Embajadas

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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Atardeceres de otoño.






Cae la tarde,
con su fulgor mortecino
de broncíneas llamaradas,
sobre un suelo adoquinado
por la hojarasca marchita
entre el anuncio a la helada,
que ya se huele en el aire,
y los últimos destellos
de un sol de fuerzas menguadas.

Es un instante en el día,
un parpadeo en el tiempo,
donde dorados reflejos
hacen su puesta de largo
anticipando los guiños
de los brillantes luceros
que…, recurriendo a su alquimia,
tornarán oro por plata.



martes, 29 de noviembre de 2016

Verdadera independencia.





Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede creer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo tienes que hacer. La existencia no admite representantes.



Jorge Bucay. (Psicodramaturgo, terapeuta y escritor argentino)



domingo, 27 de noviembre de 2016

Rincón panorámico.





En un intento de resarcirme por la pequeña crisis experimentada la pasada semana, hoy me gustaría obsequiaros con un espacio que sea capaz de ofreceros una visión un tanto más nítida. No creo que; sobre este rincón en concreto; nadie se atreva a afirmar que resulta poco luminoso o que no cuenta con una irrebatible amplitud de miras.

Como sus cualidades resultan evidentes; y únicamente quienes sintieran algún tipo de animadversión por los espacios abiertos podrían imputarle algún pero; me voy a limitar a dejároslo aquí para que lo pobléis con vuestra imaginación mientras buscáis cómo sacarle partido a sus inmejorables vistas.


Que disfrutéis todos de una feliz, y despejada, jornada de domingo.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Guardianas de la tierra.





Hoy quisiera realizar una nueva aproximación a lo que suelo referirme como el “panteón qarpadio”. En esta ocasión se trata de un trío de deidades femeninas englobadas en lo que se ha dado en llamar “la triada de la tierra”.  Este grupo de entidades está formado por una madre (Mara Themis) y sus dos hijas (Genis y Potsis). En el imaginario popular, las tres comparten un rasgo distintivo que sirve; además de para acentuar el parentesco que se les atribuye; para poder hacerlas fácilmente identificables dentro de la vasta iconografía mística que se viene desarrollando por estas latitudes. Concretamente, se trata de la abundante cabellera pelirroja (“flamea” si empleamos el término local) que lucen todas ellas y que; únicamente, por tratarse de ese color; ya alberga, en sí mismo, un enorme significado.

Las tres están clasificadas como “entidades neutras”, es decir: sus acciones no persiguen favorecer o perjudicar al ser humano de manera explícita (aunque ambos supuestos tiendan a manifestarse en el tiempo como si estuvieran regidos por una caótica alternancia). Se las considera las garantes del orden natural que debe imperar entre la flora y la fauna terrestres, así como de las influencias telúricas que inciden sobre el ecosistema a su cargo.

Mara Themis es la encargada de velar por el equilibrio que…, se supone, ha de existir entre todos los seres vivos y su entorno. Se le atribuye, también, un claro componente geológico en relación a las fuerzas renovadoras de la corteza terrestre (tales como el vulcanismo y la sismología) por lo que, en ocasiones, se le suele atribuir la responsabilidad de haber provocado acontecimientos de consecuencias catastróficas.




En sus dos hijas recae el correcto mantenimiento de los ciclos naturales que se reparten de manera equitativa y complementaria, quedando determinados sus ámbitos temporales de actuación por los equinoccios.

Genis es la que se ocupa de la regeneración y de establecer las condiciones necesarias para el alumbramiento de nueva vida. Debido a esta circunstancia, está considerada como la “matrona universal” que vela por el buen desarrollo de cualquier proceso de gestación, y hacia ella se suelen elevar las súplicas que van enfocadas en ese sentido. Vinculada a la primavera y el verano, desempeña, así mismo, la función de proporcionar la luz y el calor tan importantes en los procesos de maduración de las plantas.




Potsis, por su parte, tiene la labor de ocuparse de otro tipo de procesos algo más “sombríos”, aunque igualmente necesarios. Asume aquellas funciones que conducen a la inevitable decadencia y marchitamiento de todos los elementos que forman parte de la estructura natural; aunque no por ello se tiende a apreciar en ella un carácter destructivo, sino; muy al contrario; la capacidad de sentar las bases que han de terminar llevando a la siempre necesaria regeneración. Además, antes de extender sobre el mundo su gélido manto, pone todo su empeño en proveer de cuanto es necesario para poder afrontar, debidamente pertrechados, los fríos meses invernales. Tal es así que su figura aparece íntimamente relacionada a celebraciones como la del “acopio” o la “phiga” (así como con todo cuanto tiene que ver, de un modo u otro, con la cosecha).




Podría prodigarme mucho más en mi descripción, pero tampoco quiero saturaros con demasiados detalles acerca de estos seres de la “mitología qarpadia”. Creo que este escueto resumen ya habrá sido suficiente para despertar vuestra curiosidad o…, por el contrario, sacar a relucir mis grandes  dotes para causar en vosotros un profundo aburrimiento.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Gris.






Ya se aprestan nuestros días
a solaparse a las noches
dibujando a carboncillo
las estampas cotidianas.
Ya nos movemos veloces
entre calles monocordes
enfundados en abrigos
que atemperen nuestra marcha.

Ya no fluyen los colores
a esas miradas hambrientas
de horizontes luminosos
donde extasiar los sentidos. 
Y…, entre brumas y añoranzas,
hay quienes sacan partido
a esos poemas de escarcha
que son obsequio del frío.

En los cristales, palabras
de un amor reconocido.
Bajo empapados paraguas,
fugaces besos furtivos.
De los labios amorosos
un vaporoso “te quiero”
y, entre sábanas heladas,
tus pies implorando auxilio.

Tardes enteras de abrazo
en oportunos cubiles
diseñados siempre al gusto
de quienes van a ocuparlos.
El crepitar de una hoguera
y el olor a chocolate,
mientras afuera, en el mundo,
el cielo se desmigaja.



martes, 22 de noviembre de 2016

Carismas.






El carisma no se compra. Se construye.




Luis Tejedor. (Psicólogo, pick up artist y escritor español)




domingo, 20 de noviembre de 2016

Rincón resaca.





Siempre acabo igual. Me digo a mi mismo que no voy a excederme; que en el trascurso de mis salidas nocturnas no voy a rebasar un determinado número copas. Pero, al final, siempre se produce el mismo desenlace.

La verdad es que la ocasión lo merecía y, en determinadas circunstancias, se ha de transigir un poco en favor de una cierta “liberalidad” que ayude a mitigar una parte de nuestras tensiones. Todo eso está muy bien. Pero es que…, al día siguiente, el precio que se ha de abonarse por ese breve periodo de “desconexión” cada vez se me antoja más abusivo.

Nada puede hacerse ya en ese sentido y…, como se suele decir, “que me quiten lo bailao”. Tan solo os quiero pedir que evitéis en lo posible los ruidos y estridencias si es que tenéis pensado hacerme hoy una visita. Y…, por cierto. Disculpad el desorden imperante y el penoso estado de mi alojamiento (así como el hecho de que no me levante para saludaros).

Que disfrutéis todos de una feliz y “despejada” jornada de domingo.




sábado, 19 de noviembre de 2016

Sexenio.





Ufff…, seis años ya dándoos la tabarra con mis desvaríos. Parece mentira que, a día de hoy, continuéis aguantando las insufribles peroratas que gusta de lanzaros este insulso cronista. Pues bien. Mucho me temo que; a pesar de mis escasas dotes narrativas; vais a tener que seguir soportando mis “disertaciones” (pues de alguna forma he de dar salida a mi incontenible verborrea, no fuese que terminara por estallarme la cabeza debido a una excesiva acumulación de palabras).

Esto que acabo de apuntar obedece a toda una serie de circunstancias en las que mi natural inclinación por el “sermoneo” constituye, tan solo, la punta de iceberg. Lo cierto es que, desde hace ya algún tiempo, tengo muchas cosas que contaros. Es mucha más la información que recibo que la que soy capaz de trasmitir y, esa divergencia, me obliga a dejar en el tintero no pocas cuestiones.




Ya habréis notado que, últimamente, no es que me prodigue demasiado (nada en realidad) a la hora de responder a vuestros comentarios. Este es un hecho que me causa bastante pesar, pues sé del empeño y el tiempo que le dedicáis quienes os tomáis la molestia de expresar aquí vuestro parecer. Mas… he tenido que enfrentarme a una difícil coyuntura y decidir si debía anteponer el derecho legítimo que tiene a recibir una contestación todo aquel que decide participar activamente en cualquier tipo de iniciativa o, por el contrario, decantarme por la opción de obrar en consonancia al interés general de todos cuantos esperáis encontrar aquí un reflejo, más o menos constante, de mis andanzas y reflexiones. Habida cuenta que desatender a los segundos sería estar privando también a los primeros de uno de los motivos (tal vez el más importante) que les impulsa a asomarse a esta “atípica ventana”, he tomado la decisión de centrarme, únicamente, en la faceta más divulgativa, aparcando (al menos por el momento) esa otra de índole más cercana.

En otro orden de cosas, no quisiera dejar pasar esta ocasión para agradeceros, a todos y cada uno de vosotros, las constantes visitas con las que honráis  y contribuís a ir haciendo este sitio un poquito más grande a cada día que pasa. Como ya he dicho, me gustaría ser capaz de corresponder a esa deferencia que mostráis ofreciéndoos mucho más. No es la falta de ideas lo que me impide dotar de un mayor contenido a estos “parajes”, pero el tiempo de que dispongo es el que es y no puedo por más que doblegarme a sus tiránicos dictados.




Como fuere, os invito a todos a que celebréis, a vuestra manera, este sexto aniversario (que, en gran medida, es merito vuestro) y a que tengáis un poquito presente todo cuanto se cuece en esta “ciudad” cuando estéis disfrutando de los gozos que os pudiera tener reservado este fin de semana en concreto.

Yo prometo brindar por todos vosotros en alguno de los muchos espacios, tranquilos y acogedores, con los que tengo la fortuna de contar y…, al mismo tiempo, rogar a las deidades qarpadias que me sea posible disponer del placer de vuestra compañía durante muchos, muchos, años más.




Muchísimas gracias y fuerte abrazo, de todo corazón, para todos.




viernes, 18 de noviembre de 2016

Hace falta valor.





Creo que no estaría yendo demasiado desencaminado si me atreviera a afirmar que no existe ningún lugar en el mundo que no cuente, independientemente del motivo, con algún tipo de “enclave” emblemático. El origen y la esencia de esos “puntos de referencia” resultan, sin duda, muy diversos, así como su alcance, importancia e influjo.




Aprovechando que durante todo este año se está celebrando el doscientos cincuenta aniversario de su inauguración, me gustaría dedicar algo de tiempo a describiros uno de esos lugares. En concreto, este al que pretendo referirme, es ya toda una institución dentro de los lindes qarpadios, e incluso; si me apuráis; en determinados círculos que trascienden su fronteras. Se trata de un local (aunque aplicarle dicho término sería quedarse bastante cortos y…, tal vez, lo más adecuado sería referirse a él como una suerte de “complejo de entretenimiento”) al que, en su momento, se le otorgo el nombre de “Taimus” (algo así como: “exquisito”).




El Taimus fue, en origen, un espacioso y elegante pabellón de recreo que formaba parte de un proyecto constructivo mucho más amplio conocido como la “Aphiqa” (literalmente: “la hacienda”). A mediados del siglo XVIII, se propuso construir al sur de los límites de la antigua Qarpatia un recinto donde poder realizar aquellas “actividades de placer” tan del gusto de sus pobladores y el lugar escogido a tal efecto fue una zona; por aquel entonces, semi-pantanosa; situada en el curso bajo del río Návalon. Fue el 21 de junio de 1766 cuando se tiene constancia de su uso por vez primera durante un baile de máscaras que congregó a un nutrido grupo de asistentes y que; si hemos de hacer caso a las crónicas; hubo de resultar bastante “subido de tono” de intentar contextualizarlo bajo el prisma mayoritariamente imperante a nivel global..




Durante sus primeros años de actividad, no puede decirse que aquel emplazamiento hubiera de ser considerado como un constante foco de eventos o celebraciones más o menos bulliciosas. Tampoco es que su ámbito de influencia fuera mucho más allá del entorno geográfico próximo a la península mídiqa. Pero, hacia 1785, comenzamos a tener noticias de una mayor afluencia de visitantes; motivada, en parte, por el aumento de la oferta que brindaba y la mejora y ampliación de algunas de sus instalaciones. Aquel complejo pasó a convertirse en lugar de residencia temporal para muchos de los que, en Qarpadia, buscaban un cambio de aires; atraídos, sin duda, no sólo por el ambiente festivo y un tanto “disipado” que proporcionaba, sino, también, por la amplia dotación y excelencia de los servicios que prestaba (desde una heterogénea oferta gastronómica; pasando por tratamientos termales y de reposo, actividades deportivas, una nutrida amalgama de propuestas de índole cultural y… así, hasta completar un vasto catálogo de “mecanismos” de descanso y/o esparcimiento.




Tan elevada fue la demanda que generaron dichas “prestaciones” que se hizo necesario ampliar nuevamente las infraestructuras destinadas al alojamiento de los huéspedes, así como aquellas otras en las que se aposentaba el personal de servicio con el que se hacía necesario contar de manera permanente (más de 500 personas hacia 1811 y casi el doble hacia 1834).




Ese éxito, en apariencia incontestable, supuso el inicio de un progresivo declive para aquel espacio que ya había adquirido unas dimensiones más que considerables. A su alrededor se había hecho necesario erigir toda una seré de edificios auxiliares (talleres, almacenes, etc...) con el fin de poder mantener abastecido y en perfecto estado todo el complejo. Por otra parte, el “efecto llamada” que había suscitado la amplia actividad que se desarrollaba en aquel entorno, trajo consigo un aumento cada vez más visible de residencias particulares en aquella misma zona, lo que…; si bien contribuyó a una mejora sustancial de la red viaria  y de comunicaciones en general; supuso, a un tiempo, la pérdida de aquel relativo aislamiento que era posible disfrutar en el espacio original y que constituía uno de los mayores atractivos para sus visitantes. A punto de concluir el siglo XIX, en la Aphiqa; ya un tanto deteriorada por aquel entonces; apenas se desarrollaba alguna que otra actividad “residual”. Pero…, en ese preciso instante, vino a suceder algo que trasformaría de manera drástica todo aquel área y que, a la postre; tras conseguir adaptarse a las nuevas circunstancias; iba a ofrecerle al Taimus una segunda oportunidad.




Coincidiendo con el cambio de centuria, el aumento demográfico y la presión urbanística provocaron que los límites de la ciudad de Qarpatia se fueran ampliando (afortunada coincidencia) siguiendo precisamente el eje que describía el curso del Návalon hasta su desembocadura. De la paulatina metamorfosis que fue experimentando el paisaje ribereño se vio afectada, también, la amplia superficie que había ocupado “la hacienda” durante sus años dorados. Sus antiguos límites fueron progresivamente invadidos y muchas de sus estructuras terminaron siendo demolidas para facilitar una rápida transición hacia un ordenamiento más urbano. Pese a todo, el Taimus propiamente dicho consiguió sobrevivir y… no sólo eso. Gracias al acertado criterio de las autoridades administrativas de aquel momento, consiguió hacerse un hueco; a principios del siglo XX; como referente cultural de una urbe en plena expansión. Así ha continuado siendo hasta nuestros días en donde; tras sucesivas remodelaciones; a terminado adquiriendo el aspecto y los usos con los que cuenta en la actualidad.




Es a este punto a donde yo quería llegar a través de esta dilatada introducción: ¿en qué se ha acabado convirtiendo el Taimus contemporáneo? Pues bien. Lo que más me llamó la atención la primera vez que tuve la oportunidad de visitarlo no fueron ni su arquitectura ni la suntuosidad de tan exclusivo decorado, sino, más bien, la frenética actividad que se viene desarrollando en su interior. Independientemente de cuál sea el momento del día, funciona como si se tratara de un microcosmos donde siempre estuviera sucediendo algo y donde el continuo ir y venir de personas convierte a este espacio en una constante fuente de estímulos un tanto “mareante”; y hasta incluso abrumadora para quienes no estén habituados.




Estructuralmente; aunque se haya intentado respetar una gran parte de sus elementos originales; la distribución ha tenido que adaptarse a su ubicación en un entorno mucho más compacto que aquel otro para el que había sido diseñada. Puertas adentro, resulta un tanto laberíntico; caótico en apariencia; con el fin de sacarle todo el partido posible. Aunque no se trate de una edificación excesivamente grande, los sucesivos anexos y añadidos a su planta original obligan al visitante accidental a no recorrer sus estancias demasiado despreocupadamente si no quiere terminar perdiéndose (aunque, en ocasiones, esto último pudiera suponer un acicate).




Si nos dejamos caer por allí, tendremos la oportunidad de concurrir a conferencias y presentaciones de lo más “variopintas”, de degustar alguno de los platos más exquisitos del mundo en el interior de los afamados restaurantes que alberga y…, cómo no, de asistir a alguna de sus míticas fiestas (de las que se dice que haría sonrojar a las mismísimas bacantes y que parecen solaparse, una tras otra, de manera ininterrumpida).




Erotismo, desenfreno y voluptuosidad desmedida para este entorno concebido como un templo en el cual rendirse a los placeres mundanos, donde casi cualquier cosa es posible y donde las más libidinosas ensoñaciones se jactan de abandonar el reino de lo onírico merced a unos cuerpos que, gustosamente, vienen a ofrecerse como extasiados huéspedes.




Suelen decir los qarpadios que: “el Taimus nunca duerme”, y así es en verdad. Sabiendo esto, no os resultará nada complicado haceros una idea, bastante aproximada, de cómo será el cariz de los acontecimientos que tendrán lugar en su seno durante la noche de mañana; habida cuenta de que ese será el momento preciso en que esta ciudad estará celebrando el aniversario de su fundación.




A mí, este tipo de eventos, me pillan un tanto desentrenado, y creo que voy a optar por un destino algo más tranquilo y alejado de las aglomeraciones (aunque, eso sí, sin prescindir de una buena compañía).






miércoles, 16 de noviembre de 2016

Iconos.





Hay iconos que atestiguan,
que representan y asombran.
Hay otros que nos confunden,
que nos enfrentan o asustan.

Pero hay otros más extraños
que, sin motivo aparente,
se empeñan en perseguirnos
por donde quiera que vamos.

Nos eligen a capricho
por razones misteriosas,
desvelándonos, de paso,
sus más secretos sentidos.

A nadie más le consienten
conocer los entramados
que por azar; o a sabiendas;
ante nosotros exponen.



martes, 15 de noviembre de 2016

Resiliencias.






El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino encontrar el placer en el esfuerzo.


André Gide. (Escritor francés)



domingo, 13 de noviembre de 2016

Rincón contemporáneo.





No resulta demasiado complicado dilucidar que toda tendencia es un signo de los tiempos que nos ha tocado en suerte vivir. Podemos estar más o menos cómodos en esa “suerte”; aceptar o disentir del trasfondo que esconde. Pero, nos guste o no, nunca vamos a ser capaces de obviar la realidad. Da igual lo tozudos que pudiéramos llegar a mostrarnos…, ella siempre se las va a arreglar para serlo un poco más.

No obstante, cada uno es como es, y eso es algo que tampoco admite discusión. Por lo tanto; tal y como le sucede a este rincón; la opción más sensata pasa por saber aprovechar aquellos recursos con los que contamos en cada momento para aproximarnos todo lo posible a nuestras mentas, sin renunciar a nuestra esencia pero sin llegar a enajenarnos del presente.

Que disfrutéis todos de una feliz, y “actualizada”, jornada de domingo.



viernes, 11 de noviembre de 2016

La autoestopista.





Esta semana en mi sección de crónicas no voy a explayarme en exceso. Únicamente me limitaré a plantear una pregunta para ver si vosotros hubierais tomado la misma decisión que yo ya he tomado.

¿Qué haríais en el caso de encontraros con una damisela necesitada de trasporte y tan limitada de abrigo en estos días de súbita frialdad? ¿Os mostraríais acaso insensibles a sus padecimientos?




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