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viernes, 25 de marzo de 2016

Sugerencias previas a una insólita "incursión".




En la vida de cualquier persona, tienden a darse momentos en los que tenemos la impresión de haber perdido nuestro rumbo (y no sólo me refiero a esos episodios en los que nos sentimos golpeados por una realidad escabrosa e incompasiva que escapa por completo a nuestro control). A veces, en nuestro fuero interno, sentimos como si esa “brújula” de esencia intuitiva que nos orienta a la hora de tomar decisiones, no estuviera del todo bien ajustada. Algo falla y no sabemos a ciencia cierta determinar de qué se trata.


Hay quienes se pierden irremisiblemente al verse en esa tesitura; quienes dan con la clave de sus tribulaciones y consiguen, finalmente, salir de ese trance notablemente fortalecidos; y, como me ha sucedido a mí tras mi llegada a Qarpadia, a quienes el destino reorienta los pasos hacia rutas alternativas en las que no habíamos reparado pero que, a la postre, eran aquellas que necesitábamos seguir.


Mi caso, con todas sus particularidades y al contrario de lo que pudiera parecer, no es el único en ese sentido, aunque; para ser sinceros; no es algo que pueda aplicarse (ni mucho menos) en sentido general. Digo esto porque podría haber quien se sintiera tentado a pensar que la solución a sus particulares derivas personales pasara por encontrar el modo de asentarse en estos mismos parajes que yo voy descubriendo y descubriéndoos.


Para empezar…, no resulta empresa fácil “colarse” en Qarpadia. Las vías de tránsito no es que resulten demasiado conocidas, sean las “usuales”, ni esté a disposición del primero que pretenda hacer uso de ellas. Por si fuera poco, nadie puede presentarse en la “la nación invisible” por mero capricho, sino que, previamente, tendría que haber sido “invitado” y contar con la  preceptiva autorización de las autoridades locales. Cuando esto sucede; pues tampoco se produce de manera excesivamente generalizada; salvo en contadas excepciones, los movimientos de un hipotético viajero foráneo han de verse necesariamente limitados a la región de Ledia (a la que, merced a esta singularidad, también se la denomina como “la zona franca”).


Mas…, no acaban ahí los “desafíos” y peculiaridades que aguardan al eventual visitante. Qarpadia se rige por su propio “tempo”; ni mejor ni peor que otros, simplemente el que han tenido a bien escoger quienes la pueblan; y se atiende con enorme celo a que se mantenga vigente. No se preocupan de otras urgencias que no sean las suyas y no suelen tomarse demasiado bien que un “recién llegado” les apremie con aquellas que pudiera traerse consigo. No me interpretéis mal. No estoy diciendo que se trate de unas gentes hoscas y sombrías. En muchos aspectos se les puede considerar como una sociedad ampliamente versátil y práctica que no muestra reparos en adoptar gustos, usos y formas importadas, siempre, claro está, que les resulten provechosas. A lo que en modo alguno se muestran dispuestos es a ver cuestionado su estilo de vida, y no dudan en “desalojar”, de manera fulminante y expeditiva, a todo aquel que no se muestre dispuesto a aceptar de buen grado sus costumbres. Este modo de actuar no debe de resultarnos demasiado extraño pues, en esencia, no difiere del que se vendría aplicando en cualquier otro estado (sobre todo si tenemos en cuenta la unánime vigencia que planea sobre la figura de la “persona non grata”). Además, todos los ciudadanos de Qarpadia, cuya procedencia quede enmarcada en un ámbito geográfico distinto, se han visto obligados; previamente; a transigir y plegarse a las normas que imperan en este su país de adopción. Esa es la principal causa del rechazo manifiesto con el que se oponen a realizar cualquier tipo de excepción en ese sentido, ya que vendría a constituir un agravio comparativo; bajo su punto de vista; inasumible.


En definitiva, si alguno de vosotros contarais en algún momento con la oportunidad de visitar estos parajes, intentad acudir a vuestra cita con esta realidad alternativa con la mejor de las disposiciones; sin demasiadas ilusiones ni demasiados prejuicios que pudieran nublar vuestra perspectiva.


Nadie os tratará de imponer ninguna pauta de actuación determinada mientras os limitéis a actuar como meros observadores. Ahora bien. Si pretendéis obtener algo más de esa experiencia…, en ese caso, tendría que ser bajo sus condiciones; y eso es algo a lo que no todo el mundo parece estar dispuesto. Creedme. Sólo así seréis capaces de descubrir en verdad todo cuanto Qarpadia es capaz de ofrecer.


2 comentarios:

  1. Muy buena historia, me ha gustado mucho esa claridad con la que hablas.

    Un saludo.

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  2. Nunca he tenido dificultad ninguna para acceder y moverme por Qarpadia,al contrario, siempre me he visto recompensada por ser como soy entre esa gente,compartan o no mi vision y he conseguido aprender de su caracter sintiéndome una mas entre ellos.

    Es increible como nos ofreces tu pensamiento...me encanta leerte, y me dejas siempre con la boca abierta...

    Besines dulces
    A Tus pies

    ResponderEliminar

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