Reconocimientos.
En nuestra ciudad, el homenaje al talento que nos precede no se limita a la placa conmemorativa, al busto en una plaza o a la retrospectiva ocasional. Hay algo más vivo, más generoso y, en cierto modo, más radical: la costumbre de retomar el trabajo de determinadas figuras pretéritas exactamente en el punto en el que lo dejaron. No se trata de imitarlo ni de completarlo con la soberbia de quien cree poder mejorarlo, sino de continuarlo con la humildad de quien reconoce que aquella labor aún no ha agotado su capacidad de dar fruto. Cuando un arquitecto recupera los planos inacabados de un diseñador olvidado y levanta sobre ellos una construcción contemporánea; cuando un músico local toma la partitura incompleta de un compositor de hace décadas y la termina sin traicionar su espíritu; cuando un artesano o un científico retoma los experimentos, las técnicas o las intuiciones que quedaron a medias… en todos esos gestos hay algo más que añoranza. Hay gratitud activa. Se agradece no só...












