Donaire.
Es precisamente en estas fechas cuando nuestra ciudad comienza a poblarse de toda una serie de individuos con unas características muy concretas y reconocibles. Personas, en muchas ocasiones recién llegadas, pero que se sumergen en la esencia que destilan estas calles como poseídas por la fe del converso. Sujetos provistos de una desenvoltura digna de admiración. Ese garbo aporta gracia natural, ligereza, elegancia innata y una cierta distinción en el movimiento y la actitud: es esa forma de caminar, de girar la cabeza, de mirar o de gesticular con naturalidad y estilo, sin un esfuerzo aparente. Cuando esta cualidad se une a la sensualidad, el resultado es un porte tan poderoso como sutil: no es una sensualidad vulgar ni exagerada, sino una que fluye con elegancia. No es difícil de nos quedemos prendados de esas personas que se mueven con una cadencia suave y segura, que transmiten deseo sin necesidad de gestos obvios, que seducen con la mirada, con la postura, con la forma en qu...













