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jueves, 19 de junio de 2014

"Fosques".


De manera más o menos extendida, las personas de inquietudes dominantes siempre hemos estado expuestas a ser objeto de determinadas críticas. “autoritarios, arrogantes, despóticos, partidistas…” son solo algunos de los epítetos a los que tenemos que estar acostumbrados (sobre todo porque no faltan las ocasiones en que tales definiciones no están demasiado desencaminadas). No obstante; y como suele suceder con bastante frecuencia; ponerse a generalizar no suele ofrecer resultados demasiado reveladores, más allá de del discurso fácil o la emulación repetitiva. El caso que nos ocupa no constituye ninguna excepción en ese sentido.

Hablando en propiedad, existen, no obstante, determinadas actitudes que; si bien podrían dar lugar a que uno fuera el blanco de un buen número de las afirmaciones anteriores; rara vez nos paramos a pensar en las causas que pudiera haber detrás de esos comportamientos.

Por ser hoy el momento de la semana en que esta ciudad rinde culto a la disciplina femdom; y por ser esas “damas de talante autoritario” las que, en buen número de ocasiones, terminan siendo las receptoras de algunos de esos calificativos tan poco halagadores; voy a centrarme en su caso a sabiendas de que, mucho de cuanto voy a exponer, resulta igualmente aplicable al terreno de la dominación masculina.


Para desgranar este tema, quisiera comenzar echando mano del nutrido léxico con el que contamos en mi tierra para apropiarme de cierta palabra que sirve para describir a aquellas personas que, en su relación con los demás; incluso de entrada; muestran un marcado mal humor no exento de cierto despotismo. Se dice entonces de esas personas que son fosques; que, al castellano, podría traducirse como “hoscas” o “hurañas”, e incluso, si se quiere (recurriendo a ese vulgarismo ampliamente extendido, al menos en España) como “bordes”.

Como ya he apuntado al principio, es muy posible que muchas dóminas se ajusten a esa definición cuando nos referimos a la forma en que interactúan con algunos sumisos. Pero… ¿significa eso que todas ellas, sin excepción, presente un cuadro crónico de mal carácter? Además, si así fuera, cabría plantearse otra pregunta: ¿obedecería ese hábito a un rasgo innato en su naturaleza o sería, más bien, una reacción totalmente lógica ante determinados planteamientos? La primera opción es la más simplista, la más cómoda y, tal vez por ello, la más recurrente. La segunda, en cambio, deja al descubierto un buen número de variables que, con frecuencia, no son tenidas en cuenta.

Si existe un rasgo claramente diferenciador entra la dominación femenina y la masculina (obviedades físicas aparte) ese es, sin duda, el que viene determinado por la acusada desproporción entre “la oferta y la demanda”. Apelando a la fría estadística, existe un porcentaje relativamente reducido de Amas en contraposición al de sumisos aspirantes a verse sometidos. Sería interesante intentar dilucidar a qué obedece esta disparidad, pero, para no alejarme demasiado del objeto de este tema, mejor lo dejo guardado en la recámara a la espera de una ocasión más propicia. Sobre lo que quiero centrarme es en las consecuencias que ese déficit (o superávit, dependiendo del lado en que se esté) puede llegar a tener sobre la presencia de ánimo de tan solicitadas mentoras.

Lo primero que debería sopesarse es si todos esos “candidatos” a una entrega plena para con una mujer merecen ser calificados como “sumisos” en el más estricto sentido de la palabra. Como suele ocurrir con todo lo relacionado con el bdsm, también en esta coyuntura no faltan ocasiones en las que resulta bastante difícil separa el trigo de la paja. Sí que es cierto que muchos de los que se “autodenominan” sumisos, en el fondo, no resultan serlo tanto puesto que no están dispuestos a ceder el control de sus actos ni a ponerlo en manos de ninguna fémina. Que muestren un cierto interés por reproducir determinadas escenas de carácter femdom, no se traduce necesariamente en una verdadera motivación hacia un entrega profunda.


Con todo lo anterior no pretendo censurar a un determinado tipo de “inquietudes”; que cuentan con sus propios espacios y que resultan tan respetables como pudiera serlo cualquier otra; pero sí que quiero advertir (una vez más) de la conveniencia de llamar a las cosas por su nombre y de no intentar disfrazar nuestros verdaderos propósitos. Claudicar en  ese sentido sería tratar de engañar a los demás y; casi peor aún; pretender engañarnos a nosotros mismos.

El problema viene motivado, en parte, por la errónea y extendida creencia de que a las Amas, en general, les viene a dar igual casi todo y que; con tal de pasar algún que otro buen rato poniendo en práctica su rol; son capaces de plegarse a las fantasías de los que, “supuestamente”, se ofrecen a ser sus subordinados. Todo aquel que aborde este tema desde tan endeble premisa ya estaría cometiendo su primer error.

Vuelvo a repetir que, dentro de un ámbito de relaciones íntimas consensuadas, casi cualquier cosa es posible; pero, cuando nos referimos a las motivaciones que mueven a muchas damas a adoptar un perfil dominante, con bastante frecuencia, los tiros suelen ir en otra dirección. ¿Actitud o aptitud? Esa podría ser la pregunta del millón. Si la opinión de alguien que se defina como sumiso es que a las dóminas solo las mueve el deseo de adoptar una pose artificiosa y carente de cualquier tipo de profundidad; la verdad; puedo imaginarme con bastante precisión la enorme frustración que pueden llegar a padecer muchas Amas al verse; día tras día, contempladas bajo semejante prisma.


Ese podría ser un buen motivo para esa “fosquedad” que a veces se les imputa, pero, por otro lado, también hay que decir que no son pocos los “aspirantes a sumiso” que anhelan, precisamente, dar con una “instructora con malas pulgas”. Esto, que en muchos casos, no pasa de ser un mera fantasía; si es que se consigue llevar a la práctica; no suele ajustarse demasiado a las expectativas que se hubieran podido albergar en un principio. Culpar de ese hecho a todo un colectivo no pasa de ser una pataleta, en gran medida, carente de justificación. Es como si los responsables de generar un determinado tipo de demanda se vinieran a quejar, después, de que existiera la oferta.

En honor a la verdad, no hay que dejar de apuntar el sadismo, puro y duro, que algunas Amas imprimen en sus actos; pero (conviene recordarlo también) ese es, precisamente, el rasgo que define su rol y, si bien en esos casos se las podría achacar una crueldad desproporcionada y una total ausencia de empatía para con sus sometidos, lo cierto es que no faltarían las voces que se alzarían en defensa de ese “exceso de celo” como una clara muestra de “pureza” en su forma de entender la dominación femenina.


Como en todo, también aquí existen “casos y casos” y, por ese motivo, no debería caerse en la tentación de demonizar a todo un grupo. La D/s, en cualquiera de sus vertientes, conlleva sus riegos, pero, a la hora de criticar determinados comportamientos (y yo no digo que no existan motivos para hacerlo), siempre resulta mejor pararse a pensarlo primero sopesando las particularidades que cada situación pudiera manifestar. Esa es, sin duda, la mejor forma de encontrar soluciones o, al menos, el modo más coherente para evitar incurrir nuevamente en los mismos errores.


Un saludo para todos.


4 comentarios:

  1. Muchas veces la fama está bien merecida, ya sea porque esa pose atrae a aquellos que quieres acoger bajo tu dominio o porque realmente rechazan aquello que ven en los ansiosos de sometimiento, pero ese creo que es el problema, porque justamente la misma actitud puede ser motivo de atracción generándose aun mas esa actitud y retroalimentando aquello que no se anhela...

    Otras veces es una simple pose para defenderse, y no solo en dominas, sino que muchas, entre las que me incluyo, necesitamos de ese espacio vital y de esa protección personal que nos hace adquirir una fachada fosca para alejar los peligros que en nuestra experiencia se han ido acumulando. No puedes decir realmente como es una persona con el simple reflejo inicial que emiten, sino que tienes que conocerla en profundidad, aquello que la motiva a actuar en cierto modo, poniéndote en sus zapatos para comprenderla y así poder emitir un juicio cierto.

    Si algo me sorprende este tema concreto de las dominas es la infinidad de sumisos que afirman ellas se acerca y que luego resultan no serlo realmente. Desconozco si también pasa con las féminas sumisas pero la verdad es que no suelo oírlo con tanta asiduidad, quizás porque a las chicas no nos mueve solo la parte sexual sino esa parte mas emotiva que sentimos la necesidad de saciar?

    Es un tema complicado, y cada vez veo mas claro lo complicado que es encontrar a aquella pareja que se complemente y entienda el hacer de un modo similar al tuyo, vagando en esta vida en una constante búsqueda, y quizás eso, el hecho de no encontrar lo que realmente se necesita pueda hacer que adquiramos actitudes que a la vez, nos alejan de ese mismo objetivo.

    A veces, nos cerramos puertas con una actitud impostada por el cansancio y la desconfianza del camino.

    Vuelvo a reconocer que me siento tremendamente afortunada porque la vida me haya puesto en Tu camino y poder saciar todo aquello que necesito junto a Ti, disfrutando y aprendiendo, siendo instruida en mi sumisión y amada en mi esencia.

    Un tema realmente interesante y muy bien expuesto.
    A  ver si tenemos la fortuna de recibir muchos comentarios y conocer el parecer de los ciudadanos, sin duda me gustaría disfrutar de esa diversidad de pensamiento..
    Felicidades mi Señor...

    Besines dulces
    A Tus pies

    (perdona el rollo...ya sabes que cuando me pongo....)

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    Respuestas
    1. Ese contrapunto que has sabido imprimir con tu comentario me ha parecido tremendamente revelador, pues, sí, son muchas las cosas a tener en cuenta con respecto a este particular e incontables las variables que modifican el resultado de la ecuación.

      Hablas de suerte, y también ella; como el resto de factores; puede tener su punto de influencia. Tal vez, lo más importante de todo radique en el hecho de concienciarse; "muy mucho"; de todas las dificultades que pudiera llegar a entrañar una relación de este tipo antes de "lanzarse al vacío".

      Un beso y un azote, mi dulce y sensata sierva.

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  2. Este es uno de esos posts extensos que dedicas al femdom y me gusta la profundidad que alcanzas en varios puntos, y sobre todo me gusta lo de llamar a las cosas por su nombre. Por la parte que me toca, voy a dar mi opinión sobre la supuesta bordería de las Amas. Para empezar, al igual que hay varios tipos de sumisos, los hay de Amas, y para bien o para mal, abunda el prototipo de ultra sádica con mala leche perpetua, imagen que consolidan ellas mismas porque les interesa hacer ese papel, o por motivos económicos ya que atraen justo a esa clientela que busca tal clase de Dómina profesional, o por qué no, por simple placer y forma de ser personal.

    Aparte de eso, las que no vivimos de una imagen sacada de un vídeo porno, podemos dar igualmente una impresión de ser, cuanto menos, estiradas, por nuestra forma de expresarnos o de tratar a los candidatos a sumisos, y como bien comentas, en parte ocurre que estamos hasta la peineta de los personajillos que vienen con la intención de utilizarnos para sus fantasías sin importarles un cuerno lo que queremos nosotras o dando por sentado que haremos encantadas todo el repertorio del canal femdom extremo, o como apunta dana, que se olvidan del detalle de que somos mujeres y personas antes que nada y nuestro componente emocional es igual o más importante que el sexual. Creo que es una reacción lógica y que no merecen otra cosa que una respuesta cortante los que van en esa dirección.

    Por otra parte, yo al menos sí puedo parecer un tanto hosca cuando se me acercan aunque sea sin caer en los típicos errores, pero es que es consustancial a ser dominante el hecho de poner el listón alto desde el primer momento, no es hosquedad en realidad, es dejarle claro a la otra persona que incluso si llegamos a intimar yo voy a ocupar mi lugar, y mi lugar es ser dura y estricta en general porque es lo que me apetece y me llena.

    Y todo esto, en mi caso repito, no está reñido con el humor ni significa que esté con mala cara, que yo disfruto dominando y lo que se me pone en la cara es una sonrisa de placer (sonrisa sádica o sonrisa angelical, que hay momento para todo), y en esta vida es mejor echarle humor a las cosas, y para muestra tengo yo varios casos en mi blog en los que critico a los falsos sumisos con una buena dosis cómica, porque la primera reacción es indignarme pero luego, al tomar distancia, hasta le veo el punto humorístico y eso ayuda a neutralizar el mal trago de cruzarte con algún impresentable.

    Vaya, me ha quedado tamaño post, así que ya tengo el próximo para mi hogar bloguero :)

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Una interesante reflexión personal que parte de un conocimiento denso y profundo acerca de este tema.

      Para mi, contar con una visión tan próxima a las circunstancias que aquí he tratado de exponer y con una voz mucho más autorizada que la mía en lo que se refiere a sus particularidades, es un lujo impagable. Es por esa razón que no puedo por más que agradecerte de corazón que hayas tenido a bien manifestar tú parecer al respecto en esta ciudad, enriqueciéndola y dotándola de una perspectiva más amplia a través de una mirada alternativa.

      No todas las opiniones han de ser coincidentes; que duda cabe; pero la mejor forma de alcanzar el verdadero entendimiento pasa por manifestarlas de una manera sincera y respetuosa; tal y como tú has hecho.

      Ojalá cunda el ejemplo y; se compartan o no las mismas inquietudes; seamos todos capaces de exponerlas a las claras, evitando así innecesarios e incómodos malentendidos.

      Solo me resta pedirte disculpas por mi tardanza a la hora de contestar a tu aportación.

      Recibe un cordial saludo, Ama S, y, nuevamente, gracias.

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