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viernes, 7 de noviembre de 2014

Días de cine.


Ahora sí que puede decirse que el otoño se ha apoderado de esta ciudad. La temperatura ha experimentado un acusado descenso, el ambiente se ha vuelto mucho más húmedo y desapacible e, incluso, algunos osados copos de nieve se han aventurado a salpicar de blanco las cumbres circundantes de perfil más elevado.

Hay quienes ya estaban deseando que esto sucediera para poder sentir la gélida caricia de los vientos del norte (que constituyen un reclamo perfecto de cara a buscar el calor que emana de otros cuerpos). Pero, en cambio, son muchos otros los que no quieren tener constancia del frío ni tan siquiera en pintura y a los que; esta especie de anexo del verano que hemos tenido la oportunidad de disfrutar; ha resultado ser todo un lujo. Para estos últimos ha llegado el momento de buscar alternativas a sus actividades callejeras y, en ese sentido, una buena sesión de cine puede ayudar a “salvar los muebles” en un momento dado.

Hasta ahí, todo muy razonable; pero ahora es cuando entran a formar parte de la ecuación los peculiares razonamientos con los que nos suelen obsequiar desde las esferas lúdicas. “¿Qué pasa si el film escogido; de entre todas las opciones que nos ofrece la cartelera; resulta ser un tostón?” “¿Qué hacer para no desaprovechar ese tiempo y sacarle algo de rédito al desembolso efectuado en el momento de adquirir nuestra entrada?” Para ellos la solución es bien sencilla: “En cuanto la sala se vea envuelta por la penumbra…, resulta bastante sencillo sacarle alguna clase de partido a la situación”.


Pero…, incluso si hubiera personas que; por el motivo que fuera; no presentaran una inclinación natural hacia este tipo de iniciativas, siempre se les podría dar un “empujoncito visual” mediante la inclusión de ciertos “giros argumentales” en los próximos estrenos cinematográficos.


Por lo visto no se han parado a pensar los efectos que esta medida acarrearía sobre la calificación por edades que pasarían a ostentar muchas de las superproducciones enfocadas, en su mayor parte; hacia un público infantil y/o preadolescente.

En definitiva. De llegar a calar entre el gran público tan trasgresora alternativa…, una de dos: o los guionistas de cine se ponen las pilas e impregnan sus historias de una épica absorbente o, mucho me temo, las que corren el riesgo de terminar “impregnadas” son las butacas de las salas de proyección (y no de “pasión por el cine” precisamente).



Un saludo a todos y que disfrutéis de un feliz y cinéfilo fin de semana.


1 comentario:

  1. El cine siempre tiene ese algo que invita a lo prohibido, a dejarse llevar por el placer y compartir pequeñas fantasías....

    Con discreción, eso si, que a ver si por dejarnos llevar acabamos en un lío...;)

    Besines dulces
    A Tus pies

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