Crisálidas de oportunidad.


Entre muchos de los artrópodos, el estadio que media entre la fase larvaria y la etapa adulta se caracteriza; además de por tratarse de un proceso irreversible; por un ser un momento donde es posible observar un manifiesto letargo asociado a ese proceso.

Obviamente, las criaturas que han ido dando forma a esta ciudad no evolucionan ni se conducen del mismo modo en que lo harian los insectos, pero eso no quita que; en ocasiones; no pueda llegar a establecerse una cierta correlación (metafórica si se quiere) entre los unos y los otros en relación a ciertas mecánicas de mutación.

Esto; que hasta cierto punto puede llegar a aplicarse a casi cualquier lugar; en el caso de nuestros vecinos de acogida, no es nada raro sorprenderlos en plena metamorfosis sin que pueda llegar establecerse una pauta demasiado clara de cuáles son los momentos y lugares que suelen escoger para mudar de apariencia.

No obstante, casi con toda seguridad, lo más relevante de todo este asunto guarda una mayor relación con las causas que les empuja a proceder de ese modo que con los lugares escogidos para llevarlo a término pues, normalmente,  estos últimos obedecen más a una cuestión de conveniencia puntual que a unos factores ambientales predeterminados.

Muchas veces; para nuestros bulliciosos conciudadanos; la ocasión lo es todo y el lugar, en cambio, un mero accidente.

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