Aún más soterrado.

A tenor de lo expuesto la pasada semana en esta misma sección, las sendas y vericuetos que que sirven de hilo conductor entre los diversos y variados espacios que conforman esta ciudad; y que se distribuyen por toda su extensión de un modo aparentemente caótico; terminan conformando una suerte de sistema circulatorio por el que pululan sus dinámicos habitantes 

Desde sus bulevares y avenidas; que podrían asimilarse a sus arterías principales; hasta eso otros discretos pasadizos que hacen las veces de capilares que transportan calor y sustancia; vida en definitiva; a todos los rincones de esta entidad urbana, todo ello constituye el verdadero pulso y sentir de esta comunidad.

Al igual que sucede con un cuerpo, no es algo a lo que se le pueda tomar el pulso mediante un simple golpe de vista. Hay que aproximarse y testar ese tipo tan específico de energía asomándose a su interior.

Requiere algo de tiempo y cierto grado de paciencia no ya entender, sino simplemente percibir, ese empuje vital que la recorre.

Así que, a la vista de esta certeza insoslayable, no conviene mostrarse excesivamente ansiosos a la hora de extraer conclusiones. Estas calles tienen mucho que ofrecer y, por ende, también que sentir.

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