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viernes, 7 de octubre de 2011

Disciplina.


Cuando nos referimos al bdsm, pocas cosas le resultan tan obvias e inherentes como lo son la entrega y la obediencia a la que deben hacer frente aquellas personas que deciden adentrarse por la senda de la sumisión. No obstante, a pesar de resultar una de las cuestiones más lógicas y evidentes que puedan darse en cualquier relación D/s; también puede ser considerado como uno de esos hechos que suele ser cuestionados con mayor frecuencia y que, en definitiva, genera la mayor parte de los conflictos que se dan entre dominantes y sometidos.

Sé que todo esto resulta una enorme contradicción, pero, como suele decirse, forma parte (en cierto modo) de la esencia que configura nuestro peculiar universo. Está ahí y tratar de negarlo supondría una total perdida de tiempo. ¿Intentar evitarlo? A mi entender, también esto resultaría un ejercicio completamente inútil, por lo que… ¿qué es lo que se puede hacer al respecto?

Sinceramente, en esta cuestión, como en muchas otras, no existe ningún remedio milagroso ni ninguna panacea universal con la que evitar hacer frente a tan probable eventualidad. La cuestión no sería tanto obviar o eludir las repercusiones que pudiera generar tan curiosa dinámica y sí, en cambio, ver cual es la mejor forma de afrontarlas cuando estas se produzcan.


En más de una ocasión, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra existencia, nos empeñamos en buscar un “porqué” a todo cuantos nos acontece. En principio, nada de malo hay en ello, al contrario. Tal pregunta suele responder a nuestro anhelo por descubrir, conocer y comprender. Es la base de la curiosidad innata que nos caracteriza como especie, que impide que nos estanquemos y nos obliga, en cierto modo, a avanzar de forma más o menos constante.

Mas…, cuando de lo que hablamos es de sentimientos…, la lógica analítica comienza a fallar y, muchas veces, la búsqueda incansable de una explicación plausible, puede resultar más un estorbo que una ventaja. Como seres humanos que somos, seguimos conservando infinidad de rasgos en nuestro carácter que se escapan a un entendimiento convencional (casi todos hemos oído en alguna ocasión aquello de: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”) y, por lo tanto, no se trata de algo que; al menos en principio; tengamos que pararnos analizar si no, más bien, algo que hay que asumir como parte de nuestra propia naturaleza. Los sentimientos siempre han sido una cuestión de lo más delicada, y cuando tratamos de circunscribirlos a un entorno bdsm todavía lo son mucho más.


Dicho esto, la respuesta a “¿Por qué hacemos lo que hacemos?” sería simplemente: “Porque somos humanos y, en ocasiones, nuestros actos obedecen a impulsos no del todo racionales”. Así expuesto,  puede parecer un poco ambiguo y confundirse con una excusa fácil en la que poder escudarse tantas veces como fuera necesario. Pero eso solo sucederá si se tiene, precisamente, la voluntad de utilizarlo como un pretexto que nos sirva de salvaguarda a la hora de tener que afrontar las consecuencias de nuestros propios actos. Si, como ya he dicho, se acepta como algo normal, frecuente y humano pero que, al contrario de lo que pudiera parecer, no nos exime de nada, entonces, habremos dado un importante paso de cara a conocernos a nosotros mismos un poquito mejor.

Este suele ser uno de los escollos contra los que, sumisos y sumisas, suelen chocar con mayor frecuencia pues, sin duda alguna, no es algo que resulte fácil de asimilar en un principio. Indudablemente, son conscientes de que tienen que hacer frente a sacrificios de todo tipo, pero, siendo realistas, hay que concederles una cierta licencia a este respecto ya que, alcanzar ese grado de entendimiento, requiere bastante tiempo (además de una guía constante por parte de l@s dominantes). Aunque, ¡¡ojo!!, cuando digo “guía” no me estoy refiriendo a mostrarse condescendiente ni, en absoluto, conformista. La doma, por definición, requiere un gran esfuerzo y no puede ser considerada; como parece sucederles a algunas personas; como un camino de rosas. Y, aunque así fuera, no olvidemos que las rosa tiene espinas.


Y esto (disculpadme por el rodeo) me lleva a la cuestión sobre la cual quería que versara este post: La Disciplina”. Esta es, a mi entender, la mejor herramienta con que contamos l@s dominantes para poder encarar con ciertas garantías el adiestramiento de nuestr@s sometid@s. Resulta completamente comprensible una cierta rebeldía por su parte en determinados momentos y circunstancias y es que…, como ya ha quedado apuntado más arriba, está en la naturaleza de todos nosotros el hecho de no aceptar las cosas porque sí. Es más, respecto a esta última cuestión, incluso me atrevo a afirmar que existe un cierto tipo de dominantes que gustan de buscar y utilizar, precisamente, esa rebeldía en sus sometid@s. No esa mi forma de entender las relaciones D/s ya que, para mí, la desobediencia ha de ser corregida invariablemente, pero, como siempre he defendido, aquí no se trata de asentar dogmas ni teorías uniformes.

Mi modo de verlo se basa más en la manera de enfocar ciertos conceptos. Dentro de estos, ya he dejado claro que la obediencia es uno de los más importantes ya que (sobre todo cuando se inicia la relación o se da un paso más a la hora de afianzar el vínculo) la comprensión del que se somete, respecto a lo que se le pide, puede no ser demasiado clara. Es aquí cuando el orden, “la disciplina”, ejerce su verdadera función, que no es otra que la de eliminar cuestionamientos que solo consiguen generar dudas en momentos que no vienen al caso.

La comprensión de lo que verdaderamente supone la sumisión llegará (y con ella la recompensa por el esfuerzo y tiempo empleados), pero no será, ni mucho menos, algo inmediato ya que cada persona tenderá a asimilarlo de un modo distinto y, por tratarse de una forma de sentir más que la adopción de una determinada pose en un momento dado, lleva implícita la necesidad de que cada cual lo interiorice y, por decirlo de algún modo, se esfuerce en descubrir sus propias claves (que no han de confundirse con los anhelos o fantasías que, inicialmente, pudieran tenerse).


Es en esta cuestión sobre la que l@s dominantes debemos de prestar una especial atención, procurando no presionar en exceso en el avance de la sumisión pero sin permitir que nuestr@s alumn@s se acomoden permitiendo que su voluntad se disipe. Vigilancia sin agobios, comprensión sin colegueo. En definitiva, como ya he escrito en algún otro sitio, “equilibrio”. L@s dominantes contamos con el privilegio de llevar la batuta, la facultad de imprimir nuestro propio “tempo”, pero esto tendremos que hacerlo, además de con firmeza y tenacidad, de forma justa y responsable.

Menuda chapa, ¿verdad? No era mi intención extenderme tanto. Espero que no toméis estas palabras como algo que deba ser aplicado al pie de la letra. Son, únicamente, el reflejo de mi pensamiento, de cómo vivo y entiendo la dominación. Sé que resulta un tanto compleja, pero, ¿qué le vamos ha hacer? Rarito que es uno.

Un saludo a todos.

6 comentarios:

  1. Buenas noches mi Señor,

    Antes que nada felicitarte por el precioso cambio de look que le has hecho a Tu ciudad y a Tu avatar...me ha encantado!!!una grata sorpresa!

    Sobre el post...uuuffff....muy intenso, muchísima información la que nos aportas, pero me quedo con las sensación que me ha transmitido tras leerlo unas cuantas veces...aunque seguramente no sea objetiva...

    Me ha impactado el hecho de ver el esfuerzo por encontrar el cómo y el cuándo, ese equilibrio que mencionas y el hecho de no actuar por propios impulsos, sino con un gran control personal por encontrar la manera de que su sumisa aprenda.

    Es cierto, y bien lo sé, que es compleja la senda de la sumisión, pero con esta reflexión me has hecho comprender que para un Dominante acompañar a su sumisa por esa senda tampoco es nada fácil, pues debe enfrentarse a sus propios sentimientos, a los de su sumisa y tiene una gran responsabilidad, pues de Él depende en gran medida, al llevar la batuta, como su sumisa avanza. Pasarse es peligroso y quedarse corto también.

    Ahora comprendo mejor....gracias.

    A Tus pies mi Señor

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  2. Quizá diga cosas poco acordes con lo que mencionas o no... quizá nada tengan que ver o sí, pero expondré dos puntos.
    Primero, desde el punto de vista de mi profesión. Enseñar y aprender conllevarán, ineludiblemente, disciplina, o poco o nada se conseguirá. Pero ambos, cuando proceden de la voluntad, serán mucho más fructíferos y válidos. Es así que cuando el niño es consciente de a dónde vamos, avanza con mayor facilidad y poniendo mucho más de su parte. Si quiere leer el libro tal, sabrá que durante meses, tendrá, a determinada hora, que seguir un método prediseñado para ir primero por fonemas, luego por palabras y así, hasta conseguir la comprensión de frases y párrafos. Para ello, tendrá que ceñirse a horarios, estrategias, estilos, evaluaciones, etc. Aunque no se crea y aunque muy pequeños, lo interiorizan y es de muuuucha utilidad.
    Trasladando el asunto a nuestro micro-o-no-tan-micro mundo vendría el segundo asunto.
    Siendo no-niños y teniendo mayor voluntad en lo que deseamos lograr o conseguir, el tener claros las razones y los porqués, podría resultar tremendamente valioso en el avance, de la mano con la disciplina que bien puede ser impuesta e incluso autoimpuesta. Y también el saber que podemos fallar, porque aquí no se trata de pasar un curso, si no de complacer a quien nos debemos. Por ende, si sabemos a qué se debe tal o cual actitud, nos resultará más sencillo asumir las condiciones.
    Y claro, nadie dice que siempre tengamos que saber, pero con seguridad ayuda. Una vez vencidas las primeras trabas, será más fácil ir interiorizando la confianza, dado que esta se gana, no sólo es cosa de decir, "soy tu Amo, acata porque así lo has querido" o "debo hacerlo/entenderlo porque Él lo dijo"... o si? Sea en asuntos externos como sentimentales, creo que el camino es el mismo.

    Seguramente habrán también espinas, pero cuando son dos (o más.... :S jajaja) que persiguen un objetivo, todo es más fácil de llevar y la disciplina termina siendo un trámite obligatorio al que acogerse, inclusive, por designio propio. Es más, hasta el fallar, le otorga a la relación un toque de impulso, una motivación para volverlo a intentar. Y eso resulta, primero frustrante, pero luego, pretexto perfecto para avanzar.

    Ambos se esfuerzan, ambos trabajan, ambos caen, ambos fallan, ambos se levantan, juntos y a la vez. Ambos ejecutan la disciplina desde su óptica.

    El asunto es más que simple:
    -quieres servirme?
    -sí
    -quieres obedecer?
    -sí
    -entonces, qué estás haciendo?

    La respuesta sería la evidencia de lo que el interior dicta. Las dudas al respecto, serían los asuntos en los que hay que trabajar. La disciplina, el medio para conseguirlo.

    Juer... me lié el mundo, verdad???
    Sorry... didnt mean it :)

    Buena semana, Qarpatian.
    Saludos desde nuestra orilla.

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  3. Antes de nada, dulce dana, me alegra que la nueva imagen de esta pequeña ciudad resulte de tu agrado. Para serte sincero, a mi no acaba de convencerme del todo. Pero eso son cuestiones menores.

    Sobre el enfoque que le has dado a esta entrada, lo cierto es que la disciplina no es algo a lo que tengan que ceñirse únicamente sumisos y sumisas. También los dominantes han de mostrar un cierto control sobre sus propios actos. Desde luego, no es exactamente lo mismo, pero, de todos modos, cuando se exige rigor también hay que ser capaz de ofrecerlo. Pienso que la verdadera autoridad siempre debería cimentarse en tener claros esos conceptos. Pero, claro, tu eso ya lo sabes.

    Un beso y un azote.

    ResponderEliminar
  4. Estimada sweet:

    Me ha encantado tu comentario, entre otras cosas por lo extenso y pormenorizado que te has tomado la molestia de hacerlo. Previamente, yo me había permitido el lujo de despacharme a gusto en mi discurso, por lo que, en lo referente a la amplitud de tu réplica…, no hay, en absoluto, nada que disculpar. Además, tu argumentación me ha dejado gratamente sorprendido por su alcance y profundidad.

    Intuyo por tus palabras (corrígeme si me equivoco) que tu profesión está ligada a la docencia o a algún tipo de tarea divulgativa, y veo que tus ideas a ese respecto, además de definidas, están muy bien asentadas.

    A grandes rasgos, estoy de acuerdo contigo en tu idea sobre el desarrollo del aprendizaje, pero difiero (como ya te has dado cuenta) en la sutil cuestión de los “porqués”. Aunque…, creo que incluso a ese respecto, nuestro desacuerdo tan solo es parcial.

    No es que me oponga de plano a priorizar el origen y las razones de las cosas, pero; y a eso es a lo que voy; hay ocasiones en las que toda la atención debe centrarse en esos “porqués” otras en las que no resulta tan necesario y otras, por último, en las que hacerlo constituye un hecho totalmente contraproducente.

    Intentaré explicarlo un poco mejor. Has usado un muy buen ejemplo que es el de aprender a leer. Como muy bien dices, para ello, deberemos ceñirnos a un método, dedicar tiempo a desarrollarlo y seguir unas determinadas pautas en el orden correcto. Hasta ahí de acuerdo. Pero… ¿qué ocurriría si el docente fuera constantemente cuestionado con consultas del tipo: “por qué la A se pronuncia A y no, por ejemplo, EGG”, “quién decidió que eso fuera así”, “cuando”, etc, etc, etc…? Si intentamos dar respuesta a esas preguntas no estaremos enseñando a leer (que a fin de cuentas es de lo que se trata) y, no solo eso, si no que, además, estaremos abriendo la puerta a nuevos interrogantes para los que nuestros discípulos aún no tendrían la suficiente capacidad de comprensión. Ahí es donde entra en juego la disciplina a fin de no perder de vista el objetivo de ese momento. Como tu muy bien has expuesto, se “tendrá, [ ], que seguir un método prediseñado”. Para mí, la disciplina, en nuestro caso, a de formar parte de ese método.

    Bueno. Me he despachado a gusto, pero creo que ha sido un buen ejemplo respecto a cuándo la búsqueda de un “porqué” estaría limitando (o impidiendo) el verdadero aprendizaje. Muchas veces los rudimentos que empleamos para comunicarnos, trasmitir o compartir conocimientos, emociones o ideas, no tienen un “porqué” en el sentido estricto de la palabra. Son así del mismo modo que podrían haberlo sido de cualquier otra forma y, sí, pueden ser modificados pero, siempre, después de comprenderlos. ¿Cómo? Mediante su uso. ¿Cuándo? A partir del momento en que se aprenden. ¿Por qué? Uhmmmm…

    Muchísimas gracias por tu exposición, sweet, y eso de lío…, para nada.

    Un cordial saludo allende los mares.

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  5. Efectivamente. El proceso de aprendizaje es lo mío =)

    Y después de leerte con detenimiento, aún tengo algunos puntos en desacuerdo, pero supongo que de eso se trata la variedad y el encuentro de personas que coincidan más con nuestra forma de ver las cosas, los procesos, la vida en sí.

    Para mí, cuando alguien me pregunta:
    primero, sé que está prestando atención;
    segundo, sé que conseguí despertar su interés sobre el tema;
    tercero, sus preguntas o dudas pueden abrir un panorama distinto y servir de base para una mejor explicación-comprensión;
    cuarto, me permite saber de qué manera están recepcionando la información
    y finalmente y quinto, me proporciona las herramientas para ampliar y/o asentar el objeto de transmisión.

    Si quien aprende pregunta... ¿por qué no quien siente tan diversas y desconocidas emociones durante un aprendizaje? Es totalmente válido que puedan surgir confusiones y es deber tanto de sumis@ como de Am@ aclarar todas ellas.

    Sin embargo, me queda claro, que no siempre hay explicaciones para todo y que la mano del tutor a cargo es quien debe otorgar la tranquilidad necesaria, incluso desde la disciplina, para poder continuar.

    Un placer poder leer y exponer puntos de vista distintos que, por su misma naturaleza, enriquecen.

    Gracias =)

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  6. Los dos lo tenemos muy claro, sweet, de eso no hay duda y mucho me temo que no nos vamos a convencer. Pero me quedo con eso que dices. ¿Qué importa que nuestros puntos de vista sean diferentes? Pluralidad, interacción, mestizaje. ¿No son esas algunas de las claves de la evolución?

    Un placer poder disentir contigo.

    ¿Para cuando otra ronda?

    Un cordial saludo.

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