Velando armas.

 


Quienes gustan de frecuentar esta ciudad saben que algunos de los sucesos más relevantes que tienden a desarrollarse en su seno suelen acontecer en el intervalo que media entre el ocaso y el alba. Muchos; aunque ya no tantos; también conocen la existencia de ciertos rincones revestidos de una cierta clandestinidad a los que algunos iniciados acuden cuando necesitan pensar, sanar o simplemente escuchar lo que llevan dentro.

Al contrario de lo que pudiera parecer, teniendo en cuenta la clase de dinámicas que suelen observarse en los espacios que conforman esta urbe, los lugares a los que me estoy refiriéndo no te piden que hagas nada más que estar ahí, quieto, el tiempo suficiente para que algo dentro de ti se reacomode por sí solo.

De todos modos, conviene aclarar que no estamos hablando de una especie de templos del saber donde nos es posible despejar todos nuestros interrogantes. Se trata más bien de espacios donde nuestras preguntas puedan respirar y estructurarse. Lugares donde es posible escuchar con mayor claridad aquellos pensamientos que rara vez nos atrevemos a expresar en voz alta.

Lo que venga tras haber visitado estos reductos de íntima reflexión, en buena medida, vendrá determinado por aquello que cada cual ya tuviera interiorizado previamente.

Comentarios

Entradas populares