Expectativas retenidas.
Brotan como una fuente en el pecho, clara e insistente, prometiendo mares que aún no existen. Si las dejas correr sin freno, inundan los días, arrastran la paz, y ahogan la sencilla verdad del ahora Por eso las abrazo con manos firmes, como quien sujeta un vaso lleno hasta el borde: sin derramar una gota, sin negar su brillo. Sólo así puedo caminar ligero sobre la tierra real, donde el agua que sí llega basta para vivir.













