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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Las horas fugaces.


La inutilidad del lamento
nunca queda tan manifiesta
como cuando nos sumimos en el desánimo
por no haber aprovechado nuestro tiempo.
A lo ya desperdiciado
añadimos otro poco,
pues nada vendrá a devolvernos
lo que, en su día, perdimos.

Pero si persistimos en la queja,
si continuamos regodeándonos en ese superfluo pesar,
más oportunidades se escapan;
tal vez; para no volver nunca.

Esas horas que…,
como hojas en otoño, ya han caído,
no lucirán más en el árbol de nuestras vidas,
pero servirán de sustrato a las raíces que lo sustenta;
alimentándose del pasado
sin renunciar al futuro,
preparando nuevos brotes
para una próxima primavera.

Toca sentir el ahora;
disfrutarlo en el justo instante en que se produce;
pues, apenas pase un segundo,
ya lo habremos dejado atrás
y, a esa inexorable fugacidad,
no cabe oponer recurso.


1 comentario:

  1. Estas palabras reflejan a la perfección ese pensar Tuyo que tantas lagrimas me ha costado aprender, que tantos lamentos y tiempo me han hecho perder, para llegar a comprender porque querías que dejara el tiempo en el lugar que le corresponde y fuese capaz de ver que en alhora hay mucho por sentir, que el ayer ya no volverá y no debo dejar que me atormente y que el mañana es incierto y mejor esperar a que sea presente...

    Mucho he avanzado en la comprensión de este bien, pero aún mi Señor mi camino es largo, pues hay momentos que el pasado aun me atrapa y el futuro me asusta...aun tengo que empaparme de Ti, de Tus enseñanzas y creer porque sé el bien que me hacen...

    Gracias mi Señor por Tu paciencia.
    A Tus pies
    Besines dulces

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