Trayectos.
En nuestra ciudad, muchas veces, lo tangible y lo abstracto suelen ir de la mano. En el caso de esos trayectos que preceden a un encuentro especial, casi siempre se busca sacarle partido a una utilidad psicológica que a menudo pasa desapercibida. Mientras el cuerpo se desplaza hacia un lugar concreto, la mente comienza también a recorrer anticipadamente ese nuevo territorio que está a punto de ser descubierto. Ese tiempo intermedio permite ordenar expectativas, ensayar posibles conversaciones, ajustar estados de ánimo y familiarizarse emocionalmente con una situación que todavía no ha tenido lugar. De este modo, el desplazamiento deja de ser un simple tránsito físico para convertirse en un espacio de preparación mental con una función muy específica. En cierto sentido, esos minutos constituyen una auténtica antesala del futuro inmediato. No son un tiempo vacío situado entre dos acontecimientos, sino una parte integrante de una experiencia que ya se está gestando. Lo que se piensa...












