Formulaciones manifiestas.

 


Hay preguntas que no caben en la boca 

y para las cuales el verbo no se basta.  

Exigen que el silencio se haga presencia  

y que la mirada sostenga su peso.


La palabra puede abrir el camino,  

pero la actitud es quien lo recorre:  

inclinarse sin prisa, doblegarse a la verdad,  

ofrendar el cuerpo entero a la demanda.


Los actos expresan lo que la lengua elude,

el gesto se queda, la mano se tiende,  

la decisión no mira hacia otro lado  

cuando la duda pide acción y no discurso.


Implicarse es más que opinar desde lejos.  

Es dejar que la cuestión impregne la carne

en tanto marca el ritmo de unos días  

donde prevalece la definición y compromiso.


No basta con saber la respuesta, 

hay que vivirla hasta que duela un poco,  

hasta que la propia existencia 

ratifique entendimientos.


Así se responde a lo profundo,  

con la voz y también con la postura,  

con lo que se hace cuando nadie mira  

y con el alma puesta en la pregunta.

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