Aspirante a custodia.
En el abismo ardiente de tu pecho darás amparo a mis delirios, a la llama insolente, al tesoro encubierto, a la sagrada ambrosía sólo a tí destinada. Quedará dispuesta la ofrenda sobre tu aliento exaltado; eterna centinela, guardiana celosa; que demandas tus labios llenos. Apelo a que llegue el día en que un gemido lo anuncie. Hasta entonces, amor mio, se sostén de nuestra espera y este afán vaticinado.













