Desapercibidos.

 


No hay mensaje que difundir

ni ingeniosas moralejas

que adherir a la vehemencia

con que expresamos sin trampas

el apego que sentimos.


Mientras pasamos de largo,

prácticamente de puntillas,

junto a manidos preceptos

de un pernicioso buenismo;

nos fundimos en el otro

con la resulta esperanza

de sabernos comprendidos.


Afuera se escuchan voces

que pretenden conducirnos

por una senda adornada

con necia palabrería

que en nada nos beneficia;

y entre tanto, gesto a gesto,

construimos el refugio

que será la salvaguarda

de la pureza que alberga

el vínculo que nos une.


Nos hacemos invisibles

a los falsos argumentos,

reservando nuestro estruendo

a una íntima existencia

que los demás no comprenden

porque no aspiran a hacerlo.


Implosionamos dichosos

sobre la masa compacta

que conforma nuestro fondo,

descubriendo trascendencias

ajenas a un populacho

del que estamos alienados

porque pervierte verdades.


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