Incombustibles.
No creo que a estas alturas os sorprenda saber que determinada pasiones consumen esta ciudad con una intensidad casi destructiva. No se trata de simples emociones; son fuegos que se apoderan del alma como un incendio incontrolado. Brillan con una luz cegadora y elevan la temperatura de los cuerpos hasta llevarlos a alcanzar su punto de ebullición. En su origen, ese tipo de pasión lleva impresa la marca de lo divino y de lo demoníaco. Desde bien antiguo ha estado asociada con los dioses y sus caprichosos designios; con ese fuego que insuflan sobre nosotros, pobres mortales, para dotarnos de cierta vitalidad y a veces, también, para tentarnos y ponernos a prueba pues..., quienes se entregan sin medida a una pasión tan ardiente, tienden a estar dispuestos a pagar el precio más alto. Sin embargo, no todo ha de ser una pérdida. El fuego purifica tanto como destruye. Pasado y presente coinciden al abordar esa tensión ambigua y eternamente irresoluble. Se ha de temer al fuego que puede ...













