Disposición permanente.


 Con impúdica elegancia,
erguido campa el impulso
de desvelar pretensiones 
y dispensar regalías.

Abandonada al delirio, 
aguardas con estoicismo 
la gozosa zambullida
que complemente un designio
que rehúye disimulos.

Desinhibidos preceptos
se han de plasmar en el lienzo
que ansía verse teñido
por inspirados barnices.

Toda tú, fundamentada,
te conviertes en cimiento
de los etéreos principios
que dirigen los empeños
y conmueven voluntades.

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