Anverso y reverso.
En el filo entre el ocaso y el alba
mora eterna una familiar ambivalencia.
Nada es puro, nada se salva
del abrazo de su propio reverso.
Lo que ahora viene a ofrecer consuelo
más adelante puede abrir viejas heridas.
La lluvia que nutre la tierra
también borra el camino a casa;
un silencio puede sugerir calma
o ser tumba para una voz.
Todo sentido espera su momento.
Una misma moneda gira
y muestra ahora la risa, ahora el llanto;
lo que ayer era tormento para el cuerpo
hoy es sustento para el alma.
Las caras se intercambian sin aviso.
El mismo fuego que calienta las manos
reduce a cenizas el bosque;
la puerta que se abre a la luz
cierra a veces el paso al recuerdo.
Todo tiende a oscilar en ambas direcciones.
Así danzan las cosas en el aire:
luz y sombra, don y despojo,
en un vaivén ingobernable.
Y en ese giro inesperado
hallamos, seguramente..., lo que somos.




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