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viernes, 5 de agosto de 2011

Introspección.


Los que ya me conocéis un poco, sabréis que no soy de establecer demasiadas diferencias entre lo que vienen a ser las relaciones de pareja, digamos, estándar y las de carácter puramente D/s. Es más, ni siquiera soy capaz de precisar el punto exacto donde se traspasa la delgada línea que separa las unas de las otras. Pensándolo fríamente, creo que todo se reduce a la aceptación de un determinado estado mental más que al hecho de abrazar determinadas prácticas físicas. Ahora bien. Esto no quiere decir que no se establezcan ciertos condicionantes que, como si fueran los extremos de una cuerda, nos ayudan, al menos, a discernir claramente las señas de identidad que más se oponen entre una y otra variante. Precisamente, una de esas señas de identidad es la que quiero poner de relieve y compartir con vosotros en este post.

Siempre que me han preguntado por qué creo que no se puede vivir (al menos, no plenamente) el bdsm en el seno de una relación convencional, respondo que, dentro de una pareja que se ajuste a los cánones socialmente aceptados, se ha de dar, si no una “igualdad” entre las partes (término muy políticamente correcto pero que encierra más de una contradicción), si una cierta “equidad”. Eso no quiere decir que, en un momento dado, no puedan darse acercamientos, sensaciones o, si se quiere, escarceos con todo aquello que se supone propio de la temática SM. No obstante, solo se tratará de escenas aisladas, limitadas tanto en el espacio como en el tiempo.


En la relaciones bdsm, al menos en mi opinión, no puede ni debe existir esa “igualdad” a la que antes aludía. En este caso, la diferencia de cometidos a la que han de hacer frente tanto dominantes como sometidos, impide la “equidad”. Se trata de roles opuestos; complementarios, sí; pero totalmente distintos, por lo que ese principio de “equidad” del que os hablo desaparece y pasa a ser sustituido por el de “reciprocidad” que, aunque haya quien defienda la teoría de que vienen a ser lo mismo, para mi, poco o nada tiene que ver lo uno con lo otro. Vale que los dos pueden ser empleados para definir cierta justicia en el reparto de dones, cargas o prebendas, pero, mientras el primero se suele emplear cuando existe una cierta proporcionalidad de cantidades o conceptos, no suele suceder así con el segundo.


Sí. Ya sé que se me está yendo un poco la pinza, pero dejadme que os lo explique mejor con un ejemplo.

Cuando se decide tomar la senda de la sumisión creo que, al menos, la mayoría de las personas que deciden hacerlo tienen claro que no va a suponer un camino de rosas. Por supuesto que tiene sus contrapartidas pero, estas, solo llegarán a costa de innumerables sacrificios. Durante el largo y, en ocasiones, escabroso proceso de “doma”, habrá diversos momentos en los que, aquellos que se sometan, deberán dedicar un tiempo a reflexionar sobre las enseñanzas adquiridas así como a sopesar el modo en que, estas, influyen sobre ellos. La sumisión en sí, por muchas ganas que se pongan, nunca es un plato fácil de digerir y, del mismo modo que no nos ponemos a dar saltos después de haber ingerido una comida copiosa, no resulta demasiado conveniente pasar a una fase más avanzada del adiestramiento cuando aún no se ha asimilado del todo la anterior. Se hace necesario “digerir” (si me permitís la expresión) lo aprendido hasta entonces, no vaya a ser que se produzca un “empacho” que lleve a regurgitar de manera accidental todo cuanto ya había sido “masticado”. Todos estaréis de acuerdo en que, cuando esto sucede, además del mal cuerpo que se nos queda, no nos resulta de ningún provecho lo que habíamos comido.


Para evitar tal contratiempo, resultan imprescindibles ciertos momentos de introspección (esa “digestión” de la que os hablo) para así, de un modo sosegado y más personal, alcanzar el entendimiento que permita seguir progresando. A lo largo del aprendizaje se irán alternando situaciones de este tipo con otras de distinta índole y, aunque a veces puedan dar la impresión de estar sufriendo un cierto abandono o aislamiento, tienen su porqué.

Sucede, sobre todo al iniciarse una relación D/s, que a los dominantes se nos hace necesario aplicar un gran empeño a la hora de que nuestr@s alumn@s no se empecinen en asumir cargas para las cuales todavía no están preparad@s. Esto, a su vez, suele dar pie a algún que otro berrinche por su parte, pero ello no es excusa para ir saltándose pasos que, en definitiva, nos volverían a dejar en el punto de partida una y otra vez.

Bueno. No os quiero dar más la lata pues (mientras repaso a grosso modo cuanto he escrito hasta ahora) me parece que me ha quedado un poco espeso.

Sugeridme que os parece el tema y ya comentamos.

Un saludete y feliz finde. 

7 comentarios:

  1. Hola, tienes un regalo en mi blog.
    un beso

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  2. Buenos dias mi Señor,

    Un post repleto de información que he tenido el placer de releer muchas veces, pero me quedo con la idea general, con la digestión que mencionas.

    Sin saber porque tu propio ser, ante tantas enseñanzas necesita en ocasiones parar, de manera instintiva y asimilar conceptos y sentires, pero en otros momentos, el afan por avanzar, por seguir aprendiendo y sintiendo, te hace no ser consciente de esa necesidad y te lanzas a engullir sin control.

    En ese momento, creo que es imprescindible un "STOP" marcado por el Amo. Éste, suele ser, por parte de la sumisa, difícil de comprender, porque puede crear incertidumbre...¿se duda de la capacidad de la sumisa?¿se ha cansado el Amo de enseñarla?¿ella no le da lo que necesita?¿acaso su esfuerzo no es suficiente?muchas preguntas acuden en un inicio, hasta que durante ese STOP se comprende la necesidad y se solucionan por si misma muchas de esas dudas...

    Creo que lo básico, es el conocimiento y la confianza.

    Si tu Amo te conoce, y confías en su guía aunque no comprendas sus métodos, acogerás Su tempo y avanzaras al ritmo marcado por Él.

    Difícil pero apasionante camino.

    A Tus pies mi Señor.

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  3. En mi opinión, considero que una relación de pareja digamos convencional o de largo recorrido no puede aspirar a convertirse en una relación D/s tal y como las solemos conceptuar.

    Sería incompatible con la gran cantidad de facetas y retos multidisciplinares a los que se enfrenta.

    No obstante, precisamente esa propiedad multifacética da cabida al D/s en algunas - si bien no en todas - de ellas, y las lógicas limitaciones que genera su propia idiosincrasia se ven compensadas, si no mejoradas, con otras características que aporta su naturaleza.

    Así, por citar algunos ejemplos, cualidades como la misma extensión temporal de la relación, el profundo conocimiento mutuo o el amor incondicional propios de estas relaciones pueden aportar nuevos matices y enriquecer de forma sustancial la faceta D/s de la misma; la gran extensión del horizonte tanto físico como temporal propicia distintas y nuevas posibilidades para la autorrealización de ambos "Ds-cónyuges", etcétera.

    Evidentemente, las renuncias también son importantes, y escenarios como un 24/7, por dar otro ejemplo, son impensables. Pero dentro de sus propias limitaciones, como digo, también existe un catálogo de posibilidades que sólo ellas pueden ofrecer.

    Como tantas veces hemos oído decir, no hay dos relaciones iguales y cada una se enfrenta a sus propios retos, límites y ventajas.

    Todo es cuestión de maximizar los últimos manejando con habilidad los primeros.

    Por supuesto, se trata de mi propia opinión expresada desde mi propio punto de vista, y aplicable por lo tanto al limitado campo de lo que yo conozco.

    Mis saludos,

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  4. Muchísimas gracias por el detalle, Juliette.

    Un beso.

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  5. Es más. La adaptación que tú mencionas al ritmo que impone el dominante, puede ayudar y mucho, a alcanzar esa comprensión a la que me refería más arriba. Pero, lo que está claro es que..., sin el esfuerzo y la atención de quien debe aprender no es posible alcanzar el grado de implicación que, a la postre, permite alcanzar ese estado de "comunión" con el dominante.

    Como siempre, se trata de conceptos muy fáciles de identificar cuando se sienten y se generan en uno mismo, pero muy difíciles de comprender (y de explicar) cuando se carece de la perspectiva y ánimo necesarios. ¿No crees, mi sierva?

    Un beso y un azote.

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  6. Estimado Señor de la Mansión:

    No me cabe duda de las enormes diferencias que se dan entre un ámbito bdsm y otro que no lo es, pero sigo firmemente convencido de que los límites entre uno y otro tiende a desdibujarse con suma facilidad.

    Creo que ese es el motivo de que muy pocas personas nos pongamos de acuerdo sobre las reglas que rigen las relaciones D/s (eso, si es que debe existir alguna regla concreta).

    Ya lo he dicho muchas veces, no soy ningún purista, y mi idea sobre este mundo no es mejor ni peor que la cualquier otro. Si tuviera que definirla de alguna forma diría que se trata de aquella que me dictan mis propias convicciones, sentimientos y, también (por qué no), fantasías.

    En ese sentido, creo que es ahí donde todos coincidimos aunque, luego, aparezcan las variables a la hora de determinar con exactitud el origen y destino de todo ello. ¿No será que lo realmente importante es el viaje en sí mismo?

    Bueno. No sé si es a eso a lo que te referías en realidad pero, de todos modos, me alegro de poder compartir nuestras palabras y pensamientos.

    Un saludo de la Ciudad a la Mansión.

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  7. Si mi Señor, bien sabes lo difícil que es comprender esos sencillos conceptos y aun mas difícil saber explicarlos para que se entiendan.

    Por eso, personalmente, valoro muchísimo Tu esfuerzo por hacerme llegar a la comprensión de todas esas cosinas que poco a poco van haciendo mella en mi, para convertirme en la sumisa que ambos deseamos.

    Aprovecho para agradecerte Tu paciencia y dedicación. Sin Ti no podria mi Señor.

    Un gran abrazo
    (apuntado queda el beso y el azote....jjijiji)

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