Embajadas.

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jueves, 27 de octubre de 2011

Propósito.



El verdadero sabio solo es riguroso consigo mismo;
con los demás es amable.

Plutarco.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Relatividad.



Soy la voz oculta entre otras voces,
latir pulsante confundido entre el murmullo.
Soy la sombra que la luz proyecta,
más intensa cuanto mayor es el brillo.

Soy la frase inconclusa
tras un criterio medido.
Soy el punto equidistante
entre el ¿qué será? y lo habido.

Soy la espera interminable,
la esperanza sin sentido.
La cara amable de un trauma,
bilis de lo querido.

El innombrable, el maldito,
hacedor de sus razones,
polizón en este barco
repleto de polizones.

Soy el instante infinito.
Soy la tristeza de un don.
Cruel entre mis amigos,
soy el más dulce cabrón.

Incómodo con mi verbo
y mi discurso excitado,
gustando siempre de hacerlo
menos si soy invitado.

Soy errante en mis paradas
y seguro en el camino.
Tolerante en lo importante
e inflexible en lo sencillo.

No busco pactos ni alianza,
busco voces que escuchar,
pues sé que hay muchas verdades,
pero…, ¿cuál es la verdad?


martes, 25 de octubre de 2011

Repostería didáctica.


No son pocas las ocasiones en las que; observando las reacciones de otras personas al expresar mi opinión; tiendo a pensar que debo de ser una especie de bicho raro cuya ubicación en el tiempo y el espacio no ha sido convenientemente calculada. Tampoco han faltado quienes me han dedicado tan indeterminado epíteto directamente y sin ambages (lo cual, en principio, es muy de agradecer) aunque con desigual fortuna en función del tono y las formas con que lo hayan aplicado.

No obstante, hay también infinidad de circunstancias en las que; parece ser; no estoy solo a la hora de defender según que tipo de planteamientos. Es, precisamente, uno de esos casos el que me gustaría comentaros.

Hace unos días, mientras ojeaba el diario La Nueva España, me detuve a leer un artículo escrito por Daniel Capó y que llevaba por título “La prueba de la magdalena”. En él se hacía referencia a un pequeño experimento que se realizó en la Universidad de Standford entre algunos de los hijos del personal de ese mismo centro. A los niños de cuatro años que acudían a la guardería instalada en la Universidad se les hizo una curiosa propuesta. Todos recibirían una magdalena que podrían degustar de inmediato si ese era su deseo. Pero, si aguardaban quince minutos antes de hacerlo se les haría entrega de otra magdalena adicional. Los hubo que la devoraron al instante y otros que decidieron esperar para poder recoger “los dividendos”.

Lo curioso de este tema es que, según dicen, años más tarde, se pudo constatar que aquellos que no habían cedido a la tentación resultaron ser mejores estudiantes que los que sí lo habían hecho. En el artículo no se menciona, pero, estoy convencido de que un amplio porcentaje de los primeros también terminaron demostrando ser unos grandes profesionales. Lo que sí se mencionaba era la importancia de estimular ciertos valores; como el esfuerzo, la perseverancia o la creatividad; desde edades muy tempranas. Algo, a mi entender, de lo más razonable.

Por desgracia, ante cuestiones tan de sentido común como esta, una y otra vez fallamos en lo mismo, que es, ni más ni menos, el hecho de predicar con el ejemplo. Aplicarnos a nosotros mismos lo que la lógica aconseja de un modo insistente.

Con el bdsm, sucede con demasiada frecuencia que se tiende a ceder al beneficio inmediato, al placer momentáneo, hipotecando así las ventajas que pudieran obtenerse en un futuro.

La paciencia, el tesón, cobran aquí mayor importancia si cabe y, en cambio, parecen ser siempre algunas de las virtudes de las que más escasea este mundo.

Volviendo a aquel experimento acaecido en California años atrás…, lo que más me sorprende no es que haya niños de cuatro años con fuerza para vencer ese impulso de satisfacción inmediata (que si no fueran capaces de gestionar sería de lo más natural) si no que existan personas a las que les resulte imposible refrenarse teniendo bastantes más primaveras a sus espaldas.

Lo dicho…, rarito que es uno.


viernes, 21 de octubre de 2011

A vueltas con los "Príncipe".



Cometed errores,
pero errores nuevos cada vez,
errores de los que se pueda aprender.


Howard Gardner. (Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011).


jueves, 20 de octubre de 2011

Autocontrol.


Humildad con mayúsculas.



No han sido pocas las ocasiones en que…, la Fundación encargada de otorgar los prestigiosos galardones que acoge nuestra tierra, se ha dejado llevar en su elección por consideraciones del momento, políticas o interesadas.

Pero…, en absoluto han faltado los aciertos a la hora de decantarse por el respaldo hacia espíritus e ideales generosos y nobles (ocasiones que no voy a pararme a enumerar por no ser este ni el momento ni el lugar).

En la presente edición, no puedo más que elogiar el buen criterio mostrado a este respecto y, como ejemplo de ello, si cabe, solo apuntar el reconocimiento del que ha sido mención el inapelable altruismo de todas esas personas anónimas que se enfrentaron (y se enfrentan) al terror del átomo en la maltrecha central nuclear de Fukushima.

No obstante, de entre todas las frases que en estos días nos regalan por estos lares me quedo con una que, aquí, creo que resulta bastante apropiada.



Cuando escribes eres un principiante…
No tienes ninguna sensación de mando.

Leonard Cohen. (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011).



Cuantas cosas aún por aprender. ¡¡Fascinante!!


miércoles, 19 de octubre de 2011

Lluvia.




Hoy la lluvia me visita
y con sus gotas despierta
la tierra ya aletargada.

Aires del norte que avisan
del cambio que ya se acerca
mientras la noche se alarga.

Hojas cuyo verdor
se va tornando parduzco
para desprenderse lánguidas.

Y mi mente corre a ti
e imagino la humedad
sobre tu piel escarchada.

El aroma de foresta
que, entre tus poros,
emana.

Como entre nieblas grises
el paisaje se hace duro,
roca desnuda en calma.

Luces,
don mortecino,
brillos sin sombra clara.


A ti me lleva esta brisa,
a ti entre oblicuas aguas,
como un susurro ondulante
a través de la distancia.


martes, 18 de octubre de 2011

El nombre de las cosas.



Sé, y defiendo, que dentro del bdsm no tiene porqué haber una sola forma de vivirlo ni ningún tipo de uniformidad de pensamiento. Lo he repetido muchas veces y a nadie le debería coger ya por sorpresa de no tratarse de un recién llegado a esta ciudad. Incluso, en numerosas ocasiones, he afirmado no tener claros los límites entre lo que supone una relación D/s y esas otras que se han dado en llamar “vainilla”.

No obstante, para mi sí que hay un concepto muy claro que define la verdadera esencia del mundo bdsm y que, muchas veces, por una u otra razón, no parece tenerse muy en cuenta.

El hecho de poner en práctica determinados actos de índole sexual no tiene porqué suponer, necesariamente, la adhesión (o si se quiere, la adopción) de ningún tipo de tendencia. Es por eso que a una persona puede gustarle, por ejemplo, la práctica del “bondage” y no sentirse para nada próxima a la sumisión. Otra, por el contrario, puede disfrutar plenamente del hecho de verse sometida y no tener necesidad ninguna de apartarse de aquello que, en el plano sexual, se supone convencional.

Sé también que, para algunas personas, mi punto de vista, resultará bastante difícil de entender, pero lo que trato de decir es que cuando pretendemos dar salida a nuestras inquietudes más íntimas, por muy abiertos y tolerantes que se nos antoje imaginarnos, seguimos tendiendo a incluirnos en bandos excesivamente polarizados. O “D/s” o “vainilla”. Unos son así y otros son asá. Pero el problema aparece cuando nos gustan determinadas cosas de uno y otro lado del muro y no nos atrevemos a decirlo abiertamente por miedo a que se nos tilde de indecisos o simples curiosos.

Quien más quien menos, en este mundillo todos sabemos de sumis@s que, sistemáticamente, se oponen a los dictados de sus Am@s haciendo gala de las más variadas y originales excusas. No sería más fácil (digo yo) dejar claro desde un principio, antes de embarcase en ningún tipo de relación, qué es lo que realmente se busca y cuales son las preferencias y gustos de cada cual. ¿Qué no se ajusta a los cánones? Pues yo preguntaría: ¿qué cánones? ¿Por qué ese miedo constante a que nos tachen de esto o de lo otro? ¿Que vamos detrás de nuestro propio ideal?, pues luchemos por conseguirlo y ya está, pero sin trucos ni verdades a medias.

También en el caso de algunos dominantes se puede hablar de circunstancias parecidas cuando intentan ofrecer una imagen distinta de lo que esperan obtener realmente a fin de no “asustar” o “decepcionar” a quienes aspiren ponerse a su servicio. Ídem de lienzo. Las cosas desde un principio claras, y si no cuajan es porque no tenían que ser.

No hay nada más frustrante que el hecho de embarcarse en un proyecto que, desde su inicio, sabemos que no nos va a reportar aquello que estamos buscando. Entonces, ¿qué sentido tiene intentar engañar a los demás para ofrecer una imagen deformada de lo que somos? Y lo que es peor, ¿por qué engañarse a uno mismo?

Perdamos el miedo a llamar a las cosas por su nombre pues (sirva esto como ejemplo) si a alguien no le gusta el pescado, por mucho en que nos empeñemos en llamarlo carne, seguirá sin gustarle.

Ya os he dicho…, sé que es un rollo muy extraño este que os he soltado hoy, pero, de todas formas, ahí queda.

Un saludo y gracias por aguantar mis desvaríos.


domingo, 16 de octubre de 2011

Temores sumisos. (...y IV)





Son muchas las ocasiones en las que me da por pensar que, en esta vida, la mayoría de las cosas pueden ser muy sencillas y, a la vez, muy complicadas. Los temores, a un nivel general, son un claro ejemplo de ello. Todos los tenemos, todos los sentimos, aunque estos no sean los mismos ni los afrontemos de la misma forma.

En esta pequeña serie que he querido dedicar a los temores sumisos propiamente dichos, he intentado poner de relieve los que; a mi entender; suelen ser más habituales e intensos. A buen seguro, no todo el mundo compartirá mi particular punto de vista pero, como siempre, cada cual es libre de expresar aquí su opinión.

Lo que si quisiera apuntar antes de dar por concluido este tema es el hecho de que esos temores; como decía al principio; son de esas cosas que no tiene una explicación demasiado definida. Cuando van aparejados a la prudencia, yo diría que pueden ser muy…, pero que muy positivos, pero, como en todo, un exceso de los mismos siempre tenderá a resultar contraproducente.

La eterna cuestión del “equilibrio” vuelve a hacer aquí acto de presencia y es que, de no tenerla en cuenta, se corre el riesgo de ir cerrando en demasía las opciones de tener una visión, lo más amplia posible, de aquello que supone aceptar la sumisión. Constituye un riesgo muy real de crear barreras donde no las hay y perderse en consideraciones personales que (si bien pueden ser muy lícitas) nos conduzcan a un inmovilismo frustrante y pertinaz.

Verse en una tesitura como esa no facilitaría en nada la tan necesaria y fluida comunicación que siempre debería existir entre dominantes y sometidos. Sin duda, también es posible argumentar que haya casos donde esta situación se vea generada por los temores que puedan albergar tanto Amos como Amas (que, sin duda, también se presentarán en más de un momento) pero ese no era el tema que pretendía desarrollar aquí.

Por último, solo una cosa más.

En el diccionario de la lengua de la Real Academia Española, entre las varias acepciones que el término “valentía” lleva aparejadas aparecen las siguientes:

- Esfuerzo, aliento, vigor.

- Hecho o hazaña heroica ejecutada con valor.

- Acción material o inmaterial esforzada y vigorosa que parece exceder a las fuerzas naturales.

Obsérvese que en ninguna de estas definiciones se menciona ningún tipo de aprensión, duda o temor y es que, precisamente, la "valentía" no es entendida como la ausencia del miedo, si no..., como la capacidad de superación al hacer frente, entre otras cosas, a esos mismos miedos.

Da en qué pensar, ¿verdad?

Un saludo a todos.


sábado, 15 de octubre de 2011

Temores sumisos. (III)



En los instantes oscuros,
cuando la duda te asalta,
la congoja del fin,
surge amenazante.

No hay motivos para ello,
pero el miedo los construye
sin atender a razones.

Sientes incluso el vacío
perdida en la pérdida
de la soledad infame.

Y cuando al fin despiertas,
sabedora del mal sueño,
no puedes evitar sentir
el amargo regusto del desespero.



viernes, 14 de octubre de 2011

Temores sumisos. (II)



En el preciso instante de hacer frente a tu sino,
antes de verte sumida en la vorágine de la doma,
cuando tus ojos se abren de par en par, tu boca se seca y fluye el íntimo torrente.

Ha llegado el momento, lo sabes, y aún convencida…, temes.
¿Podré soportar la prueba? ¿Hallaré las  fuerzas que ansío?
¿Seré digna de mi Amo u olvidaré cuál es mi sitio?

Justo antes de la entrega.
Justo antes…, desafío.


jueves, 13 de octubre de 2011

Temores sumisos. (I)



Ante la certeza del error.
Frente a un inevitable y seguro castigo.
¿Qué hacer? ¿Cómo asumir algo para lo que no hay remedio?
¿Ocultarlo? ¿Fingir que no ha sucedido?
¿Negarlo? ¿Buscar un pretexto tras el que escudarse?
¿Callarlo? ¿Guardarlo en tu interior dejando que la culpa te reconcoma por dentro?
Muchas preguntas. Muchas respuestas. Pero tú sabes bien cual es la correcta.



martes, 11 de octubre de 2011

Estadísticas.


Como sé que no dejará de haber amantes de la clasificación, el estudio y la búsqueda de porcentajes, quiero mostraros este curioso esquema con el que, casualmente, me he topado.


¿Qué os parece? ¿Diríais que esas es la proporción correcta?




lunes, 10 de octubre de 2011

Nobel.




EL CIELO A MEDIO HACER

EL DESALIENTO INTERRUMPE SU CURSO.
LA ANGUSTIA INTERRUMPE SU CURSO.
EL BUITRE INTERRUMPE SU CURSO.

LA LUZ TENAZ SE VUELCA;
HASTA LOS FANTASMAS SE TOMAN UN TRAGO.

Y NUESTROS CUADROS SE HACEN VISIBLES,
ANIMALES ROJOS DE TALLERES DE LA ÉPOCA GLACIAR.

TODO EMPIEZA A GIRAR.

ANDAMOS AL SOL POR CENTENARES.
CADA PERSONA ES UNA PUERTA ENTRE ABIERTA
QUE LLEVA A UNA COMÚN HABITACIÓN.

BAJO NOSOTROS, LA TIERRA INFINITA.

BRILLA EL AGUA ENTRE ÁRBOLES.

LA LAGUNA ES UNA VENTANA A LA TIERRA.


Tomas Tranströmer. (Premio Nobel de literatura 2011).


domingo, 9 de octubre de 2011

Miradas.



De mis vacaciones de este año he traído muchas ideas que, poco a poco os iré desvelando conforme vea la manera de ponerlas en práctica y poder compartirlas con todos vosotros, asiduos visitantes de esta ciudad.

Si estáis leyendo esto, y soléis recalar aquí con cierta frecuencia, ya os habréis percatado de los cambios que se están produciendo en esta urbe. Como fundador suyo que soy, no me gustaría verla encerrada sobre si misma sin ánimo alguno de avanzar, crecer  y evolucionar.

Soy curioso, muchos ya lo sabéis, y, las más de las veces, únicamente la falta de tiempo me impide buscar nuevas formas de expresar mis inquietudes.

Hoy quisiera dar comienzo a una nueva etiqueta un tanto peculiar con la que intentaré plasmar un poquito mejor los entresijos de mi enrevesada psique.

Sirviéndome de una foto, dejaré reflejado aquí qué es lo que me sugiera y así veremos hasta que punto las opiniones son afines o, por contrario, divergentes.

¿Se puede mirar?


viernes, 7 de octubre de 2011

Disciplina.


Cuando nos referimos al bdsm, pocas cosas le resultan tan obvias e inherentes como lo son la entrega y la obediencia a la que deben hacer frente aquellas personas que deciden adentrarse por la senda de la sumisión. No obstante, a pesar de resultar una de las cuestiones más lógicas y evidentes que puedan darse en cualquier relación D/s; también puede ser considerado como uno de esos hechos que suele ser cuestionados con mayor frecuencia y que, en definitiva, genera la mayor parte de los conflictos que se dan entre dominantes y sometidos.

Sé que todo esto resulta una enorme contradicción, pero, como suele decirse, forma parte (en cierto modo) de la esencia que configura nuestro peculiar universo. Está ahí y tratar de negarlo supondría una total perdida de tiempo. ¿Intentar evitarlo? A mi entender, también esto resultaría un ejercicio completamente inútil, por lo que… ¿qué es lo que se puede hacer al respecto?

Sinceramente, en esta cuestión, como en muchas otras, no existe ningún remedio milagroso ni ninguna panacea universal con la que evitar hacer frente a tan probable eventualidad. La cuestión no sería tanto obviar o eludir las repercusiones que pudiera generar tan curiosa dinámica y sí, en cambio, ver cual es la mejor forma de afrontarlas cuando estas se produzcan.


En más de una ocasión, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra existencia, nos empeñamos en buscar un “porqué” a todo cuantos nos acontece. En principio, nada de malo hay en ello, al contrario. Tal pregunta suele responder a nuestro anhelo por descubrir, conocer y comprender. Es la base de la curiosidad innata que nos caracteriza como especie, que impide que nos estanquemos y nos obliga, en cierto modo, a avanzar de forma más o menos constante.

Mas…, cuando de lo que hablamos es de sentimientos…, la lógica analítica comienza a fallar y, muchas veces, la búsqueda incansable de una explicación plausible, puede resultar más un estorbo que una ventaja. Como seres humanos que somos, seguimos conservando infinidad de rasgos en nuestro carácter que se escapan a un entendimiento convencional (casi todos hemos oído en alguna ocasión aquello de: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”) y, por lo tanto, no se trata de algo que; al menos en principio; tengamos que pararnos analizar si no, más bien, algo que hay que asumir como parte de nuestra propia naturaleza. Los sentimientos siempre han sido una cuestión de lo más delicada, y cuando tratamos de circunscribirlos a un entorno bdsm todavía lo son mucho más.


Dicho esto, la respuesta a “¿Por qué hacemos lo que hacemos?” sería simplemente: “Porque somos humanos y, en ocasiones, nuestros actos obedecen a impulsos no del todo racionales”. Así expuesto,  puede parecer un poco ambiguo y confundirse con una excusa fácil en la que poder escudarse tantas veces como fuera necesario. Pero eso solo sucederá si se tiene, precisamente, la voluntad de utilizarlo como un pretexto que nos sirva de salvaguarda a la hora de tener que afrontar las consecuencias de nuestros propios actos. Si, como ya he dicho, se acepta como algo normal, frecuente y humano pero que, al contrario de lo que pudiera parecer, no nos exime de nada, entonces, habremos dado un importante paso de cara a conocernos a nosotros mismos un poquito mejor.

Este suele ser uno de los escollos contra los que, sumisos y sumisas, suelen chocar con mayor frecuencia pues, sin duda alguna, no es algo que resulte fácil de asimilar en un principio. Indudablemente, son conscientes de que tienen que hacer frente a sacrificios de todo tipo, pero, siendo realistas, hay que concederles una cierta licencia a este respecto ya que, alcanzar ese grado de entendimiento, requiere bastante tiempo (además de una guía constante por parte de l@s dominantes). Aunque, ¡¡ojo!!, cuando digo “guía” no me estoy refiriendo a mostrarse condescendiente ni, en absoluto, conformista. La doma, por definición, requiere un gran esfuerzo y no puede ser considerada; como parece sucederles a algunas personas; como un camino de rosas. Y, aunque así fuera, no olvidemos que las rosa tiene espinas.


Y esto (disculpadme por el rodeo) me lleva a la cuestión sobre la cual quería que versara este post: La Disciplina”. Esta es, a mi entender, la mejor herramienta con que contamos l@s dominantes para poder encarar con ciertas garantías el adiestramiento de nuestr@s sometid@s. Resulta completamente comprensible una cierta rebeldía por su parte en determinados momentos y circunstancias y es que…, como ya ha quedado apuntado más arriba, está en la naturaleza de todos nosotros el hecho de no aceptar las cosas porque sí. Es más, respecto a esta última cuestión, incluso me atrevo a afirmar que existe un cierto tipo de dominantes que gustan de buscar y utilizar, precisamente, esa rebeldía en sus sometid@s. No esa mi forma de entender las relaciones D/s ya que, para mí, la desobediencia ha de ser corregida invariablemente, pero, como siempre he defendido, aquí no se trata de asentar dogmas ni teorías uniformes.

Mi modo de verlo se basa más en la manera de enfocar ciertos conceptos. Dentro de estos, ya he dejado claro que la obediencia es uno de los más importantes ya que (sobre todo cuando se inicia la relación o se da un paso más a la hora de afianzar el vínculo) la comprensión del que se somete, respecto a lo que se le pide, puede no ser demasiado clara. Es aquí cuando el orden, “la disciplina”, ejerce su verdadera función, que no es otra que la de eliminar cuestionamientos que solo consiguen generar dudas en momentos que no vienen al caso.

La comprensión de lo que verdaderamente supone la sumisión llegará (y con ella la recompensa por el esfuerzo y tiempo empleados), pero no será, ni mucho menos, algo inmediato ya que cada persona tenderá a asimilarlo de un modo distinto y, por tratarse de una forma de sentir más que la adopción de una determinada pose en un momento dado, lleva implícita la necesidad de que cada cual lo interiorice y, por decirlo de algún modo, se esfuerce en descubrir sus propias claves (que no han de confundirse con los anhelos o fantasías que, inicialmente, pudieran tenerse).


Es en esta cuestión sobre la que l@s dominantes debemos de prestar una especial atención, procurando no presionar en exceso en el avance de la sumisión pero sin permitir que nuestr@s alumn@s se acomoden permitiendo que su voluntad se disipe. Vigilancia sin agobios, comprensión sin colegueo. En definitiva, como ya he escrito en algún otro sitio, “equilibrio”. L@s dominantes contamos con el privilegio de llevar la batuta, la facultad de imprimir nuestro propio “tempo”, pero esto tendremos que hacerlo, además de con firmeza y tenacidad, de forma justa y responsable.

Menuda chapa, ¿verdad? No era mi intención extenderme tanto. Espero que no toméis estas palabras como algo que deba ser aplicado al pie de la letra. Son, únicamente, el reflejo de mi pensamiento, de cómo vivo y entiendo la dominación. Sé que resulta un tanto compleja, pero, ¿qué le vamos ha hacer? Rarito que es uno.

Un saludo a todos.

lunes, 3 de octubre de 2011

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