo, permanente y cansino “si bwana” no constituyen muestra alguna de progreso y son, precisamente, los progresos de nuestros sometidos los que determinan nuestra capacidad como dominantes.

Sé que son muchos los que no abogan por fomentar una excesiva familiaridad entre Am@s y sumis@s y que, además, de decidirse a ponerlo en práctica, puede llegar a suponer una ardua, frustrante y; en ocasiones; hasta exasperante tarea. Pero, para conseguir que una sumisa se entregue a mí en la forma que yo deseo que lo haga, resulta totalmente imprescindible.


Ahora bien. Que nadie piense que al decir esto vaya a consentir en modo alguno comportamientos caprichosos, desidia en al acatamiento de mis mandatos o cualquier tipo de acción irrespetuosa. Siempre he manifestado mi inclinación por aquellas sumisas con la cabeza bien amueblada, principalmente, porque no se escudan en una supuesta “candidez” que, las más de las veces, resulta ser falsa. Se les puede exigir más porque son más capaces y, por lo tanto, están dispuestas a hacer más, siempre que, claro está, uno se tome la molestia de conocerlas un poquito. Por último, si por cualquier motivo abusaran de la cercanía que antes he mencionado, o perdieran las formas en algún momento, serían conscientes de su falta y, por lo tanto, se debería de abstener de esgrimir excusas vanas y acatar la sanción que les fuera impuesta.


En definitiva. Aunque sé que serán muchos los que piensen de un modo distinto al mío, creo que un dominante no debe tener miedo a mostrarse cercano, siempre y cuando, eso sí, deje bien clara su posición y no le tiemble el pulso a la hora de adoptar una aptitud más firme cuando las circunstancias así lo requieran. Esto, en mi humilde opinión, facilita en gran medida que, a la larga, nuestr@s sometid@s se muestren tal y como son en realidad (sin artificios ni poses engañosas) y se abran a sus respectivos guías ofreciéndoles su más incondicional y absoluta devoción como contrapartida a las atenciones recibidas. Si no fuera así, para nada merecerían ser reconocidos por los apelativos sumiso o sumisa.

Pero…, claro. Esto es solo mi opinión.

Un saludo a todos.


lunes, 11 de abril de 2011

De íncubos y súcubos


Cuando hablamos de los orígenes del bdsm, generalmente, pensamos en los relatos de esos dos escritores que han servido para dar nombre a este tipo de prácticas. Me estoy refiriendo aquí al Marqués de Sade y a Leopold von Sacher-Masoch, pero, aunque sin duda, en su época rompieron bastantes moldes con sus historias, es muy probable que ninguno de los dos estuvieran tratando de sentar las bases para un nuevo comportamiento de índole sexual o amorosa. Sin poner en duda las apetencias y gustos íntimos de estos dos personajes, lo cierto es que en sus obras van más allá de lo meramente carnal.


En el caso del primero, desde su reconocida óptica de libertino, imprimió a sus escritos un claro discurso crítico hacia los abusos y atropellos que la clase dirigente de su época practicaba con total impunidad. Nunca fue un personaje cómodo para las autoridades, y eso que su vida trascurrió a caballo entre el fin del absolutismo, la revolución francesa y el ascenso de Napoleón, pero ninguno de estos regímenes llegó a verle nunca con buenos ojos y, después de haber estado entrando y saliendo durante toda su existencia de algunas de las prisiones más conocidas de su tiempo (caso de La Bastilla), terminó sus días recluido en una institución mental de Charenton.


Leopold von Sacher-Masoch, a pesar de desarrollar su actividad bastante más tarde (Sade falleció en 1814 y Masoch no nacería hasta 1836), también fue objeto de escándalo por la naturaleza de algunas de sus obras y por el carácter de algunas de sus vivencias. No obstante, sus intereses eran muy variados, así como sus inquietudes, y gustaba de prestar atención a multitud de facetas de la vida. Trato de dejar por escrito sus reflexiones sobre infinidad de temas pero gran parte de su obra quedó inconclusa y tan solo nos han llegado las notas y apuntes sobre las que trabajaba.

Tras esta pequeña introducción, voy a sumergirme de lleno en el verdadero “leit motiv” de esta entrada y que consiste (disculpad mi atrevimiento) en remontarme un poco más en el tiempo buscando un origen antropológico a lo que hoy llamamos relaciones D/s. De ningún modo pretendo hacerme pasar por ningún estudioso del tema y, desde luego, para nada pretendo emular a profesionales como el insigne Marvin Harris (cuya obra recomiendo encarecidamente), pero si que me considero una persona curiosa y, esa curiosidad, a veces, me hace establecer ciertos paralelismos que no tiene por que ser acertados.

En primer lugar quiero explicar lo que son los íncubos y los súcubos. El origen de estos vocablos proviene de las palabras incubare y sucubare (que significan, respectivamente, estar acostado debajo o encima de…). Se les podría considerar como las dos caras de una misma moneda (una masculina y otra femenina) y es que, ambos, eran un tipo de demonio que estaba muy presente en las creencias de la Europa medieval, aunque, en cierta forma, ya se los encuentra en el imaginario hebreo más antiguo. Algunas crónicas mesopotámicas ya mencionan a unos horripilantes engendros desprovistos de rostro que se gestaron de acto carnal habido entre un hombre y una diablesa.


El íncubo era la versión varonil de esta criatura demoníaca y el fin que perseguía era el de mantener relaciones sexuales con mujeres a las que sumía en una especie de trance y, de ese modo, extraer de ellas la energía vital de la que se alimentaba. Se suponía que, de estas uniones, podían engendrarse todo tipo de criaturas (seres deformes, con poderes mágicos o con una predisposición innata para hacer el mal).


El súcubo, como ya he dicho, era el equivalente femenino y, tanto sus habilidades como sus apetencias, venían a ser muy similares, se decía que sentían especial predilección por seducir a los monjes más jóvenes y apuestos, llegando a enloquecerlos, e incluso matarlos, de tanto fornicar.

Para la cerrada y represiva mentalidad moral de aquella época, íncubos y súcubos eran una explicación aterradora y muy socorrida a la hora de dar un sentido diabólico y, por lo tanto, peligroso a los sueños de naturaleza erótica. Tengamos presente que, para casi cualquier eventualidad, la presencia o intervención del “maligno” era algo recurrente en el medievo. Pero como muchas veces suele suceder, cuando las sociedades evolucionan sus mitos lo hacen también.


Cuando Bram Stoker creo el personaje de Drácula en 1897 se dice que lo hizo inspirado en un personaje real enmarcado en la figura del príncipe de Valaquia Vlad Draculea (o Vlad Tepes). Lo cierto es cuando se echa un vistazo a la biografía de este gobernante cruel y sanguinario comprobamos que la similitud con el protagonista de la novela resulta meramente nominal. En cambio, si que existen muchos puntos de unión entre este Drácula moderno y las míticas criaturas que antes he mencionado.


Llegados a este punto, es cuando me voy a atrever a exponer una osada equivalencia:

¿Amos = íncubos?

¿Amas = súcubos?

No hay duda que, de ningún modo, trato de extrapolar aquí la esencia sobrenatural de los segundos sobre los primeros, pero, la esencia de la posesión, de ese lado oscuro y prohibido, de ese acto lúbrico e irrefrenable al que el sujeto pasivo se entrega sin poder evitarlo… ¿no está presente en las bases de este tipo de leyendas? Y, a riesgo de rizar el rizo… ¿no subyace en la estética gótica que existe en la actualidad una cierta relación con todo lo anterior?

Ahí lo dejo, a ver que es lo que opináis vosotros.

Pero, antes de irme, un último apunte. ¿No pensáis que en el bdsm, al igual que sucede con ciertos cánones vampíricos, no se puede entrar en la casa (entiéndase vida) de nadie si, previamente, no se ha sido invitado?

Cuidado con lo que soñáis esta noche.

lunes, 4 de abril de 2011

BDSM e internet



Supongo que; los que ya lleváis algún tiempo tratando de desenmarañar el hilo de mis eclécticas divagaciones; ya os habréis hecho una idea de cuál es mi modo de pensar.

Quisiera ahora compartir con vosotros una faceta más, de aquellas que conforman mi personalidad, dándoos a conocer mi opinión respecto a ese nexo tan particular que se da entre la red y los que conformamos este universo paralelo que constituyen las relaciones D/s.

En primer lugar, decir que internet, como herramienta, ha supuesto el mayor hito en lo que respecta al intercambio de información. En este aspecto, nunca antes en la historia de la humanidad hemos contado con un medio para comunicarnos que sea tan inmediato y fluido, para el que las distancias y las fronteras geográficas no suponen ningún impedimento. Sucesos e ideas se desplazan a los cuatro puntos cardinales mediante un simple “click” y si hay alguna traba que nos impida hacernos eco de todo cuanto alberga el ciberespacio, la mayor es, sin duda, la inabarcable cantidad de elementos que en él podemos encontrar.

En lo que se refiere al ámbito exclusivamente bdsm, viene a suceder un poco lo mismo, aunque a una escala menor. Realmente, a primera vista, sobrecoge la cantidad de datos que, sobre este asunto, podemos encontrar en la red. Pero, si nos sumergimos un poco más en las procelosas aguas de la temática sadomaso, nos damos cuenta que la densidad va aumentando cada vez más, que la fauna que las habita es de lo más variada y que no deja de contar con un buen número de corrientes (unas más intensas que otras) que se mueven en distintas direcciones.
Diciendo esto, es lógico pensar que resulta bastante difícil hacerse una idea uniforme de lo que son las relaciones D/s, pero esta cuestión, para mi, tiene una explicación muy sencilla: <<No es posible encontrar uniformidad porque no la hay>>. Una y otra vez vamos a toparnos con los esfuerzos de algunos por catalogar y clasificar tipos, géneros, intensidades, etc.., y, aunque como ejercicio organizativo pueda estar muy bien, a la hora de la verdad, su utilidad práctica, resulta más bien escasa.

Otro de los motivo que está detrás del triunfo del bdsm en internet reside, a mi entender, en el anonimato desde el cual podemos lanzar todo tipo de manifestaciones. Esto, que un principio ayuda a sincerarse sin el temor de resultar estigmatizados en nuestro entorno cotidiano, a atraído a un buen número de mal llamados “curiosos” que no buscan conocer realmente lo que puede reportar este tipo de experiencias, si no que, más bien, van buscando la confrontación mientras generan situaciones de conflicto donde, previamente, no las había. Hay quien los califica como una especie de subproducto, otros los ven como un mal necesario ante el que hay que claudicar en bien de la libertad general. Para mi se trata, simplemente, de unos toca-pelotas a los que no conviene prestar más atención de la necesaria y que, como sucede con las mierdas que muchas veces aparecen en el suelo ante nosotros, lo mejor es limitarse a esquivarlos sin pararse y sin entrar en discusiones sobre sus colores o texturas.


En este mundo digital, también podemos toparnos con una amplia variedad de Amas y Amos, sumisas y sumisos, que ofrecen sus servicios a cambio de una contrapartida económica o de cualquier otro tipo. Por horas, por noches o, incluso, de forma indefinida, previa aceptación (como no) de sus propias condiciones. Indudablemente, esto también forma parte de ese conjunto general en el que se engloba todo aquello que guarda cierta relación con el bdsm pero… ¿responde realmente a la idea primigenia?, ¿consigue que aflore la esencia de lo que es el verdadero espíritu de las relaciones D/s? No sé que pensareis vosotros pero, ante estas preguntas, mi respuesta es claramente “NO”. Del mismo modo, no me cabe la menor duda de que aquellos que se prestan a ofrecer este tipo de servicios cuentan con un puñado nada despreciable de adeptos aunque, a estos, no creo que se les pueda considerar como a unos seguidores convencidos del arte bdsm (independientemente de su filiación) ya que centran su atención sobre este tema, solo, en momentos puntuales y sobre un plano exclusivamente físico.

Sin duda que podría continuar poniendo ejemplos, pero, entonces, estaría entrando en una suerte de catalogación y no es ese el objetivo que persigo. Lo que pretendo, más bien, es mostrar hasta que punto pueden llegar a ser confusas y engañosas las voces “supuestamente” autorizadas que sobre el bdsm encontramos en la red. Incluso, voy a atreverme ha ir un pasito más allá en esta misma dirección. Para todo aquel que no lo sepa, decir que no soy muy amigo ni de los chats ni de las redes sociales, por muchas razones, pero, con respecto a lo que aquí nos ocupa, sobre todo porque, normalmente, están repletos de falsedades y frivolidad. No digo que no te puedas encontrar con personas íntegras y maravillosas, pero, con demasiada frecuencia, estos sitios parecen haberse convertido en el coto de caza favorito de cierto tipo de depredadores que sacan tajada de la inexperiencia de aquellos que se acercan a la D/s por primera vez, aprovechándose de la curiosidad, en este caso lógica (y por otra parte, necesaria), y de la ilusión, a veces un tanto insensata, ante un nuevo descubrimiento, existen ciertos individuos que se han especializado en “captar” a los incautos con el fin de utilizarlos como un instrumento para unas apetencias que, las más de las veces, poco o nada tienen que ver con el bdsm. Sucede que, al ser esta una corriente donde la obediencia tiene un valor tan relevante, eso sirve de excusa para no tener que dar demasiadas explicaciones. Para evitar esto, yo siempre he recomendado paciencia, mucho diálogo y observar muy bien a las personas, siempre de un modo tranquilo, desde el respeto y lo más cara a cara que sea posible, sin que ningún grupo este ejerciendo un respaldo y sin que las voces de terceras personas traten de inmiscuirse en aquellas cuestiones que no les competen. Cuando estamos solos es cuando nos mostramos tal y como somos en realidad. Resulta muy sencillo ir de gallito o tigresa cuando se cuenta con un público que te jalea. Así que mucho cuidado pues, en internet, no es bdsm todo lo que reluce.

El tema da para mucho más, así que espero vuestros comentarios para ir dándole todos los enfoques que, a buen seguro, se me habrán pasado por alto.

Un saludo a todos.
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