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miércoles, 19 de febrero de 2014

No todo son rosas.


Resulta evidente que el interés por las historias de sumisión femenina ha crecido de un modo muy notable entre un amplio espectro de población. La abundante cobertura de que está siendo objeto últimamente determinadas ficciones de índole bdsm (a nivel literario y; a no mucho tardar; cinematográfico) ha contribuido a generar unas expectativas, a mi juicio, excesivamente románticas con respecto a esta cuestión. Yo; que me considero bastante alejado de determinadas tesis esgrimidas por algunos de los más reaccionarios puristas del ambiente sado; soy el primero en reivindicar no solo la conveniencia sino, también, la necesidad de aportar unas considerables dosis de ternura y cariño en el seno de este tipo de relaciones.


No obstante, adentrarse a fondo en el “maremágnum” emocional que supone el hecho de vivir la D/s de una forma continuada, y no como una mera sucesión de episodios aislados, conlleva unas cargas muy elevadas de esfuerzo y paciencia. La sumisión, por principio, nunca va estar exenta de dolor (D-O-L-O-R, con todas sus letras y en todos sus sentidos; independientemente de los beneficios que pudiera llegar a ofrecer a una persona que se entregue con libertad y en conciencia), de ahí la escasa utilidad de pretender iniciarse en esta temática partiendo de unas premisas excesivamente idealizadas en donde todo se nos antoje de color de rosa. De obrar de ese modo, lo único que estaremos consiguiendo es que las frustraciones; que en cualquier caso aparecerán; minen el interés y/o echen por tierra una relación que, bajo otro enfoque, tendría bastantes posibilidades de salir adelante.


En ese sentido, me parece todo un acierto el hecho de que se empleé el término “entrenamiento” para referirse a los diversos métodos aplicados para afianzar y avanzar en el arduo proceso de la sumisión. En ciertos aspectos podría decirse que tiene más validez incluso que el de “doma”; utilizado también con cierta asiduidad; pues, aunque no lo parezca a primera vista, el tipo de vivencias que se pueden llegar a experimentar a través del bdsm tienen mucho que ver con la práctica de determinadas disciplinas deportivas. Al igual que suele suceder con el ejercicio físico, sus resultados no se dejan ver a corto plazo, requiere de una constancia metódica y su éxito no suele estar asegurado al cien por cien. Siempre se está expuesto a sufrir “sobrecargas”, “lesiones”, etc… que hagan que el esfuerzo realizado quede en nada (con el consiguiente efecto anímico). Por otro lado, el cuerpo humano es una máquina extremadamente compleja; musculatura, impulsos eléctricos; química sanguínea…; y todo influye en nuestro estado físico y mental (eso sin mencionar factores externos de todo tipo que también entran a formar parte del “coctel”). Puede parecer una tontería pero, nos guste o no, siempre estarán ahí dejándose notar y esa es razón más que suficiente para prestarles la atención que merecen.


Sé que…, diciendo esto, le he restado mucho encanto a todo lo relacionado con la D/s, pero no es mi intención desanimar a nadie que sienta una inquietud legítima por esta temática ni, tampoco, desvirtuar los anhelos y aspiraciones que cada cual albergue en su interior, Al contrario. Simplemente he querido poner de relieve la dificultad que entrañan ciertas metas para que, así, muchos de los desencantos que sé que se producen, no cojan a nadie por sorpresa. Creo firmemente que, con voluntad, pocas cosas quedan fuera de nuestro alcance, pero esa voluntad no puede ser “flor de un día”.

Un saludo a todos y tampoco tengáis demasiado en cuenta mis desvaríos.


2 comentarios:

  1. Debo confesarte que este post me ha gustado sobremanera porque aunque tengo asumido que ese dolor está siempre presente en una relación como la nuestra, no como sufrimiento gratuito y destructivo sino como ofrecimiento y sacrificio, no siempre soy consciente de él de la misma manera. En ocasiones incide de forma cruenta haciendo que no sea capaz de sacar las emociones que una esencia sumisa de él destila, quedándome en una superficie indebida y siendo mucho más costoso de gestionar que cuando ese dolor es acogido desde el entendimiento, desde la comprensión de que es un medio que me permite hacer realidad muchas otras sensaciones que alimentan mi alma.
     
    Esa experiencia ya vivida hace que sepa que el dolor compartido en el sino de nuestro vínculo tiene mucho que ofrecerme, que ofrecernos a ambos, y  mi frustración no procede del reconocimiento de ello sino de cuando yo, esquiva y desubicada, no soy capaz de alcanzar esas emociones buscadas y necesitadas, pero sea como sea, hoy y gracias a Ti, me doy cuenta que también forman parte del camino, que yo no siempre me hallo en el mismo punto, que inciden en mi muchas otras cosas y que la aceptación de eso, que no el conformismo, también es parte de la tarea que debo acometer para hacer posible el avance en esta senda deseada a Tu lado.
     
    Quiero erróneamente aferrarme a ese estado de alta emotividad positiva, de sueño en vida, y cuando no es posible, porque simplemente no lo es, dejo que el pesar me abrigue en exceso y eso precisamente hace que se aleje aún más de mi la posibilidad de volver a mi dulce sentir.
     
    Debo trabajar muchos aspectos de mí, debo aprender tanto sobre mi misma que, al contrario de lo que podría parecer, me abre a la ilusión, a la esperanza de tener ante mi mirada un sinfín de metas, de retos que, con tesón y paciencia, iré alcanzando…De Tu mano, a Tu lado…porque sé que así Tú también lo deseas…
     
    Gracias, mi Señor, por abrir mis ojos y enseñarme a aceptarme como soy pero haciendo que siga trabajando…
     
    Un post realmente increíble que me ha venido realmente bien…
     
    Besines y…un fuerte abrazo?...
     
    A Tus pies
     

     

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    Respuestas
    1. Eso, precisamente, es lo que intento dar a entender en este post.

      Puede parece como si tratara de tirar piedras contra mi propio tejado desluciendo, en cierta forma, el encanto que sin duda tiene (y debe tener) la D/s; o puede dar la impresión de que esté justificando el sufrimiento infligido de forma caprichosa y gratuita (cuando pocas cosas resultan más censurables que esa). Pero lo cierto es que; cuando se habla sobre bdsm; muchas veces echo en falta que no se haga con más "realismo" (y no me estoy refiriendo al hecho de regodearse con detalles escabrosos).

      La realidad poco o nada tiene que ver con la ficción, pero ya sabemos que..., muchas veces, la supera.

      Un beso y un azote, mi dulce y prosaica sierva.

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