Expectativas retenidas.

 


Brotan como una fuente en el pecho,
claras e insistentes,
prometiendo mares que aún no existen.

Si las dejas correr sin freno,
inundan los días,
arrastran la paz,
y ahogan la sencilla verdad del ahora.

Por eso se han de abrazar con manos firmes,
como quien sujeta un vaso lleno hasta el borde:
sin derramar una gota,
sin negar su brillo.

Sólo así
es posible caminar ligeros
sobre la tierra real,
donde el agua que sí llega
basta para vivir.

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