Embajadas

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viernes, 30 de noviembre de 2012

Salto al vacio.



Desigual fortuna nos trae el destino
que impone sus reglas con cartas marcadas.
Lo que hoy nos ofrece sin ser exigido
mañana nos priva usando artimañas.

Paladines insulsos nos venden remedios,
realizan promesas sobre un cheque en blanco.
Nos dan garantías sobre buenos tiempos
sin saber siquiera de qué están hablando.

Los hados actúan y ejercen su influjo;
no saben de normas, previstos o plazos.
¿Cuál es pues la ciencia que empuja a esas voces
a dar ya por ciertos sus sueños dorados?

No acepto sus chanzas sobre un buen futuro,
palabras vertidas con nulo respaldo.
No salto al vacío si no estoy seguro
de que hay un amigo debajo, velando.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Virtudes impúdicas.



Bueno es carecer de vicios, pero muy malo no tener tentaciones.

Walter Bagehot. (Periodista, ecónomo y jurista inglés)


martes, 27 de noviembre de 2012

Dimensión afectiva.



Ya sé que muchos vais a decirme que, lo que voy a exponer a continuación, no es más que un fútil intento de plasmar una evidencia; que ya resulta sabido y que no viene demasiado a cuento estar reincidiendo, una y otra vez, sobre la misma cuestión. En ocasiones, también yo he pensado de ese modo (y, nunca se sabe, no descarto volver a hacerlo en un futuro).

Lo cierto es que tendemos a separar las cosas de su contexto para poder analizarlas separadamente y entender su funcionamiento. Por desgracia, cuando actuamos así, poco es lo que alcanzamos a entender pues del contexto “depende” que esas mismas cosas funcionen de un modo u otro.

Vale, vale. Voy al grano. Os lo aclaro en un momento. Aquello que deseo referiros puede resumirse con dos preguntas bastante recurrentes: ¿Es posible mantener una relación bdsm cuando se experimentan sentimientos que van más allá de la mera atracción o el placer físico? ¿Se deben considerar necesarios tales afectos?

A estas cuestiones resulta prácticamente imposible darles una respuesta unánime, por lo que no esperéis que vaya a ser capaz de aportar una solución de carácter universal para algo de carácter tan subjetivo. Lo que sí puedo hacer es ofreceros mi opinión e intentar describir cuales son las bases sobre las cuales se sustenta.

En primer lugar, decir que cuando hablamos de “relación” ya estamos suponiendo una cierta implicación emocional. Las interacciones personales, sean del tipo que sean, conllevan una cercanía y una continuidad. Otra cosa serían las coincidencias momentáneas o los encuentros esporádicos que se dan entre personas; pero seguro que, muy pocos, podrían calificar eso como una relación más allá del simple azar.

Un apunte a modo explicativo que extraigo del ámbito laboral. En unos grandes almacenes (por poner un ejemplo) pueden darse muy diversos tipos de relación. No es del mismo tipo la que se da con los compañeros de sección que la que se tiene con un superior; la que se tiende a generar con un cliente habitual o con otro al que solo se le atiende en una ocasión; la confianza que aporta el personal veterano o la que pueda ofrecer alguien que acabe de empezar su andadura en la empresa.

Sí. Lo sé. Todo muy evidente. A donde quiero llegar es al fondo de la cuestión, y es que cuanto mayor sea el grado de cohesión mayor será también el grado de eficiencia; pero, y ahí es donde en mi opinión está la clave, también se incrementa nuestro nivel de implicación emocional con esa persona en concreto.

Por supuesto, son muchos más los factores que intervienen en esta ecuación, mas, sabiendo esto, extrapolémoslo al ámbito de la D/s y veamos que resulta de ello.

Indudablemente, la escala de intimidad necesaria en estas relaciones resulta muy superior a la exigida en otras circunstancias. Es por ello que no resulta extraña la aparición de todo un cúmulo de sentimientos que, por el simple hecho de estar ahí, ya se hacen merecedores de toda nuestra atención. Lo he dicho antes: resulta evidente ¿verdad? Entonces, en ese caso, no tiene ningún sentido tratar de negarlo. En base a esto, sería lógico decir que, en nuestro caso, los sentimientos no son algo que se pueda dirimir entre necesarios o innecesarios. Más bien; sobre todo llegados a este punto; lo más razonable vendría a ser considerarlos como inevitables.


Esto plantea a su vez un nuevo desafío; y es que, una vez se asume esta cuestión, lo que nos asalta es el miedo a que esos sentimientos que experimentamos hacia el otro nos hagan vulnerables. En cierto modo, no deja de ser verdad, aunque eso es algo que debería sopesarse antes de iniciar siquiera una relación de estas características. Sin duda, estamos hablando de un riesgo que siempre estará presente en cualquier relación de pareja y únicamente existen dos alternativas a este respecto: afrontarlo o renunciar a llevar una vida de convivencia. Con esto no quiero decir que sentir ese “temor” tenga que ser algo negativo en si mismo, al contrario; a veces también podemos pecar de falta de prudencia; pero sentir ese temor no quiere decir que tengamos que dejarnos dominar por él, pues, de hacerlo, también nos estaría volviendo vulnerables.

No hace demasiado tiempo estaba muy de moda hablar del “subspace” que venía a ser algo así como el estado de paz que se puede llegar a alcanzar a través de la entrega. También sobre esto existían (y existen) importantes diferencias de criterio, pero eso no es lo más relevante. Ese estado es real, independientemente del nombre que queramos darle, y son muchas las personas que pueden dar fe de ello. Lo que sucede es que no resulta nada fácil de alcanzar ya que, para hacerlo, hay que despojarse previamente de muchos de nuestros condicionantes, tanto a nivel social como personal. No digo que resulte sencillo ni que todo el mundo sea capaz de lograrlo, pero, si lo que se persigue es llegar a alcanzar ese estado, no existe otro camino.


Tampoco los dominantes, por la parte que nos toca, somos siempre capaces de sobrellevar ciertos prejuicios. Uno de los más comunes es, sin duda, el extendido recelo a la hora de admitir nuestra sensibilidad para con nuestros sometidos. Parece como si un dominante no pudiera ofrecer la más mínima muestra de ternura a la persona que se le entrega pues, de ser así, no estaría siendo un buen dominante. Existe a ese respecto demasiada “literatura” (por decirlo de algún modo) y, sí, puede estar muy bien para algún momento puntual pero, seamos francos, ¿qué persona sería capaz de estar afrontando indefinidamente una situación de ese estilo?

Además; incluso si nos parásemos a pensarlo egoístamente; no merece la pena plantearse siquiera ese tipo de aptitud. Todas las personas que se ofrecen a ser dominadas lo hacen por propia voluntad y merced a sus propias inquietudes. Cierto. Pero no es menos cierto que todos estamos necesitados de apoyo y de reconocimiento hacia nuestros logros. Cuando no es así nos desmotivamos, perdemos el interés y nos limitamos, como mucho, a cumplir sin demasiado entusiasmo. Si pretendemos que una persona nos ofrezca lo mejor de si misma, necesariamente tendremos que poner de nuestra parte algo más que directrices.


Por todo lo dicho (y por mucho más que ha quedado en el tintero) no puedo por menos que sorprenderme de la frivolidad, el desinterés o, incluso, el desprecio con el que suelen abordarse estos temas dentro de la D/s, siendo como son tan complejos y estando siempre tan presentes. No se trata de verlo todo de color de rosa ni, tampoco, ponerse del lado de rigideces arbitrarias y pseudoteóricas.

Cada relación abre un nuevo camino. Si de entrada ya le estamos poniendo barreras que después no nos extrañe si no llega demasiado lejos.

Un saludo a todos y…, perdonadme por la chapa.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Buscando hacer cumbre.



Con paso lento, ascendiendo,
por la larga escalinata.
Serpenteando entre escollos
de una ladera empinada.

Escalones y pisadas
se suceden lentamente
y, apenas salvado un trecho,
el esfuerzo te entumece.

¡Qué angosto es el sendero!
¡Qué dura la remontada!
¡Qué alto se antoja el techo
de esa cima tan lejana!

Detente pues, toma aire.
Vuelve tu vista hacia abajo
y verás que lo que resta
es inferior a lo andado.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Ludoteca.



En vista de cómo está el panorama y que el futuro se presenta, cuanto menos, poco halagüeño; he pensado que sería buena idea que esta villa contara con un espacio destinado al puro y simple divertimento.

En otras ocasiones, ya había reflejado (tímidamente, eso sí) algunas muestras de esta inquietud. Pero ahora, creo haber encontrado un lugar idóneo para que la ciudad cuente con un local de estas características.

Es mi intención que abra sus puertas todos los fines de semana y que ayude a alejar un tanto los pesos cotidianos que se van acumulando de lunes a viernes.

Espero que resulte de vuestro agrado y os ayude a desconectar de todos esos agobios semanales.

Como primera muestra de esto que apunto, aquí os dejo un pequeño ejemplo que ilustra a la perfección el devenir más frecuente de esos siete días (aunque lo haga bajo un prisma un tanto distinto).


Que tengáis todos un feliz y provechoso finde.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Bellezas.



En este post, deseo hacerme eco de la iniciativa de unas madres que han tenido la mala fortuna de residir en Maset del Pou (provincia de Valencia) y que; merced a una de esas cabriolas burocráticas tan en boga en estos tiempos; han visto como sus hijos perdían el derecho a hacer uso del transporte escolar.

“No hay dinero” se esgrime desde la administración y se escudan tras triquiñuelas topográficas para dejar de prestar un servicio, a todas luces, necesario (si los coches oficiales resultan imprescindibles… ¿qué decir en estas circunstancias?)

Sus protestas han caído en saco roto o, peor aún, han servido como sustento para toda suerte de represalias de índole discriminatoria.

Lejos de amilanarse, estas madres se han “arremangado”, literalmente, para posar en un calendario de corte erótico-reivindicativo a fin de recaudar los fondos necesarios para poder sufragar el desplazamiento de sus hijos al centro escolar.

Se trata de “mujeres reales” (como suele decirse últimamente) que insinúan sus encantos en pos de una solución para un problema que les fue impuesto. No son modelos; las hay más o menos atractivas; pero todas irradian la misma belleza. La belleza que surge al ofrecer una parte de su intimidad a cambio de favorecer a sus seres queridos.


Su idea es la de realizar una tirada de 3000 ejemplares y, ahora que se aproximan unas fechas tan señaladas, regalar un artículo de este tipo sin duda que no resultará demasiado “chic”, pero sí que iría muy en consonancia con ese , tan cacareado, “Espíritu Navideño”.

Además. La belleza de esas instantáneas no reside tanto en el físico de aquellas que posan como en el propio acto. La lucha contra el pudor personal, los posibles reparos que les hayan puesto en sus hogares y la comidilla que pueda llegar a formarse a su alrededor, son solo algunos de los inconvenientes a los que, seguramente, están haciendo frente. Pero su causa (que habrá quien diga que las hay mejores) sin duda, merece la pena.

Un saludo y… ¡¡ánimo GUAPÍSIMAS!!


jueves, 22 de noviembre de 2012

Cuestión de Fe.



La fe es el bien más preciado. Pobre de aquel que no crea en nada.

Víctor Hugo. (Novelista francés)


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Apariencias.



Son muchas las ocasiones en las que resulta tremendamente difícil desligarse de la opresiva tiranía que ejercen ciertos criterios preestablecidos. En algunos casos no debería importar demasiado pues es posible que obedezcan a cuestiones prácticas o estén respaldados por la experiencia y un dilatado historial de resultados probados a lo largo del tiempo.

Otras veces, en cambio, parece suceder justo lo contrario, pero, aún así, nos vemos arrastrados por la arbitraria vorágine que alimenta a una masa más pendiente de los formalismos y la estética que de la esencia y el fondo de los asuntos que trata.

Mismamente, en esta ciudad, existen algunos ejemplos de esto que expongo, pues, a la hora de ilustrar muchas de las entradas que aquí aparecen, consigo dar con instantáneas que reflejen, en gran medida, mi pensamiento, pero he de reconocer que muchos de los modelos físicos que aparecen en ellas están sujetos a unos cánones bien definidos y que son los que marcan nuestro ideal de belleza. No sé si estos nos vendrá impuesto o no (personalmente no voy a fingir que me disgusta), pero la cuestión no es esa. Lo realmente importante es: ¿Resulta tan indispensable como parecemos empeñados en creer?

Cuando mantenemos la mirada fija en un punto durante demasiado tiempo, nos estamos exponiendo a perder la perspectiva de nuestro entorno y; lo que sería aún más grave; a olvidarnos del resto de cosas buenas que es capaz de ofrecernos. Ya he hablado de la importancia e influencia que el componente “fetish” tiene dentro del mundo bdsm, pero… ¿acaso eso quiere decir que resulta imposible concebir la D/s sin él? Sin duda que no, ¿verdad? Por lo tanto, ¿deberían pesar los factores estéticos en el momento de iniciar una relación de estas características? Bueno, cierta importancia sí que tienen; para qué vamos a negarlo; pero, esa relevancia, en nada es comparable al resto de cuestiones que han de tenerse en cuenta cuando lo que se quiere es establecer un vínculo del tipo que aquí suele tratarse.

Lo he comentado ya en otras ocasiones. Una cosa son las representaciones y otra, muy distinta, las realidades. Entonces, ¿son excluyentes entre sí? No necesariamente. Eso dependerá de qué estemos buscando. En mayor o menor medida, dependiendo de las circunstancias, pueden ser perfectamente compatibles.


Sobre ese ideal de belleza del que antes os hablaba, todos conocemos cuales son los estándares vigentes en la actualidad, por lo que no veo la necesidad de incidir aquí sobre ellos, sus pros o sus contras. Lo que sí deseo exponeros es cual es mi propio ideal que, ya veréis, va a coincidir plenamente con el vuestro.

Para mí, la belleza en las personas es un todo y, si tuviera que resumirla en una sola palabra, la primera que acude a mi mente es: “SALUD”. Me explico. Nuestra apariencia está sujeta a innumerables variables. Algunas somos capaces de controlarlas, otras, en cambio, no. Una persona irradia más o menos atractivo de pendiendo del momento, sus vicisitudes, su estado de ánimo, etc. Si una persona que se ajuste a esos cánones a los que antes me he referido, por ejemplo, se mostrara constantemente irritada, malhumorada e irascible, perdería gran parte de su atractivo y la reacción lógica de los demás frente a eso sería la de rehuirlo. En cambio, una persona menos agraciada; pero con una actitud más positiva; resulta mucho más atrayente y menos propensa al rechazo.

También las dolencias que arrastramos interiormente (ya sean estas físicas o de cualquier otro tipo) inciden directamente en la imagen que proyectamos y, en función a su naturaleza o gravedad, se dejaran ver de una forma más o menos ostensible.

El tipo de vida que llevamos (trabajo, familia, alimentación, actividad física, etc…) es otro de los aspectos que influye considerablemente en nuestro aspecto y, sumando y sumando, todo contribuye a que los demás tengan de nosotros una percepción mejor o peor.


Un último apunte para que todo esto se entienda mejor. Por norma general, nadie consigue ser objetivo con su propia imagen. Quien más, quien menos, todos restamos importancia, o magnificamos, lo que podría ser objeto de mejora o aquellos aspectos susceptibles de ser considerados como defectos. En cambio, solemos acertar bastante cuando una persona de nuestro entorno se siente bien con solo observar su aspecto físico. ¡¡Estás deslumbrante!! ¡¡Hoy tienes el guapo subido!! ¡¡Menudo cambio has tenido!!, son algunas de las frases con las que nos referimos a una mejora en la apariencia externa pero que, a menudo, también cuentan como un apunte acerca del componente anímico.

Las apariencias, en fin, tienen su peso pero, tras ellas, ha de haber algo más. Si no, el efecto inicial que producen, se diluirá con rapidez. “Las apariencias engañan…” suelen decir. ¿Por qué será?

lunes, 19 de noviembre de 2012

Van dos.



Hoy la ciudad celebra la festividad de San Crispín obispo (no confundir con la del patrono de los zapateros que ha tenido lugar hace unas semanas). Hoy se cumplen dos años desde que iniciara su andadura y comenzara a nutrirse con las voces de todos cuantos por ella pululan. Han sido dos años de enriquecimiento lento pero seguro, de retos y de sorpresas y, en una fecha como esta, no puedo por más que agradeceros a todos esos pequeños granitos de arena que habéis tenido a bien aportar para conformar los cimientos sobre los cuales descansa esta urbe.

En este tiempo, me hubiera gustado haber sido capaz de aportaros, al menos, un poco más. Pero no os preocupéis. Muchas son las ideas que bullen en esta cabeza y, sin duda, muchas más surgirán por el camino.

Poco a poco, nuevos edificios se irán erigiendo, nuevos rincones por los que perderse serán descubiertos y los lindes, que hoy limitan esta reducida extensión, se irán ampliando.

Como ya habréis comprobado, aprovechando esta celebración, la ciudad ha mudado de imagen. Espero que este nuevo entorno resulte de vuestro agrado y contribuya a que os sintáis más cómodos.

Gracias. Gracias a todos de corazón. Vosotros sois lo que realmente hacéis grande este sitio.

sábado, 17 de noviembre de 2012

La cadena.



Como cuentas engarzadas,
que un día tras otro se unen,
se van disponiendo los logros,
sencilla virtud cotidiana.

Con pausado y claro empeño
se van ensamblando las metas,
unas y otras sumando,
dando forma a la cadena.

Eslabones que, en sí mismos,
no son nada separados,
mas, unidos, cobran fuerza
y refrenan tempestades.

Injusta la fama que arrastran,
símbolo son de desmanes,
pero su peso no es carga
si sostiene voluntades.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Universos cotidianos.



Lo cotidiano en sí mismo ya es maravilloso. Yo no hago más que atestiguarlo.

Franz Kafka. (Abogado y escritor checoslovaco.)


jueves, 15 de noviembre de 2012

Soy machista.



Hace unos días me sucedió una cosa que me dejó bastante perplejo y que, sin ser demasiado habitual, sí que constituye un fiel reflejo de una tónica que, poco a poco, parece ir cobrando fuerza.

Salía yo de un pequeño comercio cuando, justo en la entrada, coincidí con una joven ataviada con ropa de trabajo (presumo que de una empresa de paquetería) que iba cargada con cajas hasta el punto de no ser capaz de atinar con claridad los obstáculos que pudiera encontrar en su camino. Cortésmente, sujeté la puerta y me hice a un lado para que pudiera pasar sin dificultad. Cuál fue mi sorpresa cuando aquel acto, que yo creía común y desinteresado, fue respondido con un cortante: “¡¡No necesito ayuda!! ¡¡Ya me las apaño yo sola!!”.

Como suele sucederme ante acontecimientos que, en mi humilde opinión, carecen de toda lógica, me quedé sin palabras mientras continuaba ofreciendo aquel servicio que con tanta vehemencia me había sido rechazado, entre tanto ella; eso sí; franqueaba la entrada sin el menor atisbo de intentar reforzar con sus actos el argumento de sus palabras. “Soy gilipollas”, pensé, y así, sin más, me fui con la música a otra parte.

De todas formas, fui incapaz de abstraerme por completo de aquel hecho y, durante un buen rato, estuve dándole vueltas al asunto. “No es para ponerse así”, me decía, “Un mal día puede tenerlo cualquiera”. Pero después me dio por pensar en la creciente paranoia que se está gestando sobre ciertos comportamientos, supuestamente, “machistas”. ¿Hubiera recibido yo aquella respuesta de haber sido mujer? ¿Quién sabe? Pero lo cierto es que ninguna connotación sexista me había empujado a hacer lo que hice. De haberse tratado de un hombre mi comportamiento hubiera sido, exactamente, el mismo.

Es muy posible que está sacando las cosas de quicio, que no haya sido ese mi caso, pero no es menos cierto que, situaciones de las que os hablo, son cada vez más frecuentes. Sinceramente, en muchas ocasiones, tengo la impresión de que estamos perdiendo el norte. Vemos fantasmas donde no los hay mientras nos olvidamos (o, deliberadamente, ignoramos) las cuestiones realmente importantes.

Yo soy dominante, sí, pero ese hecho no me impide ser persona y, al margen de las particularidades mi rol, tengo muy claros los conceptos de justicia y solidaridad. Otra cosa es el tipo de características que busque yo en una pareja, lo cual no quiere decir que mis actos escondan segundas intenciones o que tenga que estar justificándome o pidiendo disculpas constantemente por todo aquello que otros crean ver.

En fin. No sé si será políticamente correcto o no pero; si por poner en práctica los valores que me han inculcado por ser considerados razonablemente oportunos para la vida en sociedad; se me quiere tildar de machista, retrógrado o reaccionario, ese caso, soy machista (… y a mucha honra).

Un saludo a todos.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Bien avenidas.



He podido comprobar que la visión que ofrece esta pequeña y recóndita urbe cuenta de cierta aceptación entre el colectivo lésbico. Egoístamente, por la parte que me te toca, no voy a negar lo atractivo que puede llegar a resultarme el hecho de observar a dos damas mientras se aman apasionadamente.

He de admitir, no obstante, que lo que más me atrae de las mujeres es, precisamente, su feminidad y; sin ánimo alguno de ofender a nadie ni de censurar sus preferencias; pocas cosas me desencantan más que el hecho de ver como la pierden.

Sé que por esta cuestión se me puede acusar de varios “delitos” (en breve estaré dispuesto a entonar el MEA CULPA) pero, todos cuantos soléis dejaros caer por aquí, sabréis de la insana e inmisericorde costumbre que tengo de expresar mi opinión sin demasiados remilgos.

De todos modos, pese a cualesquiera que pudieran ser mis aprensiones o las del amorfo y estandarizado vulgo, sirva esta entrada como homenaje a todas aquellas féminas que viven su intimidad bajo los tiernos influjos de los versos de Safo.

Va por vosotras.

Un saludo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Rojo.



Rojo, color de mi sangre.
Rojo, pasiones eternas.
Rojo, brillo de un ocaso
que a los instintos despierta.

Rojo, de rosa encarnada.
Rojo de boca entreabierta.
Rojo, pecado heredado
de los hijos de esta tierra.

Rojo que asume la llama.
Rojo rubí que nos tienta.
Rojo es el lazo que ata
tu voluntad manifiesta.

Roja la línea cruzada.
Rojo el amor que profesas.
Rojas las marcas que luces
con orgullo tras tu entrega.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Confesiones.



Es la confesión, no el sacerdote, quien da la absolución.

Oscar Wilde. (Escritor, poeta y dramaturgo irlandés)


viernes, 9 de noviembre de 2012

Cicatrices.



No. No os asustéis por el inquietante título que encabeza este post, pues no voy a tratar aquí sobre prácticas extremas ni inclinaciones más o menos sanguinarias. Sin duda que, sobre esa cuestión, habrá muchas opiniones y voces con algo que decir, y, tal vez, resulte un tema que despierte el interés de ciertas personas; pero ese no es mi caso y, por lo tanto, nada podría aportaros yo sobre el asunto.

A lo que quisiera referirme en esta ocasión es a esas otras “heridas” que subyacen en nuestro interior; a esos males enquistados que, a menudo, aquejan nuestras almas; y de como pueden llegar a influir y afectar a una relación D/s.

Quien más, quien menos; todos vamos acumulando en nuestra memoria los malos tragos que la vida nos va imponiendo. Pero, en ocasiones (probablemente, en muchas más de lo que sería deseable), nos topamos con personas que arrastran en silencio una gran carga que, por momentos, amenaza con aplastarlas. Varios acontecimientos recientes me han hecho reflexionar sobre esta cuestión y, ciertamente, como sucede con tantas y tantas cosas, las variables pueden llegar a ser infinitas pero, mientras pensaba en ello, no he podido evitar arrimar el ascua a mi sardina, lo cual me ha llevado a plantearme la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si dentro de un marco puramente bdsm se manifestara algún hecho de este tipo?

En primer lugar, decir que cuando es la parte dominante la que se está viendo lastrada por cuestiones personales ajenas a su condición, debería; en mi humilde opinión; abstenerse de poner en práctica su rol si antes no ha conseguido enfrentarse y vencer sus propios traumas, pues; ya lo he comentado en otras ocasiones; el ejercicio de la dominación conlleva una enorme responsabilidad y, aunque nunca se esté exento de cometer errores, lo mejor es no correr riesgos cuando; por el motivo que sea; no se puede asegurar el propio equilibrio. Cuando esto es algo exigible a quienes se ponen a nuestro servicio, entonces, razón de más para ser nosotros los primeros en predicar con el ejemplo.

El caso contrario; cuando la parte sumisa es la que se ve afectada por una angustia interior; tampoco resulta fácil de sobrellevar y lo mejor sería aplicar la misma premisa que en el caso de los dominantes. No obstante, el hecho de poder contar con una guía bien enfocada puede constituir un apoyo importantísimo que ayude a salir del bache; siempre y cuando, eso sí, se tengan en cuenta varios factores.

En primer lugar la sinceridad. Mucha sinceridad, pues un dominante; por extraño que parezca; puede ofrecer mucha ayuda, pero al mismo tiempo, si no presta atención o no sabe a qué se enfrenta, puede llegar a causar un enorme daño. Al igual que un médico necesita realizar un diagnostico correcto antes de aplicar cualquier tratamiento, del mismo modo, en nuestro caso, se necesitan conocer las causas y el origen de las dolencias que aquejan a nuestros sometidos. De no ser así, los remedios que pudieran aplicarse, lejos de sanar, pueden llegar a ser, incluso, peores que el  mal que estemos intentando combatir.

Después de ser consciente de a qué tiene que enfrentarse, un dominante debe de ser consecuente y, por lo tanto, por mucho que le duela, no arriesgarse si no está plenamente convencido de poder hacer frente al reto que se le presenta. Individualmente podemos correr riesgos, pero cuando nuestras decisiones afectan a terceras personas no podemos tomarnos las cosas a la ligera. Si fallamos siempre nos quedará el cargo de conciencia, pero no hay que olvidar que serán otros los que tendrán que sufrir los efectos de nuestros errores, a veces, por el restos de su vida.

Por último; y aunque pueda pensarse que estoy simplificando en exceso este asunto; solo un apunte: “PACIENCIA”. Incluso habiendo tenido en cuenta todo lo anterior, tan solo se habrá dado el primer paso ya que cada persona es un mundo y sus circunstancias pueden llegar a ser muy complejas. Para esto no existen panaceas si no, únicamente, la voluntad y el tesón de ir avanzando paso a paso, con firmeza pero sin agobios, y así poder ir ganando esas pequeñas batallas cotidianas que, finalmente, en un momento dado, conducen a la victoria.



Durante procesos de este tipo, es posible que algunos de nuestros sometidos pasen por etapas de autocrítica o, incluso, de menosprecio hacia sí mismos. Siempre con las debidas reservas, no deberíamos dar una importancia desmedida a esta cuestión pues, lo que en esencia constituye un efecto negativo, tiene una cara más positiva en lo que se refiere al reconocimiento de un mal que, por mucho tiempo, pudo haber permanecido latente. Siguiendo con el símil médico, del mismo modo que tras una intervención quirúrgica existe un periodo de convalecencia, cuando un problema profundo y enquistado sale a la luz, el proceso de cicatrización resulta lento, molesto e, incluso, doloroso. Eso, como todos sabemos, resulta un mal necesario que, a la postre, conduce a la recuperación. No obstante, las cicatrices pican, escuecen (como por otro lado, es lógico), y por ello no debería extrañarnos que quién las padece intente aliviar su quemazón de algún modo.

No sé si habré sido capaz de expresar mi opinión tan claramente como me hubiera gustado pero, sin duda, me ayudaréis a puntualizar todo aquello que no se haya entendido.

Un saludo a todos y feliz finde.

martes, 6 de noviembre de 2012

Permanezcan en sintonia.

La Ciudad tras el Sol está sufriendo de algunos problemas técnicos.
Espero ser capaz de solucionarlos a la mayor brevedad posible.
Agradezco de antemano vuestra paciencia frente a esta eventualidad.
Un saludo a todos.


viernes, 2 de noviembre de 2012

El lecho.



Sobre el mullido paisaje de una dunas de satén,
al compás de unas olas por cuyos pliegues respira,
aguarda mi nave anclada una nueva singladura
mecida por el deseo de zarpar en buena hora.

Sobre un tablero de juego, apto tan solo a iniciados,
listo para un combate de sentidos y sentires,
se disponen estrategias en busca de la victoria
que solo será obtenida cuando se alcance el empate.

Sobre torno de alfarero colocada está la arcilla
a la espera de unas manos que vengan a darle forma
y dote a su cuerpo virgen, con movimientos precisos,
de un alma que la acompañe por el resto de sus días.

Sobre una cama tendida, desnuda su piel, en calma,
ofreciéndose sublime, sin aspirar más a nada,
descubre una nueva esencia, fuera de toda medida,
aquella que se me entrega con su quietud desbocada.


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