Qué sencillo sería.
Qué sencillo sería que nuestra luz se expusiera sin nada que la coarte o la haga menos cierta. Y qué sencillo sería prescindir de los disfraces con que se visten los miedos que en nada nos benefician. Y qué sencillo sería no rodear la ternura dejando que se marchiten esas palabras no dichas. Y qué sencillo sería llevar la verdad en las manos, compartir sueños y heridas sin fortalezas ficticias. Y qué sencillo sería mirarse sin otro anhelo que cultivar confianzas cimentadas en lo honesto. Y qué sencillo sería renunciar a la impostura y al refugio del engaño que nos priva de ser libres. Y qué sencillo sería no temer ser descubiertos cuando nada nos inculpa ni nos hace menos rectos.












