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martes, 10 de abril de 2012

Bajo horizontes nublados.



No me cabe duda de que ha habido unos cuantos a los que el clima imperante durante la pasada semana les habrá chafado el breve periodo vacacional del que les era posible disponer. A buen seguro que (unos más que otros) se habrán  lamentado por su mala suerte al ver truncados sus planes por lo intenso y pertinaz de los aguaceros con los se han visto obligados a convivir.

En esta tierra en que habito contamos con un personaje mitológico al que hacer responsable de tamaña tropelía, aunque, teniendo en cuenta su naturaleza y los motivos que suele esgrimir a la hora de desatar su cólera, conviene no mostrarse excesivamente receloso ante las consecuencias derivadas de sus actos. Se trata de “El Nuberu”.

Representado como un anciano de gran estatura, malcarado, de larga y poblada barba y que lleva su cabeza cubierta por un gran sombrero de anchísima ala rematado en un pico interminable, gobierna El Nuberu el reino de las nubes meditando siempre si resulta o no procedente descargar su furia sobre la necedad de los hombres.

Puede convocar a las tormentas, agitar los vientos y arrasar bastas extensiones provocando lluvias torrenciales, pero no se trata de un ente malévolo en su fondo a pesar de su carácter iracundo, ya que puede mostrarse en extremo benévolo con las personas virtuosas y justas.

El hecho de que recalara a tierras astures se debe a un pequeño accidente. Se cuenta que procedía de Egipto y que, quedándose dormido sobre una nube, fue arrastrado por los vientos y, durante su sueño, terminó cayéndose muy lejos de su hogar, precisamente, en Asturias. Hallándose en tierras extrañas para él, solicitó cobijo a los lugareños con los que se fue encontrando pero todos se lo negaban por el temor que les infundía el aspecto de aquel extranjero de mirada torva. Finalmente, se encontró con un humilde labrador que no dudó en hospedarlo en su casa y, al día siguiente, El Nuberu le reveló su condición sobrenatural y le prometió que nunca le faltaría el agua para sus cultivos. Después marchó de vuelta a su hogar pero, antes, decidió arruinar las tierras de todos aquellos que le habían negado su hospitalidad descargando sobre ellas una terrible tormenta y mostrando, de paso, su lado más vengativo.

Mucho cuidado pues con El Nuberu, con enojarlo o contradecirlo, ya que, una vez desatado, no suele atender a razones. De todas formas, si nos vemos afectados por su cólera, dicen que le incomodan los sonidos metálicos y que el tañer de las campanas, a veces, consigue perturbarle tanto que termina por marcharse. También existe la creencia de que es posible aplacarle mediante el humo que desprenden el romero y el laurel. Si todo esto resulta insuficiente, hay unos versos populares en los que se le exhorta a abandonar sus hábitos más destructivos:


Aparái nube y nubláu
que Dios pue más qu´el diañu.

Apara, nube; apara, Nuberu;
Apara tú, que Dios pue más que tú.


Tenedlo presente porque… ¿quién sabe?


Un saludo bajo las nubes.



4 comentarios:

  1. Saludos azules desde mis horizontes rojos...

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    Respuestas
    1. Gracias algamarina.

      Un cálido abrazo desde mis paisajes grises.

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  2. Pues siendo asi la historia temo ni haber sido del todo buena porque bien sabes que el Nuberu suele acompañarme y en esta ocasión no ha sido distinto, aunque quizas en mi caso no sea vengativo, sino que somos buenos amigos, y como sabe que me gusta una buena "tempesta" delante de la hoguera, me concede ese favor....

    No hay nada mejor que una buena lluvia que da aroma a la tierra y limpia todo a su paso, y mas aún si estando en casita estas Tu a mi lado para calentar mi cuerpo y dar aliento a mi alma.

    Adoro sentir como fuera llueve y truena y dentro....tambien....jijiji

    Gracias por darme a conocer un poquito mas Tu tierra y las creencias que en ella se albergan....me encanta!!!

    Muchos besitos humedos!

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    Respuestas
    1. Muy cierto, mi dulce sierva. Sabes que, muchas veces, la mejor respuesta a ciertas preguntas es un escueto... "depende".

      En cuanto al hecho de conocer..., bueno, eso es, al menos, cosa de dos. Uno que procura enseñar y otro que se esfuerza en aprender.

      Un beso y un azote.

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