Al sol que más calienta.

 


Cómo suele suceder en cualquier parte del mundo que esté sujeta a los, más o menos, invariables caprichos estacionales; en estos periodos en los que el día comienza a ganarle la batalla a la noche, y la luz se va haciendo cada vez más dueña de nuestras evoluciones cotidianas; en esta ciudad se van despertando determinadas apetencias que, si bien no es que estuvieran desaparecidas, daba la impresión de que hubieran estado un tanto aletargadas.

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