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viernes, 29 de enero de 2016

Meritocracia.





Una de las cosas que más poderosamente llamaron mi atención cuando; de manera un tanto peculiar; llegué a Qarpadia, fue la curiosa organización social mediante la cual se regían sus pobladores. Lo que mayor impacto suele causar siempre a los ojos del profano es el marcado contraste que tiende a manifestarse entre los dos estratos distintivos (dominantes y sometidos) que conforman dicho orden. Pero; si bien, en ese primer momento, quedamos sobrecogidos por el alcance vital que conlleva el hecho de tener que asumir alguno de esos dos roles; resulta que son otro tipo de “peculiaridades” las que, a la postre, vienen a definir los pilares sobre los cuales se sustenta la organización efectiva de toda esta comunidad. Resulta algo difícil de explicar cuando no se está inmerso en ese “sistema” (y más aún para un recién llegado, como es mi caso), pero intentaré, al menos,  describiros los rudimentos y la esencia de esa estructura colectiva para que podáis haceros una idea aproximada de cuál es su funcionamiento.

Para empezar, en Qarpadia no se confía demasiado en que los méritos académicos resulte un marcador fiable en el momento de determinar la valía profesional de un determinado individuo. Esto no quiere decir que no se impulsen medidas encaminadas a la obtención de un aprendizaje de amplio rango y a la consecución de un currículo formativo notable (muy al contrario, se fomentan multitud de medidas destinadas a implementar todo lo relacionado con el estudio y la investigación). No obstante, la ausencia de intereses económicos o de carácter mercantil (Qarpadia carece de un sistema monetario); unido al singular “vasallaje” que impera en su configuración de estado; favorece un sistema de reparto del trabajo más flexible donde resulta posible emplazar a la persona más adecuada para cada puesto sin necesidad de tener en cuenta estrategias de mercado o clientelismos de naturaleza comercial.

No es posible albergar duda alguna sobre la extrañeza que este orden de cosas causa entre quienes toman conciencia de esta realidad por primera vez; pero aún produce mayor desconcierto cuando se constata que no existe una relación directa entre el rol definitorio de cada persona y la labor que desempeña en el seno de la colectividad. Dicho de otro modo: no resultaría demasiado atípico toparse con un “preeminente” que tuviera a su cargo, por ejemplo, el mantenimiento y cuidado de una  zona ajardinada de uso común y, frente a esta circunstancia, descubrir que la persona a responsable de la gestión sanitaria de toda una región fuera miembro de la clase “servil”. El tipo de actividad que se venga realizando no se asimila a ningún “status” concreto ni, tampoco, se considera que el desempeño de una labor determinada haya de ser (por sí mismo) un signo de prestigio. Lo que en realidad prima bajo el “enfoque qarpadio” son el empeño y los resultados del mismo; esas, y no otras, son las referencias que emplean como baremo. También las cosas sencillas pueden ser objeto de reconocimiento cuando están bien hechas.


Antes ya hice una breve alusión en relación a la flexibilidad organizativa que les confiere este sistema, pero…, antes de terminar, me gustaría extenderme un poquito más en relación a este extremo.

Que se procure asignar un determinado puesto profesional entre aquellas personas mejor capacitadas para ocuparlo, no se traduce en una obligación insoslayable a permanecer ligados de por vida al desempeño de una única función. La rutina puede proporcionar una cierta seguridad y ayudar a adquirir esa soltura que se deriva de la experiencia. Pero esa misma rutina, a la larga, va estrechando nuestras miras y nos hace proclives al inmovilismo. Por otro lado…, no es demasiado frecuente toparse con individuos a los que se les den bien muchas cosas, pero también es bastante raro encontrarse con gente a la que sólo se le dé bien una. Esa es una de las razones por las que en Qarpadia suele ponerse en práctica un organizado sistema de “rotaciones” que favorece, no sólo mantener vivo el interés, sino que proporciona al conjunto de la sociedad un contingente de población notablemente versátil  y capaz de asumir, razonablemente rápido, tareas de distinta índole en caso de necesidad.

La otra razón es el descenso de eficacia que se produce en terminados trabajos en función a la edad de quien lo desempeñe. Si se ha de permanecer expuestos a las inclemencias meteorológicas durante largos periodos, realizar prolongados esfuerzos de naturaleza física o verse sometidos a un alto y continuado grado de estrés… no es lo mismo, indudablemente, hacerlo con veinte años que hacerlo con sesenta. La irrebatible lógica de este planteamiento aconseja, por lo tanto, ir derivando entre diversos puestos, teniendo en cuenta los cambios a los que, como seres humanos, nos vemos abocados por razones de longevidad. Además, este método de actuación ayuda a poner coto a muchas de las dolencias de origen profesional que suelen ir apareciendo con el paso del tiempo.


Ahora sí. Para acabar, por si os lo estabais preguntando, el desempeño de los cargos ejecutivos también se rigen por estas normas que os he estado apuntando, pero como intervienen muchos otros factores (como pueden ser, entre otros, los métodos electivos, el traspaso de poderes, los plazos de vigencia o los límites jurisdiccionales) dejaré para más adelante las referencias acerca de esta cuestión. Únicamente apuntar que…, en Qarpadia, como en cualquier otro destino al que hubiera que incorporarse, también a los garantes del orden y el bien general se les exige un alto grado de excelencia.



2 comentarios:

  1. Leyendote echo de menos en nuestro dia a dia muchas de las cosas que rigen Qarpadia, donde parece que impera el sentido común y se puede vivir de acuerdo al sentir y las cualidades de cada individuo.

    Me llevas por unos dias alli???...

    Precioso texto naciente de Tu mente, de Tus anhelos y Tu experiencia.

    Besines dulces
    A Tus pies

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qarpadia resulta " atípica" en muchos sentidos y tal vez esa sea una de las razones por las que...; al menos en relación a algunos aspectos; se suele tener tan presente "el menos común de los sentidos".

      Un beso y un azote, mi dulce y "utópica" sierva.

      Eliminar

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