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jueves, 12 de diciembre de 2013

Más allá de la apariencia (Feminización II).



Tras haber hecho hincapié en todo lo relacionado con su componente estético; pasemos a ocuparnos ahora de aquellos aspectos más definitorios y, a la vez, controvertidos de la feminización dentro de un contexto netamente femdom.

Para empezar; aunque esto os pueda parecer un tanto extraño; decir que el recurso de la feminización suele ser algo bastante demandado por un número importante de sumisos y que son las propias dóminas, por el contrario, las que se suelen mostrar más reacias a aplicar sobre sus sometidos este tipo de disciplinas. Esta afirmación; por supuesto; no debe ser tomada en un sentido general, pero, cuando así se manifiesta, tiende a estar sobradamente fundamentada desde un punto de vista dominante. Veamos por qué.

En primer lugar nos damos de bruces con una de las verdades más incuestionables sobre las que se fundamenta cualquier relación D/s (independientemente de la orientación que quiera dársele). Quien ejerce el dominio; para bien o para mal; es quien marca las directrices y, por lo tanto, en ningún momento tiene porqué ceder a los requerimientos de quien dice obedecer. Esto no quiere decir que no existan ocasiones en las que se juegue con el planteamiento inverso: “si deseas algo de mí, solo te será concedido cuando considere que te lo has ganado” ¿Recompensa en lugar de imposición? Dependiendo de cada persona…, puede funcionar o no.


También existe un porcentaje bastante importante de dominatrices que excluyen de forma tajante esta práctica al considerar que; si al hecho de adoptar una apariencia femenina se le supone un componente de humillación; es como admitir que la propia condición femenina resulta de por sí humillante, lo cual no se ciñe en nada a la realidad.

En cambio, cuando son las propias Amas las que desean aplicar sobre sus sometidos este singular método de metamorfosis, lo que suelen buscar; mayoritariamente; no es tanto generar un sentimiento de ridículo (que también), sino cierta suerte de concienciación profunda en el hombre sobre cuáles son las consecuencias que tienen sobre la mujer muchos comportamientos y pretensiones masculinas.  Sería en esta “feminización forzada” (como la llaman algunos) donde confluirían no solo el sometimiento y la aceptación a una obligatoriedad impuesta, sino toda una serie de factores mucho más específicos dentro de un marco puramente femdom.


Un buen ejemplo de esto sería el empleo de determinados elementos que, por diseño, tienen como principal finalidad la de asegurarse la castidad en un varón; pero que, en el caso que nos ocupa, sirven también para otros propósitos. Uno de ellos es el de impedir la erección, privando así al hombre de cualquier iniciativa en el aspecto sexual. Otro sería el de modificar algunos hábitos que guardan relación con determinadas necesidades fisiológicas y que vienen determinados por la morfología  de cada género (dificultad para orinar de una forma “varonil”). Incluso pueden llegar a darse casos en los que; ahondando aún más en ese sentido; un sumiso se vea obligado a compartir con su Ama alguna de las molestias propias de la menstruación (ya podéis haceros una idea de a qué me estoy refiriendo).


No cabe la menor duda de que; para algunas convencidas defensoras de la dominación femenina; este tipo de “terapia de inversión” que aplican sobre sus sometidos no tiene por qué tener nada de denigrante con respecto a la figura de la mujer y; el hecho de que tenga un cierto componente de humillación al manifestarse sobre un hombre; tiene más que ver con el desmantelamiento sistemático de aquellos valores y elementos definitorios que, socialmente, lleva aparejados el género masculino. No se trata solamente de vestirse como una chica, en muchos casos también se deben adoptar las maneras y actitudes que se tenían plenamente asimiladas para el sexo opuesto pero no para el propio.

Y…, hablando de sexo, si nos centramos en ese plano concreto, puede darse la circunstancia de que el sumiso no solo se vea privado de la capacidad de satisfacer sus propios instintos cuando le venga en gana sino que, además, pase a ocupar una posición algo más “receptiva”. Mediante la técnica del “strapon” (que consiste en el empleo de arneses consoladores que dotan a la mujer del atributo masculino por antonomasia) el sumiso se ve en la tesitura de asumir un rol totalmente pasivo donde se ve obligado a adoptar unas maneras y unas poses hacia las que, a priori, puede no sentirse demasiado dispuesto. Aquí es cuando un Ama no se limita a anular el placer de su siervo; además, hasta cierto punto, lo está modificando.


Hay quien va incluso más allá y pone a sus sometidos en el difícil trance de tener que mantener relaciones sexuales con otros hombres (a veces, incluso, a cambio de una cierta compensación económica en lo que se conoce con el nombre de “putificación”) llevando al extremo tanto la propia práctica de la feminización como la del sometimiento, total y absoluto, a la voluntad de su dueña.


Pero si queremos hablar de extremos dentro de esta tendencia en particular, existen casos (ciertamente marginales) en los que un Ama no se conforma con todo lo anterior. Que un sumiso haga gala (tanto en la forma como en el fondo) de una encomiable adaptación al estilo y comportamientos femeninos, puede no ser suficiente. En determinadas circunstancias, ese hipotético sumiso, podría verse enfrentado a unos dilemas de un alcance muchísimo mayor. Me estoy refiriendo a la transexualidad a la que; en algunas ocasiones, mediante la aplicación de un tratamiento hormonal y/o la colocación de implantes de pecho; a de encarar el sumiso.


Llegados a este punto, ya estaríamos entrando en materias un tanto delicadas debido a la dificultad que entraña revertir determinadas alteraciones físicas así como las contraindicaciones que de estas pudieran surgir. Ante ciertas cuestiones no conviene tomar una decisión a la ligera. Además, la D/s; ya sea desde una óptica de dominación masculina o femenina; no es ni un cheque en blanco ni tampoco un banco de pruebas (al menos…, no a ese nivel). No está de más recordar que quién ordena también es responsable de las consecuencias derivadas de esas órdenes.

Creo que, por lo menos a grandes rasgos, ya he tocado los aspectos más importantes de este fenómeno; minoritario pero llamativo; que es la feminización. Como ya apunté en mi anterior entrada sobre el tema, no puedo ser considerado como una fuente demasiado fiable en este sentido y si alguien desea corregir; o simplemente añadir; algo a lo que aquí se ha expuesto, ya sabéis que podéis hacerlo sin problema.

Un saludo a todos.


4 comentarios:

  1. En esta segunda entrega me ha llamado la atencion sobre el resto de interesantisimos conceptos, muchos de ellos completamente desconocidos para mi, el hecho de que los sumisos puedan desear esa practica y que sea su Ama quien haga que merezca el poder practicarla, porque en el fondo sea esta apetencia u otra el concepto es el mismo, y en otras, que las Amas puedan desestimarlo por completo porque sea algo que para nada desean, y entoces el sumiso deba mostrar su entrega con la no ejecucion, pues normalmente se piensa en el Hacer y no el Dejar de Hacer...

    Es bello el sacrificio de un sumiso para complacer y sentirse pleno él mismo...

    Y...me encanta la reflexión que haces sobre la responsabilidas de las consecuencias de una orden emitida...

    Aunque no vaya realmente con nosotros hay mucha miga en este post si se cogen los conceptos...aplicables 100%

    Gracias por abrir mi mente y permitirme la reflexion para aprender a servirte...

    A Tus pies
    Besines dulces

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me agrada comprobar la facilidad con la que sabes leer entre líneas, mi dulce sierva, y como sabes desgranar la esencia de la D/s a través de prácticas que no entran dentro de nuestro pequeño ámbito.

      Solo le veo un inconveniente a esa preclara lucidez tuya: te deja sin excusas a la hora de obrar en consecuencia con la posición que ocupas.

      Ay, ay , aaay... que cosas ;)

      Un beso y un azote.

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  2. Yo en realidad solo tengo que aportar a este tema el hecho de proclamar que no me interesa la feminización en absoluto. Y me parece que puede haber “sumisos” que buscan refugio en el femdom porque creen que hay un elevado número de mujeres dispuestas a hacer realidad su fantasía. También habrá sumisos que que lo sientan de verdad y a la vez sientan el deseo y necesidad de ser más femeninos. Habrá de todo, ya se sabe, pero lo alarmante es cuando se da por sentado que el femdom incluye una serie de prácticas obligatorias e ineludibles.

    Solo matizaría en este post el tema del cinturón de castidad. En casos así se trata de despojar por completo al hombre de sus atributos, en una especie de castración virtual. No hay que confundirlo con su uso con un sumiso no feminizado. En este otro caso es algo que va más allá de evitar que el hombre tome la iniciativa, para eso debe bastar una simple orden de su Ama, (o sin orden, es un tema muy claro entre ambos ya de entrada), se trata más bien del hecho de entregar el control y el poder sobre la propia sexualidad a la parte dominante, para evitar el sexo en solitario sobre todo. Aunque ya digo, también debería bastar una simple orden. Es un plus, a veces excitante, a veces usado como castigo, etc. Pero ya me salgo del tema ;)

    Si se me permite, dejo un enlace en el que desarrollo por qué no me gusta esta práctica:
    http://amabuscasumisoverdadero.blogspot.com.es/2013/02/la-feminizacion-del-sumiso.html

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada Ama S:

      He leído tu post acerca de este particular y me ha parecido muy interesante en virtud a lo que añade respecto a lo aquí reflejado (...por lo que tiene personal, recomiendo encarecidamente su lectura). Estoy muy de acuerdo con lo que dices en él cuando manifiestas que existe un elevado número de sumisos que piensan que la Dominación Femenina...; y cito; "parece un cajón de sastre donde se mete todo lo que no cabe en lo convencional".

      Con respecto a la matización que has expresado en tú comentario; a mi entender; no es tal, pues ya he dejado claro en la propia entrada que no estaba hablando del uso convencional que se suele dar al cinturón de castidad, sino de esa otra aplicación que; "a veces"; se le asocia dentro de esta práctica.

      Muchas gracias por aportar tu punto de vista y por tu visita.

      Recibe un cordial saludo.

      Eliminar

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