Propiciadora.
En la penumbra de un sentir desbocado, me entregarás tu carne como ofrenda viva, salvaje, sin objeciones, sin medida. Tus labios se abrirán en un suspiro que invita, mientras tus caderas danzarán al ritmo de un hambre antigua, de un fuego eterno, como ninfa encelada, como río desbordado que excede los diques y se desparrama por entero sobre mi piel calida y posesiva. Manos que arañan, uñas que marcan surcos de placer doloroso y dulce renuncia. Pechos que se alzan, erectos y ansiosos, buscando mi boca, mi lengua voraz. No hay pudor, no hay un después, sólo ese instante perfecto donde tu cuerpo será ofrenda y altar al mismo tiempo; donde te rendirás incondicional y sin prudencias mientras me invitas a hundirme en la humeda profundidad con que me obsequias, a saquearte, a tomarme, a devorarte entera. Mia en cada embestida que te parte, en cada gemido arrancado a tu garganta; crispada como serpiente entre las llamas, que se arquea, se retuerce y se deshace en mí. Tú alma desnuda grit...












