Embajadas

siguenos en Google+ Sígueme en Pinterest sígueme en Tumblr sígueme en Wordpress

viernes, 9 de noviembre de 2012

Cicatrices.



No. No os asustéis por el inquietante título que encabeza este post, pues no voy a tratar aquí sobre prácticas extremas ni inclinaciones más o menos sanguinarias. Sin duda que, sobre esa cuestión, habrá muchas opiniones y voces con algo que decir, y, tal vez, resulte un tema que despierte el interés de ciertas personas; pero ese no es mi caso y, por lo tanto, nada podría aportaros yo sobre el asunto.

A lo que quisiera referirme en esta ocasión es a esas otras “heridas” que subyacen en nuestro interior; a esos males enquistados que, a menudo, aquejan nuestras almas; y de como pueden llegar a influir y afectar a una relación D/s.

Quien más, quien menos; todos vamos acumulando en nuestra memoria los malos tragos que la vida nos va imponiendo. Pero, en ocasiones (probablemente, en muchas más de lo que sería deseable), nos topamos con personas que arrastran en silencio una gran carga que, por momentos, amenaza con aplastarlas. Varios acontecimientos recientes me han hecho reflexionar sobre esta cuestión y, ciertamente, como sucede con tantas y tantas cosas, las variables pueden llegar a ser infinitas pero, mientras pensaba en ello, no he podido evitar arrimar el ascua a mi sardina, lo cual me ha llevado a plantearme la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si dentro de un marco puramente bdsm se manifestara algún hecho de este tipo?

En primer lugar, decir que cuando es la parte dominante la que se está viendo lastrada por cuestiones personales ajenas a su condición, debería; en mi humilde opinión; abstenerse de poner en práctica su rol si antes no ha conseguido enfrentarse y vencer sus propios traumas, pues; ya lo he comentado en otras ocasiones; el ejercicio de la dominación conlleva una enorme responsabilidad y, aunque nunca se esté exento de cometer errores, lo mejor es no correr riesgos cuando; por el motivo que sea; no se puede asegurar el propio equilibrio. Cuando esto es algo exigible a quienes se ponen a nuestro servicio, entonces, razón de más para ser nosotros los primeros en predicar con el ejemplo.

El caso contrario; cuando la parte sumisa es la que se ve afectada por una angustia interior; tampoco resulta fácil de sobrellevar y lo mejor sería aplicar la misma premisa que en el caso de los dominantes. No obstante, el hecho de poder contar con una guía bien enfocada puede constituir un apoyo importantísimo que ayude a salir del bache; siempre y cuando, eso sí, se tengan en cuenta varios factores.

En primer lugar la sinceridad. Mucha sinceridad, pues un dominante; por extraño que parezca; puede ofrecer mucha ayuda, pero al mismo tiempo, si no presta atención o no sabe a qué se enfrenta, puede llegar a causar un enorme daño. Al igual que un médico necesita realizar un diagnostico correcto antes de aplicar cualquier tratamiento, del mismo modo, en nuestro caso, se necesitan conocer las causas y el origen de las dolencias que aquejan a nuestros sometidos. De no ser así, los remedios que pudieran aplicarse, lejos de sanar, pueden llegar a ser, incluso, peores que el  mal que estemos intentando combatir.

Después de ser consciente de a qué tiene que enfrentarse, un dominante debe de ser consecuente y, por lo tanto, por mucho que le duela, no arriesgarse si no está plenamente convencido de poder hacer frente al reto que se le presenta. Individualmente podemos correr riesgos, pero cuando nuestras decisiones afectan a terceras personas no podemos tomarnos las cosas a la ligera. Si fallamos siempre nos quedará el cargo de conciencia, pero no hay que olvidar que serán otros los que tendrán que sufrir los efectos de nuestros errores, a veces, por el restos de su vida.

Por último; y aunque pueda pensarse que estoy simplificando en exceso este asunto; solo un apunte: “PACIENCIA”. Incluso habiendo tenido en cuenta todo lo anterior, tan solo se habrá dado el primer paso ya que cada persona es un mundo y sus circunstancias pueden llegar a ser muy complejas. Para esto no existen panaceas si no, únicamente, la voluntad y el tesón de ir avanzando paso a paso, con firmeza pero sin agobios, y así poder ir ganando esas pequeñas batallas cotidianas que, finalmente, en un momento dado, conducen a la victoria.



Durante procesos de este tipo, es posible que algunos de nuestros sometidos pasen por etapas de autocrítica o, incluso, de menosprecio hacia sí mismos. Siempre con las debidas reservas, no deberíamos dar una importancia desmedida a esta cuestión pues, lo que en esencia constituye un efecto negativo, tiene una cara más positiva en lo que se refiere al reconocimiento de un mal que, por mucho tiempo, pudo haber permanecido latente. Siguiendo con el símil médico, del mismo modo que tras una intervención quirúrgica existe un periodo de convalecencia, cuando un problema profundo y enquistado sale a la luz, el proceso de cicatrización resulta lento, molesto e, incluso, doloroso. Eso, como todos sabemos, resulta un mal necesario que, a la postre, conduce a la recuperación. No obstante, las cicatrices pican, escuecen (como por otro lado, es lógico), y por ello no debería extrañarnos que quién las padece intente aliviar su quemazón de algún modo.

No sé si habré sido capaz de expresar mi opinión tan claramente como me hubiera gustado pero, sin duda, me ayudaréis a puntualizar todo aquello que no se haya entendido.

Un saludo a todos y feliz finde.

6 comentarios:

  1. Coincido plenamente con todo lo expuesto.
    No debemos olvidar que si hemos sentido nuestra esencia, ya somos mayores y como tales, debemos ser analíticos con nosotros mismos.
    La D/s no es la solución de los problemas externos pero sí es la mejor manera de estar preparados para solucionarlos. Me refiero a la fortaleza que nos aporta, la serenidad, la dignidad, la reflexión, la responsabilidad, la paciencia...

    Y un apunte más. La D/s es generosidad también, por lo tanto no se debería de abusar del medio para salpicar a nadie de las insatisfacciones de la vida en general. Aún menos si se trata de la pareja, del Amo o de la sumisa.

    Como usted dice, es hablar y hablar, analizar y si realmente es un problema o circunstancia que requiere de un especialista, no se debería dudar en tomar medidas.
    Hablo como sumisa, los Dominantes pueden ser nuestros Dioses, pero no son San Dios.

    Me alegra haber leído esto, gracias por la reflexión.

    Que tenga un buen fin de semana.

    anónima.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy cierto, estimada anónima, como también lo es el hecho de que no conviene frivolizar sobre cuestiones de esta índole (cosa que, a veces, ocurre) ni tampoco extenderlo a planos excesivamente banales pues, entonces, todo se vuelve importante, todo se trasforma en irrenunciable y, al final, todo se torna imposible.

      Nada en este mundo resulta fácil, pero eso no quiere decir que no existan prioridades. ¿No te parece?

      Muchas gracias por el comentario, me ha dado nuevas perspectivas.

      Un saludo.

      Eliminar
  2. Cuando leí Tu post debo confesar que me impactó y pensé abstenerme de comentar, porque cuando un tema es tan complejo, cualquier palabra emitida en una dirección concreta, cualquier posicionamiento me resultaba un juicio a la ligera y no me sentía capaz de ello, pero para corresponder a Tu valentía, aquí me tienes…

    Evidentemente lo que expresaré aquí es tan solo mi opinión y por supuesto puedo estar completamente equivocada, pues nadie tiene la verdad absoluta y yo, menos que nadie.

    Voy a ello, pidiendo disculpas de antemano porque creo que como siempre, seré algo atípica y quizás mis palabras puedan incluso molestar, aunque no es esa mi intención...

    Creo que es un tema del cual es muy sencillo hablar, todos somos capaces de ver la lógica desde fuera, de exponer o incluso criticar una cierta actitud, de enjuiciar a la otra persona y discernir entre el blanco y el negro, cuando no somos nosotros los que vivimos en ello...

    En frío todo se ve de otra manera, pero...¿y si fuéramos nosotros, no una idea o unas palabras a las que comentar tras la tranquilidad y el anonimato de una pantalla?¿actuaríamos de igual modo? Perdonadme pero que creo que NO…

    Sé que es complicado pero si te centras en pensar que es algo como a lo que te refieres, "una gran carga que, por momentos, amenaza con aplastarlas", e intentas empatizar un poquitín con esa persona, puedes ver que no tendrá esa claridad a la hora de decidir/actuar, que quizás ni siquiera se plantee tener que decidir nada pues simplemente va con ella, la arrastra y se ha “acostumbrado” al peso que la vida le ha concedido…que quizás lo vea como una cicatriz, una marca pero ni siquiera sea consciente de hasta que nivel le afecta (a ella y a los demás), o quizás piense que el remedio sea peor que la enfermedad…

    ¿No creéis que si fuera capaz de verlo de ese modo tan lógico, esa carga ya no sería tal?

    A mi de pequeña me decían…ser generoso es compartir y a la vez ser capaz de aceptar lo que el otro necesita compartir.

    Para mí, eso justamente es una pareja, sea o no D/s.

    En el ámbito puramente D/s al que te refieres, por las particularidades de guía/guiado, es aún más importante lo que mencionas de ser sinceros, consecuentes y pacientes, aunque no deja de ser esencial en cualquier tipo de relación, pero…como dicen en mi tierra “Del dit al fet hi ha un bon tret”

    Y ya que estamos de frases hechas diré…“el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

    Para despedirme, darte las gracias por todo, sobretodo por esa generosidad que antes he mencionado.

    Siento si mi comentario es desafortunado o a puede incomodar, pero así siento y así lo expreso, desde el profundo respeto a esta situación que expones.

    A Tus pies, mi Señor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un comentario sublime, mi dulce sierva. Sacas a la luz aspectos sobre los que yo no he incidido convenientemente y te doy las gracias por ello.

      Sin duda que son muchas las perspectivas que se pueden desprender de situaciones como esta y no siempre se tiende a tenerlas en cuenta.

      Soy muy consciente de todas las dificultades que pueden surgir y de que, incluso, haya ocasiones en que estas se trasformen en un reto insuperable. El mayor de los esfuerzos puede esconder, también, el mayor de los fracasos; pero si el temor nos atenaza y dejamos que nos domine nunca lograremos llegar a ningún lado.

      Sí. Sé que muchas veces resulta tremendamente difícil salir de una espiral de dolor, angustia y autocompadecimiento; pero una vez superada, una vez fuera, uno se da cuenta que tampoco era nada sencillo permanecer dentro.

      Un beso y un azote.

      Eliminar
  3. Siempre he pensado y pensaré que ante todo se es persona, unos seres complejos que reaccionamos, actuamos y aprendemos a veces de las formas menos previsibles.

    Entiendo y comparto esa situación ideal de llegar o presentarse ante algo con los deberes hechos, con las cicatrices curadas y sano de cualquier enfermedad. Pero no todo el mundo tienen la capacidad analítica que le permite superar los baches bien porque no posee los medios o no los conoce o simplemente porque los obvió, porque era menos traumático.

    Creo que en esas situaciones que describes y que se dan y se seguirán dando, dentro de la D/s como fuera, el primer paso sería acompañar. Cuando uno sufre un duelo de la índole que sea, sentirse acompañado, que te dan la mano y te dicen en silencio "no estás solo", es tan importante, porque si algo malo hay en esta vida, es sentirte solo cuando necesitas a alguien. Y a partir de ahí, actuar. Porque uno debe ganarse la confianza de la persona que tiene o arrastra ese peso, que no es nada fácil, para que sea ella misma la que vuelque lo que siente y con sus actitud nos diga "quiero que me ayudes y vamos a hacerlo juntos".

    Una opinión más.

    Un abrazo y feliz finde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede que sea una opinión más para ti, princesa; pero, para mi, sin duda que es una de las más acertadas y coherentes.

      Resulta curioso pues, dentro de este mundillo nuestro, muchas veces, parece como si el sentido común brillara por su ausencia, como si nuestro modo de entender las relaciones de pareja nos privara de objetividad o empatía.

      Supongo que debe de ser uno de los muchos estigmas a los que tenemos que enfrentarnos. De todas formas, tengo la impresión de que a los dos nos pasa un poco lo mismo: "No acabaremos nunca de creérnoslos".

      Recibe un afectuoso saludo.

      Eliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...