A ciegas.
En la oscuridad del salto,
sin red ni luz que la guíe,
la confianza ciega avanza,
corazón desnudo y fiel.
Ciega y, aún así, convencida,
se arroja al vacío con fe
y en el abismo encuentra sus alas
y una firme realidad que es su sosiego.
Porque amar sin ver el fondo
es el riesgo más valiente,
y a veces..., enfundada en resiliencia,
la elección más honorable.




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