Qué sencillo sería.

 


Qué sencillo sería
que nuestra luz se expusiera
sin nada que la coarte
o la haga menos cierta.

Y qué sencillo sería
prescindir de los disfraces
con que se visten los miedos
que en nada nos benefician.

Y qué sencillo sería
no rodear la ternura
dejando que se marchiten
esas palabras no dichas.

Y qué sencillo sería
llevar la verdad en las manos,
compartir sueños y heridas
sin fortalezas ficticias.

Y qué sencillo sería
mirarse sin otro anhelo
que cultivar confianzas
cimentadas en lo honesto.

Y qué sencillo sería
renunciar a la impostura
y al refugio del engaño
que nos priva de ser libres.

Y qué sencillo sería
no temer ser descubiertos
cuando nada nos inculpa
ni nos hace menos rectos.

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