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viernes, 6 de junio de 2014

¿Cuestión de suerte?


Son muchas las personas a las que, en estos momentos, no les está yendo demasiado bien en lo que respecta a sus asuntos del corazón. La verdad es que, este tipo de situaciones, tienden a ser una constante, pero; en determinados momentos y por causas a las que no somos capaces de encontrarles una explicación demasiado plausible; parece como si se produjera una especie de “repunte” de las mismas.

Independientemente de las “razones” que pudieran esconderse tras estos hechos; y que, sin duda, responderán a factores e influencias de lo más variopinto; desde la ludoteca han dado muestras de su preocupación (cosa rara en ellos) en relación a esta serie de circunstancias. Es por esa razón que, para esta semana, en lugar de “obsequiarnos” con alguna de sus alocadas propuestas, lo que pretenden es llamar nuestra atención sobre este asunto y poner de relieve aquello que; a su juicio; puede ayudar a evitarnos sobresaltos no demasiado agradables.

Cuando intentamos explicar qué es lo que mueve determinados sentimientos, siempre acude a mi esa frase atribuida al racionalista francés Blaise Pascal y que dice así: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Eso, que en cierto modo sí que podría tener una parte de verdad, no debería servir de escusa para desatender aquellos otros aspectos, más lógicos y evidentes, que dominan todas las relaciones personales (las de carácter más intimo también).

Lo que nuestros lúdicos amigos opinan a este respecto es que en el amor debemos jugar nuestras cartas de un modo inteligente (que no interesado en el sentido de egoísta) y calibrar las prioridades en función a las necesidades de cada pareja. La suerte de haberse hecho con “una buena mano” no sirve de nada cuando no se actúa de forma adecuada y…, confiarlo todo a que esa “suerte” nos vaya a estar acompañando de manera indefinida no parece, a todas luces, una táctica demasiado acertada ni prudente.

Para que la llama del amor no se extinga debe verse alimentada; entre otras cosas; por la “ilusión”. Pero ¡cuidado!, determinadas ilusiones son solo eso, ilusiones, y, de empecinarnos en ellas, terminaríamos chocando brutalmente con la realidad y, por ende, con la frustración. Además, ¿realmente estaríamos dispuestos a poner en peligro todo lo que significa para nosotros una persona determinada por obcecarnos en cuestiones menores o caprichos momentáneos?


Ya lo sé. Todo esto, dicho así, suena demasiado frío y racional, pero, por un lado, esa “ilusión” a la que me refería, para verse recompensada, han de ser previamente trabajada y, por el otro,  para que así sea, no nos queda más remedio que establecer cuidadosamente nuestras prioridades.

No obstante, también es cierto que no siempre acertamos, que a veces nuestro primer error radica en la propia elección de la persona que hemos escogido para acompañarnos (tal vez por esas otras “ilusiones” de escaso fundamento a las que también he hecho mención). Pero, si bien es verdad que algo así bien puede trastocar toda nuestra confianza en los demás, desde la ludoteca quieren dejar bien claro que siempre hay un lugar para la esperanza y que, en definitiva, aunque siempre exista esa porción de riesgo, también está presente la probabilidad de éxito.


Por mi parte, solo quiero añadir que no debemos tener miedo a equivocarnos. Si nos sucede esa eventualidad debemos intentar aprender de ella y tomar las mediadas necesarias para que no se vuelva a repetir (aunque sin caer en recurso fácil de aislarse para así evitar el daño). Sinceridad, firmeza y tesón, son las máximas que guían todos mis actos y…, reconozco, que bien pudieran estar equivocadas, pero como no he encontrado todavía ninguna alternativa capaz de aportarme la serenidad que esta me aporta…, pues, la verdad, rendirse no lo considero como una opción.


Que tengáis todos un feliz y sosegado finde.


6 comentarios:

  1. La suerte, fortuna o destino creo siempre está presente, y es bueno valorarla para saber que la vida nos concede también esa parte bella, que no todo cuanto acontece requiere un esfuerzo por nuestra parte, pero es cierto que eso es solo el pistoletazo inicial, un regalo que sobreviene. Esas cartas que comentas todos las tenemos, nos llegan, normalmente sin esperarlas como punto de partida y dependiendo de nosotros mismos podremos mantener e incluso hacer crecer el amor en esa relación.

    El éxito, creo, se basa en conocer nuestras propias necesidades así como las de quien comparte la vida con nosotros, compaginar ambos sentires, tratar de satisfacer haciéndolo así a nosotros mismos, comprender las necesidades y respetar los deseos y querencias, perdonarnos nuestros fallos y aprender de todas las caídas, pero lo básico es la confianza, el saber que no seremos dañados gratuitamente, que se construye un proyecto común, siendo necesario en ocasiones pulir y derribar nuestras propias fronteras interiores, nuestros miedos y percepciones personales, para abrir nuestras miras y permitirnos descubrir junto a esa persona que complementa aquello que somos.

    No siempre es sencillo, no siempre actuamos bien y debemos asumir nuestras derrotas para que sean futuras victorias.

    Aprovecho este post tan bonito, centrado y sensible para compartir contigo unas palabras de Gabriel García Marquez que me encantan:

    "Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esa fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.

    Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré"

    Feliz día, mi Señor
    Confío en Ti...
    A Tus pies

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    1. De todo cuanto has dejado expuesto en tu comentario, mi dulce dana, me quedo, sobre todo, con lo último, con esos versos de nuestro añorado Gabriel García Márquez. Pero si me quedo con ello no es para suscribirme a esas palabras sino, más bien, para todo lo contrario, pues; y siento mucho tener que disentir con Gabo en esta ocasión; resulta muy fácil acertar cuando se sabe (si en tales circunstancias se cometieran fallos, únicamente podrían atribuirse a una clara y notoria mala fe). Por contra, la duda tiende a estar presente en casi todos nuestros actos, en la ingente legión de "y si....s" que vienen a agobiarnos cada vez que intentamos tomar la decisión más adecuada o, en su defecto, menos mala.

      A veces hemos de cargar con las consecuencias que se derivan de actos ajenos, eso es verdad; pero no por ello resulta lícito intentar "escurrir el bulto" cuando el fallo se ha producido en nosotros. Pero yo no veo, a priori, nada malo en esos fallos, son los elementos esenciales de cualquier aprendizaje. Los problemas suelen surgir cuando no conseguimos aprender de ellos, cuando caemos en ellos reiteradamente y; sobre todo; cuando adquirimos el habito de creer que pueden darse por zanjados mediante el uso de una disculpa intrascendente y la promesa, repetidamente incumplida, de no volver a cometerlos.

      El "si supiera", en esos casos, podría ser rebatido fácilmente con un : "Y... ¿qué te creías?"

      Un beso y un azote, mi dulce y docta sierva.

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  2. El amor no es una única ciencia ni certera, como cada persona es un mundo, y conjugar ambos a veces se hierra anteponiendo los deseos del otro sobre los de uno propio, creyendo asi que tiene una buena jugada o un as en la manga, pero a veces el tiro sale por la culata, será la rutina? Puede ser o quizás sea que antepusiste sus necesidades a las tuyas? Y vas arrastrando un lastre que se hace cada vez mayor incapaz de sobrellevar la relación.... Por otro lado, cuando te dicen que de los errores se aprende, no lo creo que el terreno del amor, por lo menos a lo que me acontece, y en mi caso es muy acertado ese refran que dice : el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra... Y quizás porque has tropezado varias veces, recelas, y quizás alla perdido alguna oportunidad de volver a intentarlo con otra pareja, temor de volver a fracasar que ya de antemano te hace recular. Eso no significa que no tengas un rollete de una noche, pues el sexo siempre gusta, lo malo es cuando empieza a influir los sentimientos...
    Muy buenas tardes amigo y Caballero Qar, un saludo

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    1. Bueno..., mi estimado amigo y compañero, la verdad es que, en cierto modo, también disiento un poco contigo al recepto (ciertamente, creo que estoy siendo un tanto "puñetero" con esta cuestión).

      Cuando dices que, en el amor, siempre tropezamos con la misma piedra, solo habría dos explicaciones posibles que validaran esa afirmación.

      La primera: que nos hayamos encaprichado con una persona en concreto, que no resulte demasiado conveniente para nosotros y que nos resulte imposible; por el motivo que sea; ver más allá (entonces esa persona sería nuestra piedra).

      O..., la segunda (y, en mi opinión, más probable): que nosotros seamos esa piedra.

      Para que sea "lo mismo" algo ha de permanecer constante, de otro modo; por muy sutiles que fueran las variaciones; estaríamos hablando de otras cosas.

      Resulta un tema muy complejo todo esto del amor y más aún si nos referimos a ese AMOR, con mayúsculas, que tanta controversia parece generar en virtud a la disparidad de criterios a los que obedece en función de cada persona. Por esa misma razón; porque cada uno de nosotros le damos un significado muy distinto; deberíamos sincerarnos con nosotros mismos y luchar por aquello que realmente anhelamos, corriendo el riesgo; eso sí; de no ser capaces de encontrarlo jamás.

      La otra opción sería la de conformarse con un "amor" que no respondiera a nuestras expectativas y que, ojo, podría llegar a funcionar pues la vida esta llena de sorpresas; pero..., en ese caso, sí que sería cuestión de suerte.

      Un fortísimo abrazo Caballero y no te rindas. Sé que puedes.

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  3. Complicado y peliagudo tema…en mi humilde opinión, y por experiencia propia, creo que a veces somos nosotros los que complicamos las cosas, esto también sucede en cualquier ámbito de la vida. Cuando en realidad, la vida no es más que una oportunidad de existencia, que has de aprovechar intensamente, viviendo y exprimiendo cada minuto. En las relaciones personales, claro que nos equivocamos, pero también hemos disfrutado de algunos de sus momentos, y seguro, aprendido. Supongo que hay que dejarse llevar en cada situación, que aunque a veces pensamos que va a ser igual a la anterior, nunca es así. Pero donde creo radica todo lo que hará que una relación sea fructífera, es en la comunicación, sinceridad y complicidad. Cuando estos tres factores existen, nace esa “libertad” emocional, para decir lo que uno desea y siente, y por supuesto, escuchar lo que desea y siente el otro. Y como bien dice Don Juncal, el amor no entiende de una sola definición, siempre dependerá de cada persona, y de la forma de vivirlo y sentirlo. Pero bueno, hay que mojarse, o no navegaremos por ese mar maravilloso de dos ser que se atraen…e imaginación, mucha imaginación e ilusión de nuevas fronteras que descubrir juntos… ;-)

    Bsos enormes y feliz sábado!

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    1. "Comunicación, sinceridad y complicidad" ¿Qué decir? Es como si me estuviera escuchando a mi mismo.

      No importa tanto el ideal de "amor" que podamos tener. Lo importante es saber trasmitirlo; sin disfraces, sin dobleces. Si tenemos que disimular para que permanezcan a nuestro lado... puffff, eso si que es triste. Que te aprecien, que te quieran por algo que no eres es como si no te quisieran en absoluto.

      No obstante, como tú, yo soy de la opinión de que el riesgo, en este caso, está a la altura de la recompensa. Por supuesto que existe la posibilidad de que a uno le hagan daño si devela lo que es, pero para poder encontrar a ese persona que te complemente no queda más remedio que hacerlo.

      Un besazo, Ginebra, y..., gracias, me ha encantado tu comentario.

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