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miércoles, 28 de diciembre de 2011

La soledad del dominante.



Suele hablarse con bastante frecuencia (y, en ocasiones, hasta con cierta ligereza) de las abundantes prerrogativas con las que cuenta un/una dominante cuando toma a alguien bajo su mando a fin de mostrarle el tortuosos camino que conduce a la sumisión.

Parece que, cuando esto sucede, todo fueran prebendas, ventajas y divertimentos varios. Pero eso solo supone la cara más seductora de la dominación. Como tantas y tantas cosas, todo cambia cuando se deja de lado el juego y se empieza a hablar de cuestiones más serias.

Sabéis que nunca he pretendido establecer un único modo de entender la D/s y que creo que cada cual es muy libre de defender su propia visión (siempre y cuando no trate de imponerla a los demás). Es por eso que aquí voy a dejar constancia de mis propios fundamentos sin esperar que sean comprendidos, aceptados o asumidos.

En primer lugar, decir que la postura del dominante no resulta tan cómoda como en un principio pudiera parecer pues; aunque sí se beneficia de los variados servicios que le son prestados; nunca (o, al menos, las más de las veces) le vienen dados porque sí. Todo cuanto obtiene le llega merced a su esfuerzo al aplicar sus enseñanzas. Estas podrán diferir en función a cada caso, así como los métodos empleados a la hora de inculcarlas, pero únicamente sobre el/la Am@ recae esa responsabilidad y; por si alguien lo pone en duda; nunca resulta fácil llevarla a la práctica.

También está la cuestión de profundizar en el conocimiento de esa persona que se entrega a nosotr@s. Resulta indispensable conocer sus intereses, metas, temores, anhelos, etc…, y, para ello, siempre es necesario el empleo de muchas horas de paciente y profunda observación. Nuestros designios (al menos así lo creo yo) siempre han de tener un porqué; aunque este no resulte evidente en un principio; y debemos procurar huir del tantas veces aplicado: “Porque lo digo yo, y ya”. Puede haber quien esgrima que la sumisión pura se basa; precisamente, en la aceptación de tan incisivo enunciado, pero yo soy de la opinión de que hay maneras y maneras, de que una misma idea, puede ser trasmitida de muy diversas formas y, dependiendo de esas formas, los resultados pueden llegar a ser muy distintos.

Un/una dominante, desde un principio, a de mostrarse extremadamente clar@ (tajante incluso) y abstenerse de ocultar o maquillar la verdad pues, la realidad, siempre acaba desvelándose. El, o ella, sabe perfectamente que es lo que desea y que serie de cuestiones no está dispuest@ a tolerar en modo alguno, así que, desde un inicio, la dominación bien entendida entraña una amplísima concreción, por mucho que este hecho pueda suponer un rechazo. Cuando se hace necesario el empleo de artimañas para convencer a los demás el fracaso está más que asegurado.

Antes he mencionado el tiempo que es necesario emplear en conocer a nuestr@s sometid@s, pero la paciencia en un/una dominate no debe de verse limitada a ese único campo. Reviste este hecho un particular importancia debido a que, aquell@s que se sientan inclinad@s a convertirse en nuestr@s discípul@s, se verán irremediablemente abocad@s a realizar un gran acopio de perseverancia y tesón. En buena lógica, resulta de justicia que aquell@s que ostentemos el mando tengamos a bien hacer otro tanto.

Como veis, en mi humilde opinión, no resulta baladí el hecho de atribuirse a título personal la etiqueta de “dominante”, y eso que solo he puesto de relieve algunas de las virtudes de las que; a mi entender; debe de hacer gala cualquiera que se considere digno ( o digna, según el caso) de ejercer la dominación.

He de apuntar también que no estoy diciendo nada nuevo y que no me considero ni innovador ni aventajado en cuestiones de esta índole. Ya en la obra de Maquiavelo, “El Príncipe” (cuya lectura recomiendo muy encarecidamente a todo quien albergue inquietudes dominantes), podemos encontrarnos con un sinfín de pasajes donde aparecen apuntadas estas mismas ideas, si bien, enfocadas a un ámbito algo distinto. De todas formas, independientemente de donde se aplique, un buen gobierno no deja de ser un buen gobierno.

Y bien, ¿a qué ha venido todo esto? Simplemente, para dejar constancia del hecho de que no siempre parecen tenerse claras las motivaciones que llevan a un/una dominante a serlo. Porque no es fácil entender desde el otro lado las implicaciones que conlleva nuestra posición. Porque los métodos de los que nos servimos para aplicar nuestras enseñanzas suelen ser tachados de caprichosos, egoístas y hasta incoherentes, pero, aunque así fuera, primeramente habrá de darse el caso antes de lanzar cualquier acusación. Porque desde las envidiadas alturas en las que se nos supone eternamente, a veces con cierto recelo, no encontramos la tan necesaria colaboración que nos ayude a cumplir adecuadamente con nuestro cometido. Y no solo eso, si no que, además, resultan incontables los momentos en los que nuestra autoridad se ve cuestionada (lo cual resulta totalmente lícito) pero sin tener en cuenta que cuando este hecho se da de forma reiterada en una misma persona…, ¿qué tipo de entrega se desprende de sus actos? Podemos ser malos dominantes y merecemos ser criticados si así fuera, pero, si las quejas de las que se nos hace acreedores son por ese motivo…, ¿por qué seguir soportándonos?


Solo quisiera añadir una cosa que es, como casi todas las anteriores, de mi propia cosecha, y es que no obligamos a nadie a permanecer a nuestro lado, pero quien quiera aprender de nosotr@s lo primero que tendrá que hacer es dejarse enseñar.

Un saludo.


3 comentarios:

  1. Buenas noches mi Señor,

    Leo Tus palabras y las comprendo, pero no puedo evitar entristecerme un poquitirritin, aunque imagino que al igual que mi sitio tiene sus dificultades, el Tuyo también, y ésta que comentas debe ser una...

    Sé que tratas el tema en general, no como algo personal, pero me ha hecho pensar que en muchas ocasiones me centro en mi misma, únicamente en mi avance y me "olvido" de lo que puedes estar sintiendo Tú.

    Siempre quiero que mi servidumbre te haga feliz y te sientas completo, facilitarte el camino para que mi dominio no sea tan ardua tarea.

    Sé que no siempre consigo cumplir el deseo de satisfacerte, que en demasiadas ocasiones te lo pongo difícil, pero confío en Ti, en Tus enseñanzas y en lo que siento cuando cedo a Tu guía.

    Ayúdame mi Señor a ser Tuya como deseamos, y hacer de este camino un bello reto para ambos...

    Confio en Tu doma y en mi decisión de seguir esforzandome...

    Gracias por mostrarme algo mas del otro sentir, que no siempre se me da bien ponerme en ese sitio.

    A Tus pies mi Señor....te amo

    (perdona el rollo...no prentendía alargarme tanto...ains)

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  2. Expláyate cuanto quieras mi querida dana. Sabes cuanto me gusta generar interrogantes que lleven al inicio de una búsqueda.

    Respecto a lo demás..., nada es fácil en la vida, mas..., cuanto más nos cuestan las cosas, más disfrutamos al obtenerlas, ¿no?

    Un beso y un azote mi dulce sierva.

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  3. Muchas gracias mi Señor por permitir mi expresión en Tu ciudad, es una alegría poder dejar en ella mi huellita.

    Bien sabes que Tus interrogantes me motivan, me hacen sentir viva y mantienen alerta mi mente...

    Y por supuesto que lo que cuesta tiene un mayor disfrute, pero es un objetivo para mí servirte para hacerte la vida mas placentera...aunque sé que enseñarme a ello es un gran reto para Ti...

    Un besote grande!
    A Tus pies mi Señor

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