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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Exigencia.


De cariz incomprensible
si se rehúye el empeño
mediante vagos pretextos
de enrevesados matices.

Incompatible al pasivo,
pues ni le va ni le viene
y rara vez le conviene
dar cuenta de su valía.

Inútil al arribista
que acapara beneficios
sin adquirir compromisos
que avalen sus pretensiones.

Indiferente al voluble
que lo quiere todo a un tiempo
y a la menor contingencia
deja su afán sin efecto.

Para estas gentes sin chicha;
y a otras muchas que se añaden;
la exigencia solo es justa
cuando se aplica a “los otros”.

Pero se pierden el gozo
de la promesa cumplida
despreciando recompensas
que no existen de otro modo.

1 comentario:

  1. Cierto que se hace cuesta arriba cuando debe estar presente, pero cuando gracias a ella compruebas los beneficios sientes un gran gozo por haberte enfrentado a ella, por disfrutar sus frutos y así, poco a poco, aprender a confiar en su maestría...

    Quiero ser exigente conmigo pues conozco cuanto lo eres Tu y quiero, sin duda, llegar a Ti...

    Precioso mi Señor!
    Besines dulces

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