Requisitorias.
Nunca ha habido nadie que pudiera demostrarte que la fe fuera capaz de mover ninguna montaña, pero sí que has sido testigo de cómo la fe es capaz conmover ciertas almas. No cualquier tipo de fe, tampoco cualquier tipo de alma.
Nunca has creído en esa fe que surge de repente, como quien se encuentra casualmente una moneda en el suelo. Tu fe no es de las que se aparecen, tu fe es de las que se reafirman.
Tu fe no es universal; ni está al alcance de cualquiera ni tampoco lo pretende. Tu fe es excluyente; no por soberbia ni por desconsideración hacia el resto; lo es del mismo modo en que no te es posible ceder tu propio aliento aunque sí te sea posible compartir el aire que respiras.
Tu fe es intransferible y, aún así, se ha de plegar a unas normas. Tu fe no se asienta en gramáticas pero acata geometrías. Tu fe es una de tantas piezas que busca encaje en un colosal rompecabezas... sin que por ello tenga que renunciar a su esencia.
Tu fe no viene de fuera, tu fe nace de dentro.




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