Artesanías.

 


En el taller de la noche, con manos de seda,  
la artesana del deseo forja su hechizo:  
pinceles de sombra en párpados que invitan,  
labios de carmín que susurran promesas.  

La tela se convierte en aliada sutil,  
seda que acaricia y revela sin prisa;  
el perfume, daga invisible y dulce,  
traza en el aire el camino hacia el éxtasis.  

Sus ojos son faroles que guían la danza,  
movimientos lentos, cálculos precisos;  
cada curva es un verso, cada roce una estrofa,  
herramientas eternas del arte voluptuoso.  

La voz, instrumento de tonos profundos,  
teje redes de susurros y risas leves;  
las uñas, pinceles que rozan la piel,  
dibujan mapas secretos hacia el fuego.  

Así domina el oficio milenario:  
con gracia y cálculo, con fuego y ternura,  
la mujer es maestra de la seducción,  
artesana suprema de placeres sin medida.

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