Inaccesibilidad aparente.
Mientras dedicamos algo de tiempo a callejear por nuestra ciudad, podemos encontrarnos con un tipo de personas que parecen moverse en una órbita propia. Caminan con paso seguro, miran a través de la gente y hablan con una distancia calculada, como si el resto del mundo fuera sólo el decorado de su existencia. A primera vista resultan inalcanzables, su actitud genera confusión, una mezcla de intimidación y curiosidad. Uno no sabe si se trata de soberbia, de pura indiferencia o de un mecanismo de defensa demasiado bien ensayado. Sin embargo, esa apariencia se desmorona en cuanto encuentran al interlocutor adecuado. Entonces la distancia se pliega, la mirada se suaviza y la reserva se convierte en una atención casi excesiva. Se muestran solícitas, cercanas, dispuestas a abrir espacios que antes parecían cerrados a cal y canto. Es como si hubieran estado esperando, sin saberlo del todo, la frecuencia exacta que combine con la suya. Lo desconcertante no es tanto ese cambio ni la natur...













