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martes, 29 de mayo de 2012

¿De quita y pon?



Tiendo a pensar (no sé si acertadamente o no) que las bases que subyacen en el fondo de todas las cosas tienden a ser notablemente sencillas. Eso no quiere decir que resulte fácil dar con ellas a primera vista, ya que, la propia inercia de nuestro conocimiento nos lleva siempre a entender que el avance ha de ir ligado indefectiblemente a algo que, en esencia, pueda definirse como novedoso. Realmente, esto es así, pero esta definición esconde una trampa, pues, muchas de las herramientas con las que contamos resultan susceptibles de ser empleadas con otros fines distintos de los que normalmente les tenemos asignados; siempre y cuando, eso sí, seamos nosotros los que cambiemos, previamente, nuestro enfoque. Este hecho, en sí mismo, ya constituye una novedad.

¿Por qué digo esto? Todos hemos oído alguna vez aquello de “el árbol que no deja ver el bosque”, pero yo creo que son muchos los casos donde, la máxima a emplear, podría ser, justamente, la contraria. No son pocas las ocasiones en que, teniendo una idea clara en nuestras mentes, nos dejamos distraer por la exuberancia del entorno y nos vemos abocados a perder nuestro rumbo y olvidar el objetivo que inicialmente nos impulsaba.

En el caso particular del bdsm, sucede que son muchas las distracciones que nos salen al paso y, merced a ellas, tendemos a olvidarnos de cuál es realmente la esencia.

Tal vez no debería estar hablando aquí del bdsm en genérico y sí de las relaciones D/s en un sentido más íntimo, pues, para la práctica de según que juegos de índole bdsm no es necesario sentirse ni dominate ni sumiso. Como ya he manifestado en multitud de ocasiones, soy de la opinión de que el límite; entre estas prácticas y aquellas otras consideradas de carácter más convencional; hace ya tiempo que quedó muy desdibujado. Es por ello que quiero dejar claro que, lo aquí expuesto, únicamente es un reflejo de mi opinión personal y que en modo alguno pretendo establecer ninguna clase de parámetro sobre lo que ha de ser considerado correcto o incorrecto.

Yo me siento dominante, y recalco lo de “me siento” pues no creo que me haya hecho a mi mismo en ese sentido. Para mí, tanto la dominación como la sumisión, se asemejan más a un estado mental que a cualquier otra cosa y, por ende, no es algo que vaya a cambiar de un día para otro. Cuando ese sentimiento está presente, y se da con la persona que es capaz de complementarlo, no resulta necesario ningún tipo de aditamento para cultivarlo y crear ese vínculo tan especial que confieren esta clase de relaciones. Esto no quiere decir que no se pueda hacer uso de todo aquello que potencie ese sentimiento, pero, ¡¡cuidado!!, sin perder nunca de vista ese “árbol” que nos había impulsado previamente a entrar en el bosque.

Todos conocemos la existencia de determinados comportamientos preestablecidos; de determinadas poses; tanto estéticas como formales; que tienden a sugerir la adopción de un determinado rol. Pero mi pregunta es: ¿Son capaces de proporcionar por si mismos ese sentimiento del que os he hablado? ¿Se puede crear de la nada algo tan intenso y profundo sin que antes no existiera esa inquietud personal? Supongo que habrá respuestas para todos los gustos, pero yo voy a mojarme y dar la mía. Sencillamente: “NO”.

Con esto no pretendo censurar ni las inclinaciones ni los gustos de nadie. Simplemente, para mi, la dominación o la sumisión es algo que se lleva dentro, que no es posible forzar ni, tampoco, desprenderse de ello. Es una necesidad, un anhelo si se quiere, muchas veces esquivo y que, de ninguna forma, se puede ver reducido a una mera excitación momentánea o a un capricho pasajero. No sé es para luego dejar de serlo.

No solo respeto, si no que comprendo, que haya muchas personas que se adentren en este mundo con unas motivaciones muy distintas a la mías y, yo mismo, en otras circunstancias, no le haría ningún asco al hecho de vivir determinadas escenas esporádicas sin ningún tipo de vinculación que fuera más allá de la propiamente física del momento. Pero, siendo consecuente, de ser así, no podría calificar eso como una relación D/s porque, en buena lógica; ¿dónde estaría la relación?

Un saludo a todos.


2 comentarios:

  1. La verdad es que me resulta complicado opinar sobre este peliagudo tema, no porque me de miedo hacerlo, sino porque aunque lo respeto, siempre que se vaya con la verdad por delante, me cuesta comprenderlo.

    Y me cuesta no porque no crea en la posibilidad de realizar practicas BDSM aisladas o esporadicas, que me parece interesante si es lo que te resulta placentero, y nada malo tiene que asi sea si entre las partes asi se desea, pero me resulta incomprensible que, en muchos casos, se empecinen, incluso llegando a enfadarse u ofenderse, en denominarse a si mismos Dominantes o sumisos, pues para mi nada de eso tiene, siendo por supuesto tambien mi opinion, aunque en un momento determinado asimilen a la perfección el comportamiento esperado...

    Es como si a mi me gustase jugar a los medicos y obligase a los demas a que me consideraran como a una doctora y asi me llamaran....

    Aunque no tenga en si mismo importancia la palabra que se use, sino el sentimiento que se posea y el vinculo que se cree, las cosas tienen un nombre por algo, y hay que llamar a las cosas por su nombre para que todos podamos entendernos....en su intimidad que se llamen como deseen pero si queremos ser comprendidos por los demas debemos hablar en el mismo idioma y los mismos terminos, sino mal vamos....

    No lo comprendo porque no es mejor ni peor que nada, no es cuestion de modas ante las que mostrarse a la ultima y ser la mas chic, sino solo de sentimientos intimos personales, que cuando se albergan sientes la necesidad de saciarlo....

    Asi lo veo yo....

    Besitos y cuanto desees....

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    Respuestas
    1. Como viene siendo habitual, poca o ninguna necesidad tengo de añadir algo a tus palabras.

      Sí que quiero decirte que me ha gustado mucho tu símil sobre los médicos, y que (salvando las distancias) me parece un ejemplo muy sencillo y acertado.

      Un beso, un azote y lo que deseo..., me lo guardo.

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