El fulgor entre la bruma.

 

Una cierta opacidad tiende a teñir con frecuencia tanto los días como las noches invernales. De todos modos, pese a los posibles inconvenientes que pudieran generar ciertos imperativos estacionales, no resulta demasiado extraño toparse con una clase muy específica de individuos a los que, esa clase de impedimentos, les trae bastante sin cuidado.

Nuestra ciudad, por el motivo que sea, cuenta entre sus filas un grupo bastante nutrido de personas que responden a ese tipo de impulsos y encajan a la perfección con esa clase de características.

Entrar a valorar, de manera individual, la motivación que impulsa a cada uno de esos sujetos, seguramente se convertiría en una labor excesivamente ardua y extensa como para darle cabida en un espacio tan acotado como resulta ser este. Más aún; incluso poniendo todo nuestro; la más pormenorizada y sentida de las descripciones, posiblemente no llegaría a cumplir con el propósito de establecer un marco de referencia que le hiciera verdadera justicia a los alegóricos destellos de color con los que son capaces de proveernos estos desprendidos personajes.

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