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sábado, 21 de julio de 2012

"Gatetes".



Como a buen seguro más de uno lleva algún tiempo esperando, por fin se ha estrenado “El caballero oscuro. La leyenda renace”, la última entrega (se supone) de la exitosa trilogía sobre Batman.

He de reconocer que me encanta el giro que el director, Christopher Nolan,  ha sabido dar a un personaje que parecía abocado al olvido tras una larga serie de adaptaciones no demasiado afortunadas. No solo ha conseguido darle un estilo mucho más creíble (lejos de aquellos barrocos decorados de cartón-piedra) si no que, además, ha logrado desprenderse de la extravagancia a la hora de confeccionar la indumentaria tanto de héroes como de villanos.

En ese sentido, solo puedo ponerle una pega a este film, y es que, para esta ocasión, se ha recurrido al personaje de Catwoman, interpretado por la actriz Anne Hathaway). Aunque reconozco que de haberlo hecho de otra forma hubiera quedado fatal, viendo la línea de las dos películas anteriores, como buen amante del fetish; aunque si que puedo admitir alguna ligera variación; para mí solo existe una manera de poder imaginarse a este personaje de hábitos felinos.

Lo pasaremos por alto esta vez por tratarse de exigencias del guión pero, “las gatitas”, cuando lo son realmente, deberían serlo con todas las consecuencias.

Un saludo y feliz finde de película.


miércoles, 18 de julio de 2012

Límites.



Como bien sabéis todos cuantos estáis al día de lo que se viene cociendo en esta ciudad, no ha mucho que mi estimada sierva me puso en un pequeño brete al plantearme cierta consulta. Lo cierto es que la “preguntita” en cuestión se las trae pero, como he sido yo quien ha abierto las puertas a la posibilidad de que me fuera formulada, ahora toca ser fiel a la palabra emitida y expresar claramente mi opinión aún a riesgo de adentrarme en terreno resbaladizo.

Para aquellos que no lo sepan, lo que dana deseaba era conocer mi postura acerca de los límites que se dan dentro de una relación D/s, pero, como se trata de una cuestión tan delicada (a la par que subjetiva), antes de entrar de lleno en ella me gustaría compartir con todos vosotros unas líneas que leí hace ya algún tiempo y que; aunque parezca que no tienen mucho que ver con lo que aquí se va a tratar; veréis como al final cobran mucho sentido.

Se trata de un fragmento extraído del libro “El otro lado del sexo” donde la autora, Valérie Tasso, rememora una conversación mantenida con un amigo de tendencias sumisas. Dice así:

- Esto del SM es una mierda, Valérie – me dijo un día, mientras introducía en su portátil una peli porno de Amrita, una dómina japonesa muy famosa entre los entendidos.
- ¿A qué te refieres? Pensaba encontrar cosas peores. La verdad es que casi todos sois buena gente y vivís el tema de manera muy sana, con mucho respeto.
- No. Eso es una mierda. Cuando empiezas, estás acabado. Porque siempre pones tus límites un poco más allá. Y volver atrás no te interesa. Al principio, me excitaba con fustazos. Después, quise probar otras cosas. Ya no sé adónde voy a parar. Me da miedo.
Aquellas palabras me atormentaron. Me dijo que el mayor riesgo del SM es que podía llegar el momento en el que todo pareciera insípido. No estoy del todo de acuerdo con él. Teniendo conciencia de la situación y siendo suficientemente maduro, puedes evitar los peligros. De la misma forma que ante el hambre no hay que comer compulsivamente para no acabar enfermo, en el SM ocurre lo mismo.

Volveré después sobre estas palabras para argumentar con ellas mis ideas pero, ahora, ha llegado el momento de develar de qué están compuestos los pilares sobre los cuales descansa mi filosofía.

En primer lugar, decir que, para mí, existen dos tipos de límites. Unos son los que vienen dictados por el sentido común y otros los determinados por el carácter personal de cada cual. Los primeros nunca debería ser sobrepasados (aunque, indudablemente, no deja de haber quien lo hace aún a riesgo de causar un grave quebranto en su propia integridad; física o mental; o en la de los demás). Los segundos, en cambio, siempre son susceptibles de ser superados, aunque, con esto, no quiero decir que esto sea algo que haya de hacerse de forma obligatoria. No obstante, la mera posibilidad de que tales barreras puedan ser franqueadas en algún momento, ya constituye un importante paso hacia adelante en lo que al planteamiento sobre límites se refiere.

Rutina e inmovilismo son dos de los peores enemigos con los que cuenta el sostenimiento de cualquier tipo de relación personal, y aquellas que pudieran estar teñidas por atributos de índole D/s no van a ser una excepción.

Para mí, el hecho de poder ir superando ciertos límites supone la culminación de un desafío, la recompensa al esfuerzo y dedicación compartidos pues, no olvidemos, las relaciones D/s son un trabajo que se reparte entre dos personas, cada uno desde su propio rol pero, siempre, avanzando en paralelo.

Los límites de este tipo no tienen por qué ser del todo inamovibles y, para que se me entienda mejor, intentaré explicarlo con un ejemplo. Si en algún momento decidimos iniciar la práctica de un deporte, todos somos conscientes de nuestras limitaciones al principio. ¿Alguien medianamente realista se creería con posibilidades de ganar el Tour de Francia sin ser capaz de mantener el equilibrio sobre una bicicleta? Resulta obvio, ¿verdad? Pues, con el bdsm sucede un poco lo mismo. De entrada existen muchos límites pero, estos, no vienen determinados por una incapacidad innata si no, simplemente, por una falta de preparación o, si se quiere, de conocimiento. Con el tiempo, y una guía adecuada, todo se irá desarrollando de forma gradual y será  entonces cuando cada persona podrá descubrir donde están realmente sus límites.


En ese sentido, la paciencia (sí, la odiada paciencia) se muestra tremendamente importante  pues no resulta demasiado conveniente imprimir un ritmo excesivo al avance. Volviendo al símil deportivo, un sobreesfuerzo; sobre todo si es continuado; tiene todos los visos de convertirse en una lesión que, a la postre, echaría por tierra gran parte del trabajo realizado con anterioridad.

Así mismo, tenemos que ser conscientes de nuestras propias capacidades y ser realistas con respecto al hecho de que no todas las personas pueden proclamarse campeonas del mundo en su propia categoría. Igual de engañoso resulta el hecho de estar viendo limitaciones por todas partes, como la tozudez de no reconocerlas en ningún sitio.

Un rasgo que, a mi entender, refleja de una forma un tanto negativa la percepción que se tiene de los límites dentro de la relaciones D/s es que, estos, parecen ir ligados de forma casi exclusiva a las prácticas de carácter físico. La superación genera confianza y, en ese sentido, cualquier campo puede sernos de gran utilidad para trabajar ese concepto. Las pequeñas fobias o miedos cotidianos pueden ser una buena oportunidad para plantear desafíos (siempre de forma medida y razonable), que sin tener una relación específica con la D/s, si que pueden servir para generar una mayor autoestima.

La labor de quien ejerce el rol dominante es muy importante en ese sentido. Es, por así decirlo, el entrenador responsable de obtener el máximo potencial de aquel que se pone en sus manos. A veces, tendrá que mostrarse un pelín exigente si ve que el rendimiento de una persona está por debajo de sus posibilidades, pero, en otras ocasiones, también puede verse obligado a refrenar unas ansias un tanto desmedidas como, tal vez, pudiera ser el caso del amigo de Valérie que hemos visto antes. Siempre he pensado que, por principio, un dominante a de velar por el bienestar y el equilibrio de quien se le ofrece, y eso incluye; como también apuntaba Valérie; retirar el plato de la mesa cuando existe el riesgo de que la ingesta pueda resultar excesiva y/o dañina.

Resulta evidente que las siglas bdsm conllevan un alto nivel de exigencia, pero eso no implica que su objetivo consista en desfondar a un ser humano. En ocasiones, tan importante es saber pararse como saber parar a los demás. Hay quien confunde esto con una falta de confianza o con un desprecio hacia las cualidades de quienes se someten, pero lo cierto es que de poco sirve desplazarse muy rápido si, al hacerlo, estamos sacrificando la posibilidad de llegar más lejos.


Bien dana. Esa es mi opinión sobre este tema. Espero que haya resultado de tu agrado, aunque, en este caso, creo que has jugado con un poquito de ventaja ¿No es así?  O... ¿acaso existe una segunda intención escondida tras tu inocente demanda…?

Un saludo para todos (…y un beso y un azote para ti, mi dulce y revoltosa sierva).


lunes, 16 de julio de 2012

Identidad.



Derecho establecido entre aciertos y faltas.
Retiro de un mundo de resquebrajadas normas.
Aliento constante que cruza fronteras,
trazadas antaño como linde a unas formas.

¿Sentido o destino? ¿Fortuna o deshonra?
¿Quién sabe del riesgo si nunca lo asume?
La dicha engañosa se muta en rutina,
el logro trasciende mientras se construye.

Paciente la horma distingue al modelo,
imprime su casta y evita quebrantos;
se sabe distinta y… ¿por qué no serlo,
siendo un recurso entre tantos y tantos?


jueves, 5 de julio de 2012

Valoraciones relativas.



Ciertamente, todo el mundo contamos con nuestros propios ideales para cualquier cosa, momento o situación. Resulta algo lógico e incontestable aunque, en honor a la verdad, no es algo en lo que depositar todas nuestras esperanzas a la hora de tomar nuestras propias decisiones.

El razonamiento idílico constituye una variable más de nuestro propio intelecto y, empleado con acierto y mesura, puede ser la clave para nuestro desarrollo como personas. Digo esto porque no suelo ser yo demasiado partidario de jugárselo todo a la carta de un ideal si, este, no va acompañado de un inequívoco componente práctico que lo sostenga y le otorgue, al menos, unas ciertas garantías de éxito.

Un ideal demasiado amplio e indefinido resulta (por contradictorio que parezca) extremadamente restrictivo, pues acota nuestra visión a unos límites determinados y preconcebidos. Hacer que esas pautas autoimpuestas se amolden a nuestras realidades cotidianas puede convertirse; cuando son muchas; en una tarea harto difícil.

Como dominante, lo mismo que en cualquier otra faceta de mi existencia, también me veo tentado por el; en ocasiones; traicionero impulso de buscar una perfección que se amolde a mis gustos y apetencias, pero, cuando esto sucede, consigo abstraerme de ese caprichoso influjo pensando en aquellas cosas que, para mi, son realmente importantes.

Todos, si nos paramos a pensarlo, contamos con ciertas prerrogativas irrenunciables de las que no somos capaces de prescindir por mucho que lo intentemos, y yo, concretamente, tengo dos que no soy capaz de ignorar independientemente de a qué cuestión me esté refiriendo. Por ello, a la pregunta de  alexia{All} sobre qué es aquello que más admiro en una sumisa, no me queda más remedio que responder que: “Lo mismo que valoro en todas las personas en cualquier circunstancia”. Lo primero, que sea sincera y, lo segundo, que sea constante.

Por supuesto que hay muchas otras cosas que podrían suponer un aliciente para mí, como por ejemplo que contara con un físico de infarto, que compartiera todos mis gustos y aficiones o que contara con una situación económica envidiable. Son solo algunos ejemplos pero os aseguro que hay muchos más, ¿para qué negarlo? Pero nada de eso me serviría de mucho sin esas dos premisas que he apuntado antes, y…, sinceramente, ¿hay alguien que acepte de buen grado el hecho de tener que permanecer al lado de una persona voluble y embustera? ¿A cambio de qué?

Como ya he dicho, cuando el brillo del oropel me deslumbra procuro pensar en si realmente lo necesito.

Gracias alexia{All}por plantearme este tema y haberme hecho reflexionar. Espero haber sabido dar acertada salida a tu inquietud.

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