La conexión incorporea.

 


Susurros que no tocan, pero que queman la piel

palabras que se deslizan como dedos invisibles,  

construyen pensamientos, deshacen la razón,  

y el cuerpo se estremece sin un roce manifiesto.  


Un verso lento cae sobre el pecho desnudo,  

acelera la respiración, despierta el impulso,  

hace que los labios se separen como anuncio,  

mientras la mente se rinde al deseo que se esboza.  


No hace falta la mano ni el peso de un cuerpo:  

basta una frase pronunciada con el tono adecuado,  

para que los muslos se cierren o se abran,  

y un gemido nazca donde aún no hubo contacto.  


Así el lenguaje se vuelve caricia profunda,  

erotiza la sombra, conmueve la carne,  

y deja al alma temblando de puro éxtasis

sin que la yema de unos dedos haya rozado la piel.

Comentarios

Entradas populares