Apuros pretendidos.

 


Viniste para encontrarte
y arder en tu propio fuego,
humilde y desesperada,
en la profunda sima
de tu pecaminoso sentir.

Tiempo atrás vislumbraste
la penitencia que asumes
con esfuerzo y valentía
como un paso necesario
 para abolir la tibieza.

Bordeando lo terrible,
te reencarnas miembro a miembro,
poro a poro, pliegue a pliegue,
en tanto tu ser se transforma
en pos de nuevas certezas
ocultas y codiciadas.

Se acumulan los latidos
y se expande esa energía
que sacuden los cimientos
y reescribe la envoltura
sin corromper la sustancia.

Estremecida y exhausta,
consciente de ya de ti misma,
tú verdad se hace tangible
y tu piel da testimonio
de furtivas plenitudes.

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