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viernes, 24 de noviembre de 2017

Dirjha (Redención).





Puede que a más de uno le haya extrañado el tono crudo y un tanto descarnado que ha estado destilando esta urbe durante las últimas jornadas. La ciudad disipada es así, nunca me cansaré de repetirlo, capaz de seducirnos con todo tipo de embelecos y gestos enternecedores y, sin apenas transición, dejarnos completamente estupefactos con escenas de lo más escabrosas. Tanto Qarpatia como el resto del territorio donde se ubica no admiten verse cuestionados, así de sencillo, y, cuando esto sucede, exigen ver su autoridad satisfecha. Esa es la razón por la que, en la semana ulterior al aniversario fundacional de esta veleidosa metrópoli, se pone de manifiesto, con imperativa certidumbre, la inexorable realidad que subyace tras esta afirmación, pues es el momento de saldar deudas, es la hora del “dirjha”.




Las faltas cometidas durante el año; si bien se cuantifican, se ponderan y se sentencian con anterioridad; comienzan a ser objeto de enmienda en estos días. En función a su cuantía y gravedad, su “reparación” se habrá de dilatar más o menos en el tiempo, pero es en el trascurso de esta semana cuando se inicia ese proceso de enmienda que habrá de desembocar, finalmente, en el tan ansiado perdón. Tanto dominantes como sometidos se ven sujetos a esta reglamentación y no resulta infrecuente ver cómo, quienes ostentan una posición de autoridad, pierden su condición por no hacer honor a la misma.




No voy a entrar aquí en demasiados detalles ya que no persigo desgranar un relato que tenga como fin recrearse en los padecimientos (en ocasiones muy rigurosos) que se llegan a infligir al amparo de esta norma. No pretendo hacer apología ni convenceros de la idoneidad de según qué tipo de medidas cuando incluso a mí; que ya llevo algún tiempo instalado entre estas gentes y siento cierta simpatía por alguno de sus planteamientos; me cuesta, en no pocas ocasiones, asimilarlas.




He de apuntar, no obstante, que siempre se les deja una salida a todos los que no están dispuestos a asumir la penitencia que se les impone; alternativa que pasa por abandonar, de manera inmediata y permanente, la jurisdicción de la nación invisible. Se esgrime, en este sentido, que si bien el acatamiento de sus normas ha de traducirse como un acto libre y voluntario, la no adhesión a las mismas ha de ser entendida como un obstáculo insalvable a la hora de formar parte de su ordenamiento. En algunos casos; cuando la infracción objeto de escarmiento ha excedido determinados límites; es precisamente ese “destierro”, ni más ni menos, la sanción que termina siendo impuesta por la autoridad. Y…, si ya estuviéramos hablando de crímenes de una crueldad manifiesta e incuestionable (como pudiera ser el caso de un asesinato), el castigo que se reserva para los que acaban siendo condenados por estas causas consiste en ser abandonados a su suerte y de por vida en la salvaje y malsana “Insul Oblita”, también conocida como “la isla de los destinos tristes”.




Pero ahora, si me lo permitís, quisiera centrarme en lo que, personalmente, más me ha llamado la atención en relación al tema que estamos tratando. Mientras me documentaba e iba recopilando testimonios acerca de esta turbadora y cíclica dinámica, lo que más me sorprendió fue comprobar cuál era el elemento que; por norma general; más aflige a quienes se ven en la tesitura de tener que afrontar uno de los amargos correctivos que se ponen en práctica durante este periodo. No suele ser el dolor físico lo que más les inquieta, ni, tampoco, la vergüenza de verse muchas veces públicamente expuestos durante sus actos de penitencia. En lo que casi todos coinciden es que su mayor pesar viene determinado por el hecho de verse conducidos, durante este doloroso trance, por los dictados de unas personas que les son completamente  extrañas y con las que no comparten ningún vínculo. Todos; o casi todos; aceptarían sus respectivas sanciones con un talante bien distinto si estas les fuesen administradas por sus propios preceptores. Pero es, precisamente, la contundente certeza de que esto no va a suceder y, en cambio, la seguridad de que el “brazo ejecutor” designado a tal efecto obrará desde el más absoluto desapego (unido a la, con bastante frecuencia, dilatada espera que antecede a la consumación de su inexorable destino) lo que más pesa en el ánimo de los “procesados”.




Mas…, una vez cumplido el lastimoso trámite, una vez reparados todos los prejuicios cometidos, llega la pertinente y justa exoneración y, con ella, la vuelta a una esperanzada normalidad donde la confianza se ha de ver restablecida y las faltas del pasado no podrán ser nuevamente esgrimidas o enjuiciadas.




Ya, para acabar, una breve aclaración. Todo esto que os he estado exponiendo no se aplica en el conjunto del territorio qarpadio. La región de Hemenia dispone de una reglamentación propia en este sentido. Esto es así debido a una diferencia muy sustancial. Pero…, eso, ya sería un tema para tratar en una nueva crónica.


miércoles, 22 de noviembre de 2017

PerVerso.






Estrofas de trazo duro;
directas, sin vaguedades;
conducidas por instinto
y escasamente loables.
Prescindiendo del decoro;
sin formas convencionales;
deslizan, groseramente,
intenciones poco amables.

Surcan sus garras lascivas
los recovecos velados
recreándose en el vicio,
corrompiendo e incitando,
a abandonar la mesura
y rendirse al arrebato
de unos cantos licenciosos
que desprecian el recato.

Socavando integridades
y eludiendo cortesías,
se instalan en lo más bajo
de una moral asediada,
y a ese umbral hostigado
harán frente con su ariete,
que ha de pugnar, incisivo,
ante la gesta iniciada.

No cesarán sus envites;
que no asumen estrecheces;
hasta hacer brecha en la plaza
e inundarla con sus huestes.
Y…, finalmente, rendida,
bárbaramente ocupada,
será, al punto, sometida
y al pillaje abandonada.



martes, 21 de noviembre de 2017

Lágrimas de realidad.






El dolor es la verdad, todo lo demás está sujeto a la duda.




John Maxwell Coetzee. (Profesor, escritor y traductor sudafricano)


domingo, 19 de noviembre de 2017

Septimus.





Siete años ya (se dice pronto) enhebrando perversiones en vuestra compañía. Siete años en los que esta ciudad situada fuera de margen ha ido dotándose de una identidad; para bien o para mal; particular y distintiva. Ciudad a la que, como a cualquier lugar que se precie, hay quienes llegan, quienes se van y quienes retornan de nuevo. Mi más sincero agradecimiento a todos vosotros por estar ahí; delante de vuestras pantallas; acompañándome, compartiendo mis desvelos y trasmitiéndome vuestra complicidad. GRACIAS de todo corazón.

Así mismo, creo que estas “bodas de lana” son un buen momento para recordaros que todo cuanto aquí queda consignado está a vuestra entera disposición. No me supone ningún tipo de problema que compartáis, dónde y con quién gustéis, los textos de mi autoría que, de forma un tanto subrepticia, suelo ir deslizando. Si los dejo aquí es con el afán de hacerlos públicos y, por lo tanto, de libre divulgación. No es necesario que me estéis pidiendo permiso cada vez que querías trasladarlos a vuestros propios destinos. Con que hagáis referencia a su origen; cosa que siempre habéis hecho; me doy por satisfecho. Si esto resulta válido en lo tocante a mis propios escritos, tanto más, si cabe, en relación al resto de apuntes y galerías que comparto y que, aunque procedan de fuentes muy diversas, todas ellas han sido extraídas de esferas publicas a las que cualquier persona puede tener acceso.

Por otra parte, aquellos de vosotros que ya tenéis una ligera idea de las disposiciones que rigen esta urbe, estáis al corriente de la decisión que tomé el año pasado de no responder a vuestros comentarios salvo en ocasiones muy concretas. Equivocadamente o no, estimé más oportuno dedicar el poco tiempo de que dispongo a ofreceros, de un modo más continuo y habitual, unas pequeñas pinceladas de mi enrevesado enfoque vital en lugar de prestar más atención a la cuestión epistolar y  hacerlo de forma más esporádica. Quiero pensar que he acertado en mis apreciaciones, sobre todo sabiendo que esta utópica demarcación ha llegado a generar en muchos de vosotros, no voy a decir que una dependencia, pero sí cierto hábito al que no os gusta renunciar. Valiéndome de la ocasión tan especial que se me brinda en un día como hoy, me gustaría compensaros un poquito (sobre todo a aquellos que, sin rendirse al desanimo y a pesar de mis silencios, habéis continuado expresando aquí vuestra opinión) animándoos a que aprovechéis esta entrada para dejar constancia; si ese resulta ser vuestro deseo; de cómo valoráis la evolución de este sitio. Qué os gusta y qué no, qué os falta y qué os sobra, así cómo qué derroteros podría seguir, a vuestro juicio, a partir de ahora. No digo que, de manifestaros en se sentido, vaya a poner en práctica todas vuestras sugerencias, pero podéis estar bien seguros de que tomaré buena nota de ellas, pues… que no me prodigue demasiado a la hora de interactuar a través de vuestros comentarios no quiere decir que no los tenga en cuenta.

Por de pronto, poco más que contaros. A corto plazo, lo único que tengo en mente es llevar a efecto una profunda restructuración estilística de este blog; enfocada, principalmente; a facilitaros un mejor acceso a su contenido a todos cuantos accedéis a él vía android y que, de un tiempo a esta parte, he constatado que cada vez sois más numerosos.

Ya para terminar, agradeceros una vez más vuestra presencia, apoyo y fidelidad; motores todos ellos que me animan a continuar dando forma a este espacio tan inverosímil como personal.


Una y mil veces… ¡¡¡GRACIAS!!! Sin vosotros no sería posible que existiera una Ciudad tras el Sol.





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