Restricción o provecho.

 


Está claro que no todos compartimos los mismos puntos de vista, ni tenemos los mismos gustos, ni aspiramos a alcanzar las mismas metas. Tampoco es que nos asemejemos demasiado en lo que respecta a nuestros odios, traumas o manías adquiridas.

En lo que sí solemos coincidir es en no estar demasiado dispuestos a desechar alegremente nuestros objetivos y, por eso, en ciertas ocasiones, nos cuesta tanto entender algunos de los comportamientos que otros parecen disfrutar y que, para nosotros, supondría una renuncia intolerable.

Al hacerlo, no obstante, estamos presuponiendo que los demás tendrían que compartir nuestros mismos objetivos (lo que ya ha quedado claro que es un error de principiante). Pero ahí no acaba la cosa.

¿Nunca os a pasado que, lo que en un principio podría presentarse como un fastidioso e insalvable inconveniente, cuando abandonamos la tan insufrible "literalidad", puede llegar a convertirse en una ventana abierta a nuevos, insospechados y... ¿por qué  no decirlo? atrayentes horizontes. Tal vez,  eso mismo, es lo que han tendido a bien implementar aquellos a los que, a veces, con tanto encono criticamos.

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