La senda sugerida.
Ella me llama desde el umbral de su piel, sin palabras, sólo con el fuego de una mirada encendida que traza una senda en un pecho desnudo y funde su aliento con el mío hasta diluir el origen del que surge el deseo. Sigo el temblor que nace en sus caderas, esa curva suave que me incita a adentrarme allá donde el río de su anhelo me arrastre. Hundo mis manos y me olvido de mí nombre mientras dejo que su ola me disuelva sin oponerme. Cruzo el puente de sus muslos abiertos caminando por un cuerpo que se define en silencio. No existe mapa más claro que ese ardor que late entre nosotros en un solo pulso mientras susurra: "pasa y no te vayas nunca". Abandono la orilla de lo que era, sumerjo mi forma en la suya desdibujando las antiguas fronteras. Sus senos pasan a ser mi nueva enseña, su vientre el altar donde depositar esa ofrenda que sellará ese pacto inquebrantable. Así, paso a paso, cuerpo...













