Frente a argumentos de peso.
Frente a la cada vez más extendida costumbre de poner en cuestión toda mínima inflexión de cualquier alegato que no sea el propio, en esta ciudad se sigue apostando por una exposición de pareceres clara, concisa y desacomplejada, que permita ponderar; sin cortapisas ni suspicacias; cualquier asunto que resulte susceptible de ser examinado.
Mediante un retórica que no busca tanto aleccionar como persuadir sin exabruptos, actos y palabras se combinan para prender una chispa que se ocupe de ordenar el caos, desarmar sin herir, trasformar expectativas en oportunidades y discursos recopilados en posibles destinos.
Quienes obvian o desconocen este arte, gritan o se callan. Quienes lo cultivan, en cambio, son capaces de dejar su huella en el mundo con tan sólo un susurro (y a veces... hasta en silencio).




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